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Crónica:

Eto'o pone Mallorca a brindar

La velocidad del delantero y su sociedad mágica con Ibagaza acaban con el Recreativo y dan a su equipo la Copa del Rey

Hay avisos que no valen de nada. Porque el Recreativo estaba avisado. Sabía que el daño del Mallorca se llama un poco Riera, mucho más Ibagaza y especialmente Eto'o. Pero dio igual. De nada sirvieron los candados con los que Lucas Alcaraz trató de apresarlos. Los tres protagonizaron la final. Un poco Riera, mucho más Ibagaza y especialmente Eto'o, autor de dos goles y partícipe en el otro, devoraron al Recre y pusieron Mallorca a brindar. A festejar al fin, a la tercera, una Copa.

La Copa de los pobres tuvo cosas de ricos. Sobre todo, a Eto'o, muy motivado. Hacía unos días que había perdido trágicamente a su compañero de selección Foé y necesitaba, como también pedía su técnico, el sabio Gregorio Manzano, ser el hombre de la final. Y lo fue. Siempre atento, tanto al resbalón del rival como al pase al hueco del compañero, y más rápido que ninguno; de segundo delantero o como atacante principal, fue un quebradero de cabeza para el Recre, que hubo de rendirse.

RECREATIVO 0 - MALLORCA 3

Recreativo: Luque; Merino (Arpón, m. 70), Álex Pereira, Loren, Pernia; Javi García, Viqueira, Camacho, Benítez (Joazinho, m. 77); Raúl Molina y Bermejo (Xisco, m. 41).

Mallorca: Leo Franco; Cortés, Nadal, Niño, Poli; Lozano; Novo, Ibagaza (Marcos, m. 84), Riera; Eto'o (Campano, m. 85) y Pandiani (Carlos, m. 78).

Goles: 0-1. M. 21. Pandiani, de penalti, cometido por Loren sobre Eto'o.

0-2. M. 72. Pase largo de Riera a Eto'o. que supera por velocidad a Loren y marca.

0-3. M. 83. Eto'o recibe el balón de Carlos al borde del área, descoloca a Álex con un amago y lanza un trallazo.

Árbitro: Iturralde González. Amonestó a Loren, Merino, Lozano, Alex, Pandiani y Niño.

Unos 38.000 espectadores llenaron el campo Martínez Valero, de Elche, de los que unos 15.000 fueron del Mallorca y otros tantos del Recreativo. Presidió el partido don Juan Carlos, que entregó el trofeo de campeón a Nadal, el capitán del Mallorca.

También a los detalles de Ibagaza, más que un futbolista un hada madrina. Se arma de su varita y hace magia con cada balón. Y lo mismo le da llevar un rival en la chepa -porque finalmente se trataba de eso, un simple marcaje personal, el secreto mejor guardado de Alcaraz- que unos cuantos saliéndole al paso progresivamente. Y lo mismo le da intervenir mucho que poco, de continuo que a ratos. Cuando el argentino asoma, el fútbol se convierte en palabras mayores. También la final de Copa, que, pese a la modestia de su cartel, creció con Ibagaza en escena.

En el primer gol, por ejemplo. Viqueira se hizo un lío en el círculo central y Eto'o le regaló la pelota a Ibagaza, que se metió en el cuento: dio dos zancaditas de las suyas, levantó la cabeza y envió por el sitio preciso y la rapidez adecuada un pase con todo el olor a ocasión de gol, a trofeo. De los suyos, sólo estaba Pandiani por delante; de los rivales, el cuarteto defensivo y colocado. Con su habilidad de costumbre, Ibagaza supo armonizar la carrera de su compañero con el viaje de la pelota y mandarla por el sitio al que nunca pudieran llegar los enemigos. Pandiani completó bien la jugada. Primero, tirándole el centro a Eto'o, que llegaba a la carrera y fue frenado por las bravas. Y después, dejándose el alma en el lanzamiento del penalti.

El primer gol, relativamente pronto, a los 20 minutos, tiró a la basura todos los planes de Alcaraz. Éste había diseñado un partido de miras defensivas con tres trampas principales: el marcaje de de Bermejo a Ibagaza; el de Diego Camacho a Eto'o, que jugó casi como centrocampista en el primer tiempo, y los malos modos de Merino sobre Riera, que recibió golpes y patadas de todos los colores. Pero su proyecto se murió un poquito cuando, sin que el juego de su equipo lo hubiera buscado, Raúl Molina se encontró de bruces frente a Leo Franco y no marcó. Y se rompió con el 1-0.

Con el marcador en contra, el planteamiento inicial ya no tenía sentido. Así que Alcaraz esperó a que el Mallorca se lo demostrara con unos minutos de excesiva tranquilidad por detrás y unos cuantos sustos por delante y tiró la casa por la ventana. Liberó a Ibagaza del aliento de Bermejo y sacó al campo a Xisco, un delantero vivo y con hambre. El arrebato de valentía de Alcaraz, poco dado a ellos, pero obligado por las circunstancias, cambió el aspecto del partido, que hasta entonces tenía, y no sólo por el gol, un tono rojo balear.

Xisco enseñó los dientes del Recre, que hasta entonces sólo habían aparecido en forma de patadas. Pero Xisco, no; Xisco los enseñó de otro modo, queriendo ganar, anunciándose dispuesto a dejarse el alma y la última gota de sudor por voltear el resultado. Y, de hecho, hizo un gol, pero el árbitro lo anuló al entender que el delantero había hecho falta sobre Poli antes de cabecear a la red. La jugada, no obstante, tuvo su peso en el partido. Se produjo al filo del descanso y arrugó una pizca al Mallorca. También propició que tanto la hinchada del Recre como sus jugadores se agarraran a la vieja teoría de la conspiración y protestaran por todo. Iturralde, en todo caso, no pareció afectado por las presiones.

Al empezar a atacar, el Recre descubrió de pronto que lo que peor hace el Mallorca es defenderse y que sufre, y mucho, por el centro cuando la pelota corre por el suelo. Pero las dudas duraron 20 minutos, los que tardó el Mallorca en quitarse los complejos de encima y recordar que el valor de su fútbol está de mitad de campo hacia adelante. Allí están Ibagaza y su varita, Pandiani y su incansable pelea, Riera y su exquisita pierna zurda: qué pase en el 2-0... Y Eto'o, el gran héroe de la final, un delantero a la altura de los grandes cracks. Es astuto, es hábil y tiene gol, mucho gol. Pero, sobre todo, es rápido, el más rápido, y sabe correr. Y no hay mejor cualidad que ésa en el fútbol de estos días. Y Mallorca lo supo festejar.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 29 de junio de 2003