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VISTO / OÍDO

'Tu es petrus'

Qué personaje más raro. Lloró cuando Fraga posó sobre él la mano, naturalmente diestra; llora al posarla él sobre Rajoy. Parecía que tenía "de plomo la calavera" (Lorca): pero llora. La primera vez, un llanto. Ahora se quita las gafas, pone un pañuelo blanco sobre el ojo derecho y retira la invisible lágrima. Sincera, claro: él mismo había hecho un discurso sentimental, señalando lo histórico del momento. Menos histórico de lo que él cree, porque no es más que la dimisión del jefe de un partido, anunciada hace tiempo, y sin más misterio que el creado por él, el presidente in péctore; el Pedro sobre cuya piedra edificará... Es, sin duda, una carrera fascinante: el primer jefe de Gobierno que sale del Frente de Juventudes y vuelve a él, el primer salmón político que vuelve a morir al lugar donde nació, pero dejando su alevín allí. Nunca había tenido nadie como él el dominio absoluto del país desde Franco. Saltó como un tigre sobre sus cuatro años de mayoría absoluta: capturó, despedazó. Insultó al enemigo como nunca se había hecho, enseñó a sus chicos a insultar, y personas tan discretas como Rajoy o Rato fueron hienas de oposición: no digo otros, como Cascos, porque ese lo lleva en su naturaleza. Se apropió de toda la propaganda del país, y quiso hasta encarcelar a la que no cedía. Una vez cesáreo, lo hizo todo mal, desde la alta sociedad -la boda de su hija, la colocación de su esposa- hasta llevar al país a una guerra insólita, falsa, útil sólo para Sharon; se portó mal con Galicia, no tanto por lo que hizo sino por lo que no hizo -el desprecio, cerrar los ojos-; es cruel con los inmigrantes: amenaza siempre con una política social de restricciones -contratos precarios, restricción de salarios, amenazas sobre farmacias, médicos y pensiones-; embarulló el asunto vasco ampliando la noción de enemigo hasta el punto de dejar caer a Mayor Oreja; fue antipático hasta el exceso. Y, sin embargo, en su séptimo día miró en torno y encontró su propio mundo bien hecho.

Política de Dios, gobierno de Cristo, decía Quevedo; y Pedro es su hijo Mariano Rajoy, que pronuncia su primera oración en loor del maestro. No sé si cuando anunció que se iría lo hizo con la artera defensa de no perder, o con la noble de dejar el país salvado para sus herederos. Tiendo a creer eso último: noble, generoso y falso.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 4 de septiembre de 2003