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Reportaje:

'Porro' terapéutico, ¿cura o locura?

España no imitará a Holanda en la venta de marihuana con fines paliativos sin consenso médico

"¿Qué pasa; que los médicos holandeses son más listos que los españoles?", se preguntaba María Dolores Albert, de Barcelona, al enterarse de que, desde esta semana, las farmacias holandesas venden marihuana, la misma hierba que le ayudó a ella, hace un par de años, a soportar las sesiones de quimioterapia para el tratamiento de cáncer de mama. Albert pertenece al grupo Ágata, una organización catalana de mujeres que padecen esta enfermedad y que han encontrado en la maría un remedio para las náuseas, los vómitos y la ansiedad que les produce la quimio. Su lucha es contra el cáncer, pero también contra la "hipocresía" que, aseguran, les impide conseguir la hierba en una farmacia. "Hasta las enfermeras te recomiendan en secreto usarla", asegura.

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Pero España no es Holanda, el país donde la eutanasia es legal y la venta de cannabis está permitida, desde hace ya tiempo, en más de 1.500 coffee shops. El hecho de que el Ministerio de Sanidad de ese país haya aprobado la venta de marihuana en las farmacias ha sido interpretado como un paso más en una sociedad pionera en cuestiones de reforma social, pero también ha sido recibido con cautela en la comunidad científica. Las razones para la mesura las reconocía esta semana el mismo Gobierno holandés al afirmar que aunque los científicos han investigado la eficacia de la marihuana terapéutica a instancias del Gobierno antes de su legalización, no ha habido grandes ensayos clínicos que sustenten sus bondades medicinales. Es decir, la marihuana no cura, pero sí hay indicios de que puede ayudar a mejorar la calidad de vida de algunos pacientes.

"Hay mucha casuística y los enfermos que la usan llevaban años pidiendo la venta legal. Lo que hemos hecho ha sido seguir las normas de Naciones Unidas sobre las drogas. Las mismas exigen la creación de un departamento gubernamental especial que tenga el monopolio y la venta de este tipo de droga", afirma el portavoz holandés de Sanidad, Bas Kouk. La nueva instancia holandesa se llama Oficina para el Hachís Medicinal y ha firmado un contrato con dos cultivadores nacionales que sólo le venden al Gobierno.

El Ministerio de Sanidad holandés calcula que unas 7.000 personas aquejadas de cáncer o sida en sus últimas fases, así como de esclerosis múltiple o el síndrome de Gilles de la Tourette, utilizaban el hachís con fines terapéuticos. Muchos conseguían la droga de forma ilegal o bien acudiendo a los cafés donde está permitido su uso. La Fundación de los Pacientes Necesitados de Marihuana Medicinal, con sede en Rotterdam, era la otra fuente proveedora. Siempre que hubiera receta, llegaban a salir de sus dependencias alrededor de dos kilos a la semana, repartidos entre unos 700 cigarrillos y varios centenares más de bolsitas para infusiones y vaporizadores.

Ahora, estos pacientes pueden conseguir la droga en la farmacia de la esquina, a un costo de 10 euros el gramo, presentando su receta médica. El Gobierno ha acompañado la medida de abundantes consejos, para que nadie crea que ha dado carta blanca al uso de la droga blanda más extendida. Entre estas recomendaciones está que la hierba se consuma en infusiones o por inhalación, para evitar los efectos nocivos que conlleva fumarla. "Las toxinas liberadas al fumar cannabis son las mismas o peores que las del tabaco", advierte el portavoz de Sanidad.

En España todo esto suena a escándalo, pero no sólo por una cuestión cultural, aunque el fantasma de la legalización siempre ronde los debates sobre las bondades curativas del cannabis. "Se está manejando un criterio moral, no científico", asegura Ignacio Peña, director de Arsec, una organización sin ánimo de lucro a través de la cual las mujeres del grupo Ágata consiguen la hierba para tratar sus síntomas.

El delegado del Plan Nacional sobre Drogas, Gonzalo Robles, zanja la polémica con una comparación: "Muchos padres dan a sus hijos jarabes para la tos que contienen codeína [un derivado del opio]; ¿esto quiere decir que debemos vender opio en las farmacias?". Para el Gobierno español, la iniciativa holandesa "se mueve más en el terreno caritativo que terapéutico".

El jefe de la Unidad Técnica de Farmacia del Hospital General de Murcia, José María Alonso, lo explica de otra manera: "Hay que distinguir entre el posible uso terapéutico de la planta y el de alguna molécula concreta. El cannabis tiene numerosos componentes, como el THC, sobre los que hay mucha investigación y muchas esperanzas puestas. Posiblemente, en pocos años, estén disponibles varios medicamentos derivados directamente de la planta, pero no hallaremos panaceas".

Canutos no; píldoras, tal vez. Depende de lo que se logre en el laboratorio. Y en este campo, no es que los holandeses sean más listos, según afirma el jefe de la Sociedad Española de Investigación sobre Cannabinoides (SEIC), Javier Fernández: "Somos punteros en la investigación de estas moléculas, pero aún estamos en una primera fase; nos falta dar el salto a los ensayos clínicos". Los resultados de las investigaciones del SEIC coinciden con otros estudios a nivel mundial que han demostrado que algunos derivados del cannabis pueden ser efectivos en la reducción de la náusea en los tratamientos contra el cáncer; pueden ayudar a sobrellevar el Alzheimer, el parkinson y la esclerosis, y ofrecen buenas perspectivas en tratamientos de glaucoma y en la reducción de tumores.

En este último campo, un equipo del departamento de Bioquímica de la Universidad Complutense de Madrid y del hospital tinerfeño La Laguna inició en marzo de 2002 el primer ensayo clínico aprobado por la Agencia Española del Medicamento para comprobar la eficacia de la marihuana en el tratamiento del gliobastoma multiforme, un tumor cerebral maligno.

"Hay que investigar pero no sobrevalorar el cannabis", afirma el coordinador de la Unidad de Esclerosis Múltiple del Hospital Clínico de San Carlos, Rafael Arroyo. El experto admite que en el campo de la esclerosis los cannabinoides han demostrado eficacia para ayudar a la espasticidad [aumento del tono muscular] de los enfermos. "Son avances positivos, pero lo realmente revolucionario sería que pudiéramos utilizarlo no sólo para aliviar síntomas sino para combatir la enfermedad, y para eso aún falta mucho tiempo".

Un farmacéutico manipula la marihuana medicinal para la venta en Rotterdam.
Un farmacéutico manipula la marihuana medicinal para la venta en Rotterdam.REUTERS

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