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FÚTBOL | Segunda jornada de Liga

Engañoso triunfo del Valencia en El Sadar

El equipo de Benítez se encuentra con un gol y lo defiende ante su falta de magia

Alegría por tres días. Los que disfrutó Osasuna de su anecdótico y efímero liderato, el primero en su historia en la Primera División. Y alegría engañosa la del Valencia, que rentabilizó la pobreza de argumentos con que ha entrado en el campeonato; que le valen para solventar un partido de mala manera, pero que resulta insostenible a largo plazo.

El equipo de Benítez, rácano, se encontró con un gol oportunista, cómo no, a balón parado. Sin magia, ni aspiraciones a tenerla, el Valencia tiró de oficio para gestionar el gol de Baraja. Apenas elaboró un par de jugadas y salió de Pamplona con más puntos de los que se merece.

OSASUNA 0 - VALENCIA 1

Osasuna: Sanzol; Izquierdo, Cruchaga, Josetxo, Antonio López; Puñal (Alfredo, m. 55), Pablo García; Rivero (Iván Rosado, m. 60), Valdo, Moha; y Aloisi (Morales, m. 69).

Valencia: Cañizares; Garrido, Marchena, Pellegrino, Carboni; Jorge López, Albelda, Baraja, Vicente (Canobbio, m. 69); Mista (Navarro, m. 78); y Oliveira (Juan Sánchez, m. 73).

Gol: 0-1. M. 49. Vicente saca de esquina, Baraja supera en el salto a Antonio López y su cabezazo atraviesa la raya de gol, con Sanzol dentro.

Árbitro: Rodríguez Santiago. Amonestó a Mista, Albelda, Carboni, Alfredo, Vicente, Izquierdo y Garrido.

Unos 17.000 espectadores en El Sadar.

Se presentó en El Sadar con un fútbol gaseoso, con ímpetu en el comienzo, como obligado por su desliz a las primeras de cambio. Benítez dio la oportunidad de redimirse a los mismos jugadores que empataron el sábado en Mestalla, con la obligada baja de Aimar, el faro del equipo. Por un instante, recordó a aquel Valencia que repetía de memoria las rutinas defensivas de hace un par de años, agobiando al rival, sin dejarle pensar y cerrando todas las salidas del balón.

Pero, ¿de qué le valía recuperar la pelota si no sabía qué hacer con ella? Unos recortes de Mista por aquí, un chut de Oliveira por allá... Sin embargo, nunca fruto de la elaboración, sino de que pasaban por allí y que no tenían otro remedio que la jugada individual. Al Valencia le faltaba un verdadero 9, algo que no tiene arreglo al menos hasta diciembre, y Aimar, un jugador irreemplazable. Eso sí, el 80% del equipo titular lo formaban jugadores que continúan de la campaña pasada.

Osasuna, pasada la fogosidad del equipo anaranjado, cambió de actitud. El grupo de Javier Aguirre sí supo qué hacer con el balón. Lo envió a las bandas y dejó al Valencia con un solo quehacer: apagar los fuegos por la banda derecha. Allí Garrido, en el lateral, ofició como supo de bombero.

Los once osasunistas eran los mismos que ganaron en Albacete, todos ya conocidos del año pasado. Y la rémora que arrastra el equipo navarro ya se sabe: no marca goles. Esta vez, sin embargo, falló antes, en cuanto pisó el área. Agotó toda la primera parte sin crear auténtico peligro. Y el Valencia, al acecho, recurrió a esa innata cualidad que le ha distinguido en los últimos años. Que con poca cosa, agazapado pero concentrado, es capaz de sacar petróleo fuera de casa. Lo extrajo en un saque de esquina donde ni Antonio López ni el portero anduvieron finos.

No por casualidad, fue entonces cuando se ensució el partido. Cuando llegó el rosario de tarjetas, de tiempos muertos, donde en el recuento hubo que contar menos jugadas que faltas. Osasuna recurrió a la estatura del enorme uruguayo Morales y a la rapidez de Iván Rosado. Todo sin éxito. De hecho, el Valencia estuvo más cerca del segundo gol, en una aislada jugada que nació en un corte providencial de Pellegrino en un pase de gol de Pablo García. El Valencia solucionó el partido, con el atenuante de la ausencia de sus dos internacionales argentinos -Ayala tampoco estaba-, pero no resolvió las dudas que todavía siguen flotando en el enrarecido ambiente que domina estos días Mestalla.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 3 de septiembre de 2003