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Reportaje:TRAGEDIA FERROVIARIA EN ALBACETE

Doce horas de soledad

El jefe de circulación de Chinchilla controla desde una caseta el paso de cien trenes diarios que circulan por vías de muy diferente tecnología

La estación de Chinchilla lleva meses clausurada. El control de los cien trenes que circulan entre Albacete y Alicante o Murcia se efectúa ahora desde una caseta aislada, de unos 50 metros cuadrados. En ella trabaja el jefe de circulación que la noche del martes dio luz verde, según Renfe, al Talgo que se estrelló con un mercancías. Pasa jornadas laborales de hasta 12 horas. Desde allí vigila en solitario tanto los trenes que enlazan Alicante y Albacete por una moderna línea como los que transitan por la de Murcia, que es del siglo XIX y no está electrificada. La del siniestro.

Los trenes que van de Albacete a Alicante pasan como cohetes. Al apeadero donde trabaja el jefe de circulación no tienen acceso los viajeros. Para localizarlo hay que hacer dar un gran rodeo por caminos agrícolas que corren paralelos a la línea del ferrocarril, protegida por vallas. Es de reciente construcción, como todo el tramo Albacete-Chinchilla-La Encina, donde Renfe ha sometido a pruebas el sistema interoperable europeo ERMTS que el Ministerio de Fomento contrató (y no funciona) para la línea del AVE Madrid-Barcelona.

En la caseta hay tres compartimentos, una especie de sala de espera con varios asientos de plástico, los servicios y la sala de operaciones del jefe de circulación. Una mesa, un teléfono, un ordenador y en una de las paredes un panel electrónico con el esquema de las vías del supuesto apeadero.

Las líneas superiores indican las incidencias en la doble vía entre Albacete y Alicante, que dispone de un sistema de bloqueo automático de trenes para emergencias. La que se bifurca por la parte inferior hacia el sur se corresponde con la línea Albacete-Murcia-Cartagena, cuyo estado tecnológico es de los más antiguos de España: línea única para tráficos en los dos sentidos y comunicación telefónica entre estaciones.

Las diferencias entre una línea y otra se hacen ostensibles en el fatídico lugar del choque, muy cerca de su bifurcación. La que se dirige hacia Alicante tiene vallas de protección, curvas muy abiertas y doble electrificación. La que apunta a Murcia, por la que circulaban los trenes siniestrados el martes, está completamente desnuda, como las líneas del oeste americano pero sin tendido telefónico.

"Robaban los cables y Renfe optó por abandonar las líneas telefónicas de postes y sustituirlas por teléfonos móviles, que no siempre funcionan bien. No se escuchan las órdenes de los llamados jefes de estaciones colaterales [estaciones contiguas]", dice un jefe de circulación de la zona. Los responsables de las estaciones son los que llaman para pedir autorización a la salida de un tren. El de Navajuelos solicitó permiso al de Chinchilla para dar paso al mercancías que chocó con el Talgo. El jefe de Chinchilla dio autorización al Talgo por escrito, aunque no están claras las circunstancias de esa autorización. Ambos trenes se estamparon cuando el de viajeros había alcanzado ya los cien kilómetros por hora. Sólo se sabrá la verdad de una parte. Los maquinistas están muertos.

El jefe de estación del puesto de Chinchilla, donde pasa el día solo y a cuatro kilómetros de la población más próxima, tiene una jornada regular de ocho horas, pero muchas veces hace 12 seguidas, por 1.020 euros mensuales. "Somos los peor pagados y los que acabamos en la cárcel", dicen consternados los compañeros de quien ocupaba el turno en la fatídica hora del accidente, 37 años, delegado de CC OO y psicólogo de formación.

La compañía para la que trabaja informó ayer que este trabajador ha dedicado toda su carrera profesional en Renfe a la gestión de la circulación de trenes, en la que llevaba directamente implicado seis años e indirectamente los ocho anteriores. Según Renfe, llevaba trabajando "algo más de seis horas" hasta el momento del accidente.

Procede de la vigésimo séptima promoción del Regimiento de Zapadores Ferroviarios. Entre 1989 y 1997 fue ayudante ferroviario en Almansa. En 1997 comenzó su actividad como factor de circulación, y en 2000 asumió el cargo de jefe en Chinchilla.Renfe sostiene que es un experto en la circulación ferroviaria.

Realizó 16 cursos de formación y de reciclaje. El último, los pasados días 11 y 12 de febrero. Superó un proceso de formación que incluía exámenes, prácticas en el puesto de trabajo y una evaluación posterior. También un examen psicotécnico.

En los más de 200 kilómetros de la línea a Murcia y Cartagena hay dos estaciones tan solitarias como la de Chinchilla: Navajuelos y Minilla. Y hacia Alicante, tres: Alpera, Villas y Minilla. Todas se encuentran alejadas de las poblaciones y atendidas por una sola persona. La de Chinchilla, por ser confluencia de líneas, es una de las pocas donde hay jefe de circulación las 24 horas del día. Incluso por la noche pasan unos 20 trenes de mercancías y otros cuatro de viajeros, a los que han de atender.

A los de la línea buena Albacete-Alicante, para darles las señales de entrada y salida por los dos lados; a los de la mala, para expedir autorizaciones o denegaciones de circulación vía móvil con las estaciones colaterales o, por escrito y en persona, a los propios maquinistas que paran en la estación. En esta línea lo único que está automatizado es el cambio de agujas, que el jefe de circulación de Chinchilla acciona desde el ordenador. También puede activar telemáticamente los motores eléctricos que cambian las señales de la línea buena (el control de su circulación es automático) en casos de emergencia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 5 de junio de 2003