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Entrevista:Kevin Spacey | Actor

"Nací para dirigir el Old Vic"

Los Ángeles
El actor estadounidense Kevin Spacey, de 43 años, poseedor de dos oscars y devoto anglófilo, desvela sus ambiciosos planes para el famoso teatro Old Vic de Londres, del que será director artístico en 2004.

Si hay alguien destinado desde su nacimiento a tomar el control creativo del Old Vic, Kevin Spacey (South Orange, Nueva Jersey 1959) cree que él es ese hombre. "Para mí, esto es algo extraordinario. Siento que todo lo que he hecho en mi vida me ha estado conduciendo hasta aquí", afirma en voz baja. "Esto es lo que quería hacer". Irradia un entusiasmo apasionado mezclado con una especie de alegría sobrecogida al contemplar su cometido cuando se convierta en el director artístico del atribulado teatro en otoño del próximo año; pero antes, tiene muchas tareas por hacer. "Tenemos un año y medio que dedicaremos a recaudar fondos, contratar personal, escoger a los directores que queremos, elegir las obras y formar una compañía alrededor de ellas", declara. "Representaremos nuevas obras, viejas obras, Shakespeare. . . y daremos algunas sorpresas. Cuando se mira la historia del teatro británico, se ve que parte de las grandes obras surgieron de la ira ante las políticas que tanto la realeza, el Parlamento o la señora Thatcher estaban llevando a cabo. Eche la vista atrás y mire algunas de las obras de Trevor Griffiths o Barrie Keeffe. ¿Dónde están esos escritores? ¿Dónde están sus voces? Vamos a encontrarlos porque sé que están ahí fuera".

"Representaremos nuevas obras, viejas obras, Shakespeare... y daremos algunas sorpresas"

"No hay nada que no me guste de Londres. Estaré allí durante seis meses del año o más"

Ganador de dos oscars (mejor actor en 2000 por American beauty e intérprete secundario en 1995 por Sospechosos habituales), el actor piensa seguir protagonizando dos producciones al año, y también dirigirá obras y usará su influencia para convencer a las estrellas de Hollywood de que continúen la creciente tradición de aparecer en la escena de Londres por prestigio más que por dinero. Se espera que Judi Dench actúe en alguna de las producciones, y Stephen Daldry, candidato a los Oscar por Las horas, ha declarado que añadirá su talento a la compañía. Para Spacey, esto es un sueño. "Estoy sumamente emocionado ante la idea de dirigir un teatro", declara Spacey, "porque creo que puede lograrse muchísimo y puedo usar lo que me ha ocurrido en el cine como un imán no sólo para actores, directores y escritores, sino también, espero, para un público completamente nuevo que de otro modo seguramente no vendría al teatro".

Kevin Spacey desmenuza sus planes para el Old Vic en Los Ángeles, al día siguiente de volver de una gira por ciudades y universidades estadounidenses para hablar de su nueva película, La vida de David Gale, dirigida por Alan Parker (que se estrena en Londres el próximo día 14 y en España el 6 de junio) o, como él dice, "para pregonar mis mercancías como un proxeneta en Amsterdam". Es una de las personalidades más misteriosas de Hollywood, un actor muy admirado que guarda a buen recaudo su vida privada. Aunque es conocido por sus interpretaciones en filmes como American beauty, Sospechosos habituales y LA Confidential, aprendió su oficio en el teatro. Estudió en Juilliard, aunque pronto se unió al New York Shakespeare Festival y luego empezó a trabajar en Broadway, haciendo su debut frente a Liv Ullmann en Ghosts.

Vestido con una chaqueta de cuero negra y pantalones de sport, es sereno, amigable y expresivo y, aunque reacio todavía a divulgar demasiados detalles, es evidente que ha dedicado muchos pensamientos y energía a su nuevo trabajo. Hay también, afirma con una sonrisa, un par de ideas falsas que quiere corregir inmediatamente. En primer lugar, está el asunto del que tanto se ha hablado de las goteras en el techo. Es verdad, admite, que hace falta gastarse más de 100.000 euros para arreglar el techo (en total, se estima que la restauración del teatro alcanzará 750.000 euros). "Pero se le ha prestado una atención excesiva, es como si a la gente le lloviera encima en el teatro", afirma. "Lo cierto es que cuando se entra al teatro uno no ve que algo vaya mal. Es un espacio increíblemente bello y sigue teniendo un aspecto magnífico".

"Ha habido también algunas informaciones falsas sobre que el teatro ha fracasado de algún modo y que yo vengo montado en un caballo blanco para salvarlo, lo que es una cierta injusticia para la gente que ha estado trabajando aquí durante los últimos cinco años haciendo grandes producciones que han estado agotando las entradas; el teatro, de hecho, ha tenido beneficios desde que rediseñamos la junta directiva en 1998, así que le ha ido bastante bien. Esta próxima fase es un paso que durante dos años he sabido que estaba cercano, pero logramos mantenerlo en secreto, lo que fue bastante bueno teniendo en cuenta que sólo se filtró el día antes de que lo anunciáramos".

Aunque asume plena responsabilidad por los éxitos o fracasos artísticos del teatro, se mantiene inflexible en que las tareas de proporcionar el dinero para reparaciones y mantenimiento deben residir en otra parte. "Estas son áreas en las que el Arts Council y el Gobierno deberían intervenir más. Es un edificio calificado de categoría II por el Theatre Trust y, por último, ahora pueden ver que hay una visión artística y que va a haber dirección y una verdadera compañía formada; creo que tendremos muchas más posibilidades de que nos ayuden. No les estamos pidiendo dinero para hacer nuestras producciones, sino que acudimos a ellos para que nos ayuden a restaurar los edificios".

La perspectiva de empezar una nueva vida en Londres no asusta al actor, criado en Los Ángeles, que tenía seis años cuando sus padres, visitantes asiduos de la capital británica, le llevaron a ver su primera obra en el Old Vic. Desde entonces ha visitado la ciudad muchas veces, tanto por trabajo como por placer, y ha aparecido sobre el escenario del Old Vic en 1998 en la puesta en escena del Howard Davies de la obra de Eugene O'Neill The iceman cometh. Regresó al papel en un reestreno en Broadway al año siguiente. Todavía no ha hecho ninguna gestión para buscar casa en Londres pero afirma que está deseando establecerse allí. "No hay nada que no me guste de Londres", dice. "Soy un anglófilo. No me importa el tiempo en absoluto. Estaré allí durante seis meses del año o más, pero haga el tiempo que haga, hay un enorme lado positivo en el espíritu con el que me enfrento a esta nueva aventura".

Antes de mudarse a Londres, espera poder meterse en una película más y lograr su vieja ambición de interpretar a Bobby Darin en una biografía cinematográfica del difunto cantante que ha estado en preparación durante varios años. Está previsto que en junio comience el rodaje de Beyond the sea, que también producirá Spacey, y en el que cantará varias de las canciones de Darin, incluido Dream lover, Mack the knife, Splish splash y la canción del título. "Ha sido la película que más dificultades ha tenido para encontrar financiación", señala. "Menos mal que las películas que giran alrededor de la música vuelven a tener aceptación, aunque no pienso que hayan perdido nunca el favor del público. Creo simplemente que la gente de esta industria tiene escasa memoria, porque no recuerdan películas como Que empiece el espectáculo y Fama".

Su carrera como actor cinematográfico no interferirá en sus deberes en el Old Vic. "Tengo suerte si me llega un buen guión al año, así que no es un problema realmente", afirma. Aunque está decidido a que su periodo a cargo del Old Vic sea recordado como de éxito e innovador, es lo bastante realista como para esperar algunos reveses. "Me imagino que tendremos nuestras dificultades iniciales, como cualquier nueva organización. Pero espero que se nos dé la oportunidad de cometer errores y aprender, y que se juzgue el valor de nuestra compañía por lo que llevemos a esa escena a lo largo de un periodo de tiempo razonable".

© Telegraph Group Limited 2003.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 11 de marzo de 2003