Crónica:FÚTBOL | 27ª jornada de LigaCrónica
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Goles son amores

Riquelme, solemne, dirige la goleada del Barça ante un Racing manso

Goles son amores, y más en el Barcelona de Antic, al que le faltaba un marcador de impacto en la Liga para reforzar un currículo abrillantado por la imbatibilidad y, al mismo tiempo, cuestionado por el fútbol. Jugó ayer el Barça de manera explosiva, de manera que pareció tan incontenible cuando atacaba como vulnerable a la que se defendía, falto de parada y sosiego, nada extraño en cualquier caso en un club tan volcánico, peleado con el entretiempo. Más que fútbol, que lo hubo, se vieron grandes futbolistas y muchos goles, a cada cual más bonito.

Riquelme estuvo sensacional, así como Saviola, y también Puyol, por no hablar de la efectividad de Overmars o del tanto que marcó Kluivert. El Barcelona tuvo a un jugador desequilibrante por línea y el Racing salió escaldado. A Piterman le vino grande el Camp Nou para suerte del Barcelona, que necesitaba de un rival como el Racing para poder aletear en la ciénaga de la Liga en la que se ha metido, incapaz de discernir a veces si compite por atrapar a los de delante o para huir de los de detrás.

BARCELONA 6 - RACING 1

Barcelona: Bonano; Gabri (Gerard, m.45), Puyol, Frank de Boer, Reiziger; Overmars, Mendieta, Xavi (Rochemack, m.78), Riquelme; Saviola y Kluivert (Nano, m. 75).

Racing:

Lemmens; Coromina, Moratón, Juanma, Neru; Diego Mateo (Edu Aguilar, m.85); Sarabia (Morán, m.61), Benayoun, Javi Guerrero, Regueiro; y Diego Alonso (Matabuena, m. 85).

Goles: 1-0. 54s. Riquelme habilita a Kluivert, que bate a Lemmens. 2-0. M. 7. Saviola abre para Riquelme, que remata junto al poste. 3-0. M. 29. Centro de Reiziger que controla Kluivert con el muslo para rematar de volea con la zurda. 3-1. M.47. Javi Guerrero envía a la escuadra. 4-1. M. 80. Overmars aprovecha un servicio de Saviola. 5-1. M 80. Overmars, tras una asistencia de Riquelme. 6-1. M. 89. Penalti de Neru a Saviola que transforma Mendieta.

Árbitro:Carmona Méndez. Mostró la tarjeta amarilla a Gabri. Neru, Puyol y Neru.

Camp Nou: 68.351 espectadores.

Riquelme habilitó y se complementó a la perfección con los tres delanteros

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Responsabilizar al amo del club cántabro de la goleada sería tan ventajista como eximirle de culpa. Ocurrió que Piterman puso al Racing a jugarle al Barça sin miramientos, como si nada le estuviera vetado, y quedó malparado. No es que su equipo se portara mal sino que quedó expuesto en medio de la autopista, sorprendentemente dispuesto a cruzar su velocidad con la del rival, sin atender a la desigualdad del duelo, tal que fuera un turismo que acude de frente al encuentro de un camión.

El choque no duró ni un minuto, para suerte de un Barcelona que necesita embalarse para sentire cómodo, y a la media hora ya no había litigo sino que el partido quedó a merced de otros asuntos como la inevitable rueda de cambios o la perseverancia de la gente por recordar su desacuerdo con la guerra, cosa que no está nada mal en un club que ha perdido carga simbólica, tanta que de la transgresión ha pasado a la contención.

En cualquier caso, el Barcelona encontró en Riquelme el punto de encuentro entre una y otra mitad, entre la productividad y la esterilidad. Pese a arrancar desde la zona izquierda en un equipo falto de zurdos, el argentino cuajó un partido solemne. Tuvo jerarquía, gobierno de la contienda, un sentido único del juego y marcó un gol precioso, muy acorde con su manera de ser, lleno de suspense, digno del mejor paladar. La laxitud defensiva del Racing, y la propia falta de entidad del rival, rebajaran seguramente su actuación. Nadie, sin embargo, le podrá regatear un elogio por su fidelidad a la pelota y al juego y también por su interés en acomodarse a un equipo al que más que la circulación le interesa la velocidad del balón.

El ir y venir del partido, con ocasiones en una y otra portería, demandaba un futbolista como Riquelme, capaz de dibujar la jugada que merecía ser rematada, único en diferenciar el toque decisivo del de acompañamiento, especialista en habilitar al delantero. Los tres delanteros le entendieron ayer por igual de tan bien como jugó Riquelme, y en especial Saviola, que le complementó de maravilla. Frente a la calma que desprende Riquelme, Saviola agitó el encuentro. El pibito corrió con tino y agresividad y barrió el campo propio con la misma eficacia que el área contraria, como queda dicho en el segundo gol, disuasorio y decisivo.

El Racing procuró jugar a la misma velocidad que el Barcelona y le echaron de la carretera. Le falta un conductor y, sobre todo, no tiene pegada, y menos puntería, y si no que lo cuente Javi Guerrero, que marró hasta tres remates solo ante el meta antes de meter un tanto precioso. El equipo de Piterman llegó tantas veces como el azulgrana al marco rival; tocó y bien como el azulgrana, pero no supo armar el último pase ni encontrar los tres palos. Frente a la efectividad azulgrana, el Racing fue un equipo muy cándido, manso, vendido por su defensa adelantada, resignado, superado por un rival al que el encuentro le salió a pedir de boca, tranquilizado desde el arranque.

Jugaba el Barcelona con Van Gaal a lo ancho del campo y ahora con Antic lo hace a lo largo, y ahí está la diferencia y el por qué de su vitalidad y juego directo. El Racing quiso ir al intercambio de golpes y lo pagó caro porque estuvo demasiado tiempo en babia en las dos áreas para combatir la vertiginosidad barcelonista. Y a la que acertó, cuando se puso 3-1, lo único que consiguió es que despertara el Barça, con Overmars convertido en goleador. Lo nunca visto. Al Barcelona ayer le salió todo.

Kluivert se abraza a Riquelme tras uno de los goles.
Kluivert se abraza a Riquelme tras uno de los goles.VICENS GIMÉNEZ

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 23 de marzo de 2003.

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