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VISTO / OÍDO

Americanización

La globalización es una americanización. No me importa, a la larga: quiero decir, post mórtem, cuando ya no existamos Bush ni yo (él se irá antes: aguanto esperando). Los imperios han dejado buenas cosas en esta patria siempre invadida. Lo que agradezco a moros, judíos y romanos, y a los olvidados godos, es mucho; más que a los católicos reyes, a los que sólo debo fastidios y reniegos. Les debo a los americanos (contando a los latinos bajo su férula, con el inquietante Lula da Silva, y con su influencia que penetra incluso en Cuba y cumple con el "América para los americanos", de Monroe) haber amparado la civilización europea cuando se desmoronó para siempre bajo Hitler y sus guardaespaldas de España y de Italia, haber creado un sincretismo musical y literario con quienes llegaron; difundir los derechos del hombre y la declaración de independencia y la carta fundacional de las Naciones Unidas.

Nunca cumplieron ningún texto, pero su difusión nos alcanzó: y siento que hayan caído en un retroceso llamado "nueva era" por el increíble personaje que se llama Bush, auxiliado por unos cuantos petroleros tejanos. Mala gente. Veo a Bush evolucionar por Leningrado, también en retroceso hasta llamarse San Petersburgo y meter popes entre oros y terciopelos en el Palacio de Invierno, que tomamos nosotros (yo mismo, antes de nacer), y él es el nuevo zar; de todas las naciones; y corre por ellas, buscando el apoyo que la "vieja Europa", como dijo uno de sus guardaespaldas, le regatea. Claro que en Cracovia le van a querer: y lo pagará. Y llega a Evian para globalizar / americanizar más: y apenas Putin le discute: le necesita. Sólo Francia, porque es una tradición: la de De Gaulle. Propone Chirac un mundo multipolarizado: va listo. Ya no quieren en Estados Unidos ni el camembert; ni el brie. Los manifestantes protestan; infiltran en ellos bastardos saqueadores y les llaman anarquistas, y los guardias no necesitan infiltrados porque son brutales, miradlos, aunque no podréis ver las manifestaciones pacíficas. No valen una imagen: no son periodísticas, y además (o sobre todo) no son políticas.

(No sé por qué no fue Aznar a San Petersburgo, a poner los pies en una mesa de laca y marfil; la excusa del duelo no vale para un jefe de Gobierno).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 3 de junio de 2003