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El honor perdido de Michel Friedman

A sus 47 años Michel Friedman casi volaba sobre la cresta de la ola de la popularidad. Abogado con despacho en Francfort, afiliado a la democracia cristiana (CDU), en la que llegó a ocupar un puesto en la presidencia e incluso osó desafiar al intocable canciller Helmut Kohl; judío, nieto de Schindler, llegó a vicepresidente de la prestigiosa Comunidad Judía alemana y a recibir grandes cruces y condecoraciones. Hace un par de años aterrizó en la televisión con gran éxito. Sus entrevistas se asemejaban a interrogatorios en los que no dejaba escapatoria al entrevistado. Por ejemplo, no hace mucho, Friedman mantuvo una fuerte polémica y acusó de antisemita al político liberal Jürgen Möllemann, que hace dos semanas se suicidó. Todo le sonreía a Friedman, hasta el día en que los policías que investigaban una red de prostitución de mujeres procedentes del este de Europa identificaron la voz de un tal Paolo Pinkel como la de Friedman: Pinkel, que encargaba los servicios de unas prostitutas, era el apóstol de la moralidad y azote de políticos que denunciaba en la televisión toda clase de corruptelas. Un registro en su bufete y domicilio particular permitió a la policía encontrar "sobres característicos con restos de una sustancia utilizada en ciertos ambientes". En román paladino: papelinas con restos de coca. Relatan las crónicas que Friedman se vino abajo tras bambalinas al concluir su último programa de televisión y desapareció sin dejar huella. Los sabuesos del sensacionalista Bild Zeitung lo han encontrado en Venecia. Al mismo tiempo, ha salido a la luz que unos desalmados ofrecieron a la venta un vídeo que al parecer muestra a Friedman en compañía de prostitutas y unas rayas de coca sobre la mesa. Se dice que el vídeo se lo ofrecieron al difunto Möllemann que se negó a comprarlo. Los programas de Friedman han quedado suspendidos. Su novia, también famosa presentadora de televisión, desapareció en casa de su madre, en el norte de Alemania. Según Bild Zeitung, si se comprueba lo de las prostitutas rompería la relación. El culebrón continúa.-

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 21 de junio de 2003