Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Entrevista:Joane Somarriba | Ciclista y tricampeona del Tour | CICLISMO | Nueva gesta del deporte femenino español

"Quiero disfrutar la vida de otra forma"

Joane Somarriba (Sopelana, Vizcaya; 1972) entró ayer en la leyenda del ciclismo al ganar su tercer Tour e igualar a la francesa Jeanni Longo y a la italiana Fabiana Luperini. La española, campeona también dos veces del Giro de Italia, se despidió de La Grande Boucle pese a sus cantos de sirena. Sus principales objetivos en 2004 serán los Juegos Olímpicos de Atenas y el Campeonato del Mundo. Para después se plantea cambiar de vida.

No hay, por ahora, tiempo para la celebración. Joane Somarriba disputará el viernes en Ploue (Francia) una prueba puntuable para la Copa del Mundo. Ayer, el modesto hotel de Deux, con vistas a una gasolinera, fue por la mañana un hervidero de familiares, amigos y políticos llegados desde Vizcaya. Sentada en un escalón, atendió a la prensa. No interrumpió su conversación cuando apareció el lehendakari, Juan José Ibarretxe, a quien saludó afectuosamente después en euskera. Penúltima ayer en la última etapa, Versalles-París, Somarriba fue la reina del podio ante 200 personas con el Arco del Triunfo a lo lejos. Un policía se daba prisa para reabrir el tráfico. Sonó el himno español. Ibarretxe vio la ceremonia, junto a otras personalidades, desde el techo del tráiler de la organización.

"Me despido del Tour. Para 2004 sólo pienso en los Juegos Olímpicos y en los Mundiales"

"Nueve horas en un barco, que se averió; masajes en pleno puerto... Nos trataron como a animales"

Pregunta. En este Tour todo le ha ido rodado.

Respuesta. Sí. Ahora siento una satisfacción inmensa por estar en el club de las tres [campeonas]. Era mi objetivo del año y no sabía si lo iba a lograr. Este invierno fue incluso más movido que los demás. Los patrocinadores no llegaban: enero, febrero..., empezaba la temporada y todavía no teníamos equipo para correr el Tour de mi despedida. Mi objetivo era ganarlo: si no, no lo corro. Casi se me quitan las ganas de seguir luchando. Pero en abril el equipo salió gracias a la Sociedad Duranguesa, la Diputación Vizcaína y otros patrocinadores -una firma de supermercados y una marca de material deportivo-, a los que estoy muy agradecida.

P. Ha tenido a la suiza Nicole Brandly controlada. ¿Esperaba tan poca resistencia?

R. No ha sido una carrera cómoda. Las rivales son fuertes. Un Tour nunca se regala. El primer día hubo una escapada de la rusa Olga Zabelinskaia, que nos sacó seis minutos, y tuve que luchar en cada puerto para restarle tiempo y sacar distancia a otras rivales. Ha sido un sufrimiento. Primero, en Córcega; luego, en los Alpes, mi terreno, donde debía darlo todo.

P. Parece, entonces, que ha sido su Tour más complicado.

R. Sí. Había hecho un Giro bueno, me había preparado bien con mi marido [el ex ciclista Ramontxu González Arrieta] en Navacerrada. En las últimas semanas tenía muy buenas sensaciones. Pero siempre te quedan dudas. Sabía que no podía ir a rueda y escatimar fuerzas. Pero he estado más nerviosa que nunca, con sensaciones extrañas. Quizás, porque mucha gente, tras mis problemas físicos del año pasado, no veía claro que pudiera ganar otra vez.

P. ¿Seguro que ha sido su último Tour?

R. Sí. El próximo año quiero prepararme para Atenas. Es un objetivo que me anima, me da fuerzas y es alcanzable, sobre todo en la contrarreloj; la ruta es más lotería. Lo veo cerca e iré por todas. En Sydney fui la quinta. Llegué muy saturada tras ganar el Giro y el Tour. En 2004 ya no me interesa el Tour. ¿Por qué voy a venir a sufrir? Ésta es la mejor despedida: pasar a la historia.

P. ¿No le gustaría alcanzar el cuarto y ser la mejor?

R. No me gusta que me comparen con nadie. Me marco objetivos para seguir luchando. Atenas es uno grande y ahí está el Mundial [medallista de bronce en 2002], que se me ha resistido. Pero sé que estoy dando mis últimos coletazos en el ciclismo. Llevo muchos años y me pesa la competición, la rutina, lo que hay que cuidarse, los sacrificios, las privaciones, no ir de fiesta, no disfrutar de la familia, de una tertulia, de tumbarse en la playa... Nuestro mundo es diferente al de ellos [los ciclistas]. Corren unos años, se quedan tranquilos y resuelven su futuro. No pasa eso con nosotras: pesan los años y tengo ganas de disfrutar la vida de otra forma. Ya tengo 31, quiero ser madre y todo tiene su edad.

P. Le costará vivir sin la bicicleta...

R. Yo en bici voy a ir toda la vida. No sé muy bien qué haré después de dejarlo. Pero es verdad que lo que te da la competición no te lo da nada. Vivo el ciclismo desde pequeña y lo llevo en la sangre. Es difícil llegar a lo más alto, pero cuando lo consigues te llena enormemente. Te compensa de la tensión acumulada. No es como cuando corres un día, te va de maravilla y es una satisfacción, ¡buaf!, explosiva. En la carrera estás todo el día controlando quién va en la escapada, cuánto tiempo lleva, a cuánto está de mí en la general, si me ataca la rival... La cabeza no para.

P. ¿Qué debe ocurrir para que se reconozcan los éxitos y la dureza del ciclismo femenino?

R. Pues no lo sé. Antes nadie sabía que las chicas corrían el Giro y el Tour y nuestra satisfacción era ganar para que se enteraran. Gracias a mis triunfos está pasando y eso me llena. Pero veo que las que vienen por abajo lo tienen muy difícil. No sé si es por el dopaje o qué está pasando, pero los patrocinadores no apuestan por el ciclismo.

P. Hay gente que dice que, si usted hubiera sido hombre, sería multimillonaria.

R. Je, je, je... Es injusto, pero tampoco puedo estar pensando eso. He visto muchas diferencias de trato con ellos. En los Mundiales, por ejemplo, los hombres van a los buenos hoteles y nosotras a los corrientes. Hace un montón de años, en los de Japón, nos hicieron elegir: "¿Qué queréis: mecánico o masajista?". Es muy injusto que nos digan que somos diferentes a los chicos porque hacemos menos kilómetros. Sus infraestructuras son mucho mejores. En Córcega estuvimos nueve horas en el barco, que se averió, y luego tuvimos dos etapas durísimas a 47 grados. A la vuelta, llegamos a las tres de la madrugada. Y, al día siguiente, etapa en los Alpes. Tuvimos que hacernos los masajes en el puerto, con todo el mundo mirando. Nos trataron como a auténticos animales. Puede parecer un poco bruto, pero lo siento así. Siempre nos han hecho alguna [mala] jugada. Es una falta de respeto: sin nosotras no existiría este circo. Ese día estudiamos hacer un plante y al final nos suprimieron 40 kilómetros.

P. Cuando lo deje, ¿ve a alguien para tomarle su relevo?

R. Creo que suben muy buenas chicas por abajo. Me gustaría que se mimara a la gente. Ahí está Naiara Telletxea. Tiene muy buenas condiciones, muy buena cabeza y los pies en el suelo. Las prisas no llevan a nada. Con 31 años, yo sigo aprendiendo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 18 de agosto de 2003