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LA CRÓNICA

El reforzado poder del ministro Zaplana

No se necesitaban grandes cualidades proféticas para pronosticar que el ministro Eduardo Zaplana sería uno de los beneficiarios de la sucesión del presidente José María Aznar. Su sentido de la oportunidad, de consuno con una ambición aliñada de fortuna, intrepidez y comedimiento, le había situado donde siempre quiso estar: entre el restringido círculo de parteros consultados para alumbrar al heredero de La Moncloa. No esperaba más, ni tampoco menos, a tenor de su larga hoja de servicios a la causa conservadora, de la que siempre había representado su vertiente más liberal e innovadora. Sus apologistas así lo subrayan estos días, sin que los críticos puedan cuestionar lo que es obvio y está documentado.

Podía considerarse, y de hecho así sucedía entre sus devotos por estos pagos, el que nuestro ex presidente estuviere decantado por un candidato más que por otro, ya fuere por preferencias personales, políticas o de mera oportunidad. Simples futilidades. Él estaría, como todos en el PP, al lado del ganador. Y no como aspirante a futuras y precarias gracias, sino como titular de un patrimonio partidario y electoral -el de la Comunidad Valenciana-, al margen de sus propias aptitudes para gobernar con tino y exprimir su larga experiencia en la vida pública. Y ahí le tenemos, en un puesto -el de portavoz- que ni cortado por uno de sus sastres. Claro que lidiar con el magma mediático conlleva sus riesgos, como demuestra el fracaso de algunos de sus predecesores en esa misma tribuna. Pero no es el caso. A Zaplana le sobran recursos dialécticos y desparpajo, además de sentirse como pez en el agua entre periodistas.

Aunque la escalada no haya acabado, como anticipan sus parciales, la verdad es que esta remontada política carece de precedentes en el País Valenciano desde la transición democrática. Tan sólo cabría equipararla a la de Fernando Abril Martorell, presidente regional de UCD en los primeros años 80 y hombre fuerte de los gobiernos de Adolfo Suárez, por no aludir a su faceta de elemento clave en los asuntos autonómicos de aquel tiempo, algunos de los cuales aún colea, como el encogimiento del Estatuto de Autonomía al que contribuyó decisivamente y el blaverismo, hoy residual, que se sacó de la manga. Confiemos en que, llegada la hora del balance y de las comparaciones, Zaplana pueda presentar otros entorchados menos lacerantes.

Pues bien, consolidada como está la preeminencia nacional del ex molt honorable, parece insoslayable ensayar alguna lectura política en clave valenciana de tal suceso. A este respecto, la pregunta que nos viene a los dedos es si su acrecida agenda en tanto que ministro de Trabajo y Portavoz le permitirá seguir gravitando con la misma intensidad sobre la política valenciana. Gravitación que en modo alguno censuramos, pues no en balde es presidente regional del PP. Lo que sí cuestionamos, por ser una vivencia en el partido, es el efecto castrante sobre la política del Consell, sometida por él mismo y por sus incondicionales a una vigilancia propia del Gran Hermano. En este sentido, y por lo menos hasta las elecciones generales de marzo, no somos optimistas. El zaplanismo seguirá siendo el perejil inevitable de todas las iniciativas de Francisco Camps, que serán observadas con lupa para calibrar su continuismo o heteredoxia a la luz de la política que diseñó el hoy ministro.

Por suerte para el PP, estas tensiones quedarán amortiguadas por las urgencias electorales, sin olvidar la austeridad económica que agobia a la Generalitat. Pero, haberlas, haylas, decimos de las tensiones, lo que autoriza a prever seis meses de gobierno autonómico incapacitado parcialmente para desplegar todas sus capacidades posibles. O sea, que más poder para Zaplana puede traducirse en menos para el Consell, lo que no dejaría de ser un efecto perverso del fasto que comentamos.

Y algunas palabras habrá que decir sobre el ministro de Ciencia y Tecnología, el castellonense Juan Costa. ¿Pero qué decir de alguien que no ha puesto un huevo político en el marco territorial valenciano, si no tenemos por tal su origen y linaje? Su vida pública se ha desarrollado en la capital del reino y es allí donde le pueden valorar con fundamento. Desde el cap i casal visto, es un transeúnte más de los numerosos que nutren las candidaturas indígenas.

PERIODISTAS

Dolores Johnson y Jesús Wollstein son, respectivamente, la nueva subdirectora de Canal 9 y director de Ràdio 9. En la nota oficial de presentación se dice que vienen "avalados por sus brillantes trayectorias profesionales". El papel es muy sufrido. También puede ocurrir que, a pesar de los 40 años largos en el oficio y en este país, me hayan pasado inadvertidas estas dos lumbreras del periodismo. Culpa mía. En todo caso, ahora tienen una oportunidad de oro para demostrar su valía y que el cargo es un premio justo. Por obligación y curiosidad estaremos muy atentos a su gestión, para la que necesitarán los avales que les otorgan.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 7 de septiembre de 2003

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