Un enfermo mental mata a cuchilladas a su madre y hiere de gravedad a su padre

El parricida se hizo pasar por fontanero para entrar en el hogar familiar

Nueva muerte violenta en la región, la trigésima en lo que va de año. Un enfermo mental, Roberto S. R., de 34 años, mató ayer de seis puñaladas a su madre, María Dolores R. O., de 58 años, en el domicilio familiar, en el distrito de Salamanca. El esquizofrénico se hizo pasar por fontanero para entrar en el piso, ya que su familia le había echado hace un año y medio por lo violento que se había vuelto, según varios allegados. En su agresión, también hirió de gravedad a su padre, Carlos S. B. de Q., de 66 años, y a su hermana María, de 25. El homicida fue detenido por unos escoltas que vigilaban el piso de un alto cargo de la Administración central que vive en el mismo portal.

Roberto S. llegó sobre la una de la madrugada al domicilio de su familia, en el número 12 de la avenida de Felipe II, cercano al Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid. Según comentó el portero de la finca, Julián Almansa, Roberto iba vestido de ropa de calle, con una cazadora de cuero, y llevaba una bolsa en la mano: "Pensé que iba a hacer como otros días, que sube al piso de sus padres y, como no le abrirían, se marcharía de nuevo". Sin embargo, el plan de Roberto S. era bien distinto.

Roberto se quedó a dormir en el descansillo del ascensor, sin que nadie de su familia le viera. Cuando dieron las nueve de la mañana, se puso un mono negro, unos guantes en las manos y una media en la cabeza para ocultar su rostro. Llamó entonces a la puerta. A esa hora estaban dentro sus padres y su hermana pequeña. Para poder entrar en el piso, se hizo pasar por fontanero.

Entonces se produjo la mortal agresión. Primero hirió a su hermana, a la que apuñaló con un cuchillo de cocina en la mano y en la cara. Después se dirigió hacia su padre, al que pegó un profundo corte en el lado izquierdo del cuello, sin que le llegara a afectar a la vena aorta, según un portavoz de Emergencias 112. El hombre intentó defenderse, pero, dada la corpulencia de su hijo, le fue difícil.

Acto seguido se dirigió hacia su madre, María Dolores R., a la que cogió por el cuello e inmovilizó. Luego, le asestó al menos seis puñaladas en el hemitórax y en el abdomen. En esos instantes, la hermana salió corriendo de la casa, descalza y sangrando por una mano, mientras pedía auxilio a gritos.

Estos chillidos alertaron al portero, que en esos momentos estaba repartiendo los periódicos en el octavo piso, uno más abajo del que se produjo el parricidio. "La chica salió chillando que su hermano estaba matando a su madre", señaló el conserje de la finca.

El vecino del séptimo derecha subió a la carrera al ático al oír los gritos y, al ver la puerta abierta, entró en el piso. Se topó con el enfermo mental mientras acuchillaba a la mujer. "Pero Roberto, ¿qué estás haciendo?", le espetó el vecino. Presa de la furia, el parricida siguió apuñalando a su madre. "Eran puñaladas no muy fuertes, pero muy seguidas. Entonces miró al vecino y le dijo: 'Ven e intenta quitarme el cuchillo si te atreves", explicó Julián Almansa.

Mientras, el portero de la finca había bajado las escaleras para avisar a los dos agentes del Cuerpo Nacional de Policía que vigilan el domicilio de un alto cargo de la Administración central que vive en el inmueble. A los pocos minutos llegó otro policía de proximidad que se hallaba en las cercanías del inmueble.

Los policías redujeron al homicida, eso sí, con gran dificultad, dada la violencia que mostró en todo momento, según fuentes policiales. Tras reducirlo, fue conducido en un coche patrulla a la comisaría del distrito de Salamanca. En un bolsillo le encontraron un billete de tren para ayer. Su destino era Alicante.

Al lugar acudieron una UVI móvil del Summa. Los facultativos hallaron a María Dolores R. caída en medio de un gran charco de sangre. Aún estaba con vida, pero a los pocos instantes entró en shock hipobolémico y en parada cardiorrespiratoria, debido a la gran cantidad de sangre que había perdido. Los facultativos intentaron reanimarla durante más de media hora, pero todos los intentos resultaron inútiles.

Luego auxiliaron al marido, que fue entubado y trasladado junto a su hija a las urgencias del hospital Gregorio Marañón. El pronóstico del primero era grave, aunque no se temía por su vida, salvo complicaciones. María S. sufría cortes en una mano y en la cara, según un portavoz del Servicio de Emergencias 112.

Con problemas desde joven

El portero de la finca y la empleada de hogar de la familia señalaron que Roberto S. tenía problemas mentales desde hacía tiempo. De hecho, fue intervenido por esta causa a los 18 años. Desde entonces ha estado en tratamiento psiquiátrico.

Una agresión motivó que su familia le echara de casa hace un año y medio. "Tuvo que abandonar su casa y marcharse a vivir a un apartamento que tenía su padre en la calle de Meléndez Valdés [Chamberí]. Sólo tenía llave del portal de la familia para traer la ropa sucia y recoger el talón que le daban sus padres para mantenerse", señaló el conserje.

La fallecida era procuradora judicial y su marido es abogado. Parte del ático estaba dedicada al despacho profesional y el resto, a vivienda familiar. Roberto, el mayor de tres hermanos, estudiaba la carrera de Derecho. "Menos mal que no estaba en casa cuando ha pasado todo, porque me habría tocado todo", sollozaba la criada, que lleva trabajando para la familia más de 18 años.

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 28 de marzo de 2003.

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