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Trasplantes: cuando la esperanza falla

Un grupo de investigación de la Universidad de Granada coordina una serie de trabajos para discernir las claves biológicas de los rechazos que se dan en los trasplantes de riñones

La problemática de los trasplantes de órganos no deja de estar de actualidad en España, una potencia en estas lides. Nuestro país, y en particular Andalucía, lidera la donación de órganos por habitante en el ámbito internacional, por delante de otras naciones con más tradición como Estados Unidos, Bélgica o Austria. Aun así, conseguir un órgano adecuado para trasplante no es nada fácil y requiere de toda una organización como la ONT española.

Pero, ¿por qué algunos trasplantados no consiguen adecuarse a su nuevo órgano? ¿Qué mecanismos biológicos y patológicos están detrás del rechazo? ¿Por qué se deteriora con el tiempo la función renal del injerto?

Una vez conseguido un receptor idóneo para el órgano donado; una vez trasladado el órgano en neveras especiales hasta algún sitio lejano; una vez realizada la implantación del injerto, en ocasiones, el cuerpo rechaza al nuevo órgano. A veces, en un periodo breve posterior a la implantación (rechazo agudo), pero sobre todo a largo plazo (conocido como rechazo crónico o nefropatía crónica

del trasplante).

Raimundo García del Moral dirige un grupo de investigación en la Universidad de Granada en el que tratan de descifrar los entresijos biológicos y las lesiones renales que hacen que se produzca el deterioro del injerto. Recientemente, este equipo ha participado en un acuerdo para la investigación entre los hospitales europeos que cuentan con la infraestructura necesaria para realizar trasplantes renales.

Es un proyecto multicéntrico auspiciado por la compañía Merck Sharp & Dohme en el que van a participar 250 pacientes seleccionados de antemano. Entre los centros hospitalarios andaluces, además de Granada, están el Carlos Haya de Málaga y el Reina Sofía de Córdoba.

Mediante un trabajo multidisciplinar, se pretenden conocer los efectos de un fármaco con efecto antihipertensivo (Losartan) en la prevención del daño renal en estos pacientes. Para ello, se han cuantificando las lesiones protocolizadamente sobre una biopsia previa y otra tomada tras dos años de evolución, con la idea de intentar evitar el daño renal y así aumentar la supervivencia del injerto.

Normalmente, cuanto más joven es el donante, menos lesiones tiene el órgano. Pero la media de edad del donante se ha incrementado considerablemente en los últimos tiempos y se sitúa en torno a los 50 años. Francisco Javier O?Valle Ravassa, miembro del grupo de García del Moral y profesor de la Facultad de Medicina de Granada, afirma que "más del 20% de los órganos son de donantes mayores de 65 años".

Con el objeto de optimizar los órganos, averiguar los receptores ideales para cada uno y conocer el estado del riñón antes de su implantación, en el Hospital Universitario San Cecilio de Granada se están valorando las biopsias renales de los injertos utilizando un protocolo morfológico pionero en España. "Con la aplicación de este sistema y el estudio de otros marcadores moleculares de lesión, pretendemos adelantarnos al problema", señala O´Valle.

Dos décadas de descubrimientos

Los orígenes de estas investigaciones se remontan a los años 80. Entonces, y a instancias de profesores como David Aguilar, actual Rector de la Universidad de Granada, y el propio Raimundo García del Moral, se comienzan estos trabajos sobre patología del trasplante renal. ¿Cómo reproducir en el laboratorio los problemas que surgen en el postoperatorio de un trasplante?, se preguntaron. E iniciaron estudios para evitar los mecanismos que inducen toxicidad sobre células renales en cultivo y en modelos animales provocados por algunos fármacos inmunosupresores,

utilizados para evitar el rechazo del injerto.

En los últimos años, se han producido importantes avances gracias a los nuevos medicamentos inmunosupresores, más potentes y con menor toxicidad renal. El rechazo debido a la nefropatía crónica es el más frecuente ahora, mucho más que el agudo, que se detecta a pocos días o meses del

trasplante. Las investigaciones de estos científicos granadinos continúan actualmente con un proyecto en

colaboración con el doctor Oliver del CICYT de Granada, empleando ratas transgénicas para estudiar si algunos genes previamente identificados participan en la necrosis tubular, que se producen en el riñón después de la muerte del donante. El propósito final es identificar este hecho antes de que sea visible en la biopsia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 9 de julio de 2003