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Reportaje:ESCAPADAS

Amantes en la playa de Afrodita

Diversión, arqueología y azules mediterráneos en Chipre

La 'línea verde' que divide el norte turcochipriota del sur grecochipriota se abrió en abril, tras 30 años de incomunicación. La isla de la diosa del amor cobra así nuevos bríos para el turismo.

Por unos instantes, el canto de un muecín y los salmos de monjes ortodoxos reverberan al unísono en Chipre, la isla más oriental del Mediterráneo. Aquí, las iglesias bizantinas y las mezquitas conviven armoniosamente a escasos metros. El olor a olivas y cítricos se diluye entre aromas exóticos de especias orientales, y la flemática vida tradicional de los pueblos permanece impertérrita ante el incesante empuje del ajetreo urbano. Se concilia lo aparentemente irreconciliable: playa con montaña, mar con nieve, arqueología con vida nocturna y, culturalmente, lo griego con lo turco, tras siglos de mestizaje.

Buena parte de la reputación de la isla se remonta hasta hace más de 3.000 años, cuando fue reconocida como el lugar de nacimiento de la diosa Afrodita. Según la leyenda y el célebre cuadro de Botticelli, la divinidad del amor emergió entre la espuma del mar en una playa guijosa del sur de Chipre. A ella siguen acudiendo las parejas de enamorados para disfrutar de la puesta del sol, un enclave conocido como Petra tou Romíou (Piedra de Romios). Su nombre no está relacionado con Afrodita, sino con el monolito adyacente, con el que, se cuenta, el héroe bizantino Diyenís Akritas (más conocido como Romios) destruyó las naves de los invasores sarracenos.

No muy lejos se encuentra Pafos, la antigua capital, que se ha convertido en uno de los principales centros turísticos. Se trata de la ciudad que mejor sintetiza el eclectismo de esta isla mediterránea; un radio de apenas 30 minutos basta para abarcar una playa, un puerto deportivo con bares y restaurantes, un fuerte medieval e importantes yacimientos arqueológicos: los fastuosos mosaicos que cubrían el suelo de tres antiguas villas romanas y una necrópolis subterránea de la era ptolemaica, edificada -según la tradición egipcia- a semejanza de las casas de los muertos allí enterrados.

Península de Akamas

Quienes buscan un lugar de retiro lo encuentran pocos kilómetros más al norte, en los recoletos hoteles de la península de Akamas. Allí, donde Afrodita se enamoró de Adonis, se descubren especies autóctonas de aves, mamíferos y mariposas. En torno al corazón de la isla se extienden los escarpados pagos del macizo de Tróodos, cuyo punto más elevado coquetea con los 2.000 metros sobre el nivel del mar, del que apenas lo separan unos minutos en coche. Entre diciembre y marzo pueden alternar en un día los chiringuitos de playa con las estaciones de esquí.

Los valles y cuencas de este macizo ocultan pequeñas y pintorescas aldeas; la más popular, Platres, antiguo remanso vacacional del rey Farouk de Egipto. Allí, los kafenés o bares populares son lugares de reunión para los aficionados al café griego y al tavli (la versión helena del backgammon). Entre los clientes, en ocasiones se dejan ver los monjes ortodoxos de alguno de los espectaculares monasterios de la zona, como el de Kykkos, encajado entre montañas.

El verano en Chipre también depara agradables sorpresas. Una de ellas son las representaciones nocturnas en el anfiteatro romano de Kourion, próximo a la urbe costera de Lemesós, en cuyo castillo medieval Ricardo Corazón de León desposó a Berenguela de Navarra en 1191. Hasta hace poco conocida como Limassol, esta ciudad es la segunda en importancia tras la actual capital, Lefkosía (antigua Nicosia). Lefkosía, de herencia británica y ambiente cosmopolita, es una joya arquitectónica colonial y su pulso late en Laikí Yitoniá, un barrio con reminiscencias de isla griega con tabernas donde degustar las cocinas libanesa, helena y turca. La ciudad se muestra distinta al cruzar a Lefkosha, la mitad norte y turcochipriota; ajena al turismo, Lefkosha es bulliciosa en su aparente tranquilidad. Gracias a los recientes cambios políticos de la isla, el visitante puede ahora recorrer todas las regiones norteñas y saltar en media hora de los hammams de Lefkosha a la costa de Girne, perderse en las playas de la península de Karpas o explorar la ciudadela fortificada de Gazimagusa.

De vuelta en la parte griega, en Lárnaka abundan los hoteles y lugares de ocio en primera línea de playa, de la que sólo los separan los naranjos y las altivas palmeras de la avenida de Finikóudes. Sin embargo, es la vecina localidad de Ayía Napa la que arrastra a los visitantes en busca de diversión nocturna. Aquí no se descansa ninguno de los 300 días de sol de los que anualmente goza esta isla.

GUÍA PRÁCTICA

Datos básicos - Prefijo: 00 357. - Población: 785.000.

- Moneda: libra chipriota (1,75 euros).

Cómo ir

- Olympic Airways (915 41 99 45) vuela desde Madrid y Barcelona (escala en Atenas), desde 440 euros más tasas.

- Alitalia (913 29 09 04), con escala en Roma, por 415 euros más tasas.

Dormir

- Hotel Ajax (559 00 00). En Lemesós. Habitaciones dobles, entre 70 y 90.

- Ánassa (688 80 00). En Polis (Akamas). Capilla y playa privadas. Estudios de lujo desde 150.

- Hotel Henipa (464 60 22). En Lárnaka. Las dobles, en torno a 90.

- Hotel Napia Star (772 15 40). En Ayía Napa. Las dobles, entre 65 y 90.

- Yiorki (284 40 00). En Lefkosía. Pequeños estudios desde 90.

Comer

- I Mesa Yitoniá (572 29 86). Griva Diyení, 10. Lemesós. Unos 20 euros.
- I Stoa (234 30 30). Diyení Akrita, 28. Lefkosía. Unos 15 euros.
- Iliovasílema (626 41 04). En Pafos.
Especialidad, el pescado. Unos 15.- Psiló Dendro (542 13 50). En Platres. Pescados. Por menos de 20 euros.

Información

- www.cyprustourism.org.

- www.cyprustravel.net.

- www.cyprusvisitor.com.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 24 de mayo de 2003

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