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Maurizio Pollini mezcla compositores de todos los tiempos en siete conciertos

El pianista presenta su 'Proyecto' en Roma

Un hilo invisible pero consistente une la música de Luca Marenzo, muerto en 1599, con la de los grandes clásicos, como Beethoven, y la de autores contemporáneos como Stockhausen o Luciano Berio. A ese hilo metafórico ha recurrido el pianista italiano Maurizio Pollini para elaborar su Proyecto Pollini, que se presenta a partir de hoy en el Auditorio de Roma. "La música contemporánea apenas se toca en los conciertos", dijo ayer el artista, que aspira a romper ese maleficio con siete conciertos que mezclan autores de ayer y de hoy. "Dar al público lo que quiere es un error", dijo Pollini, considerado como uno de los más grandes pianistas del momento.

Después de Salzburgo -donde surgió la iniciativa en 1995-, Nueva York y Tokio, la audaz propuesta de Maurizio Pollini desembarca en Roma. El pianista milanés, de 60 años, espera que el suyo sea un ejemplo seguido por otros intérpretes, que son los encargados de "traducir" las grandes obras actuales a las audiencias, creando así el interés necesario en un público ajeno a lo que se crea, "porque su conocimiento de la música es escaso".

El Proyecto Pollini, presentado ayer por el propio pianista y por el director musical de la Academia de Santa Cecilia de Roma, el compositor Luciano Berio, combina piezas poco conocidas de tres autores italianos antiguos (Luca Marenzo, Claudio Monteverdi y Gesualdo da Venosa) con obras de autores modernos y contemporáneos, como Debussy, Schönberg, Stockhausen, Luigi Nono y el propio Berio. "El proyecto que he traído a Roma es prácticamente igual al que se ejecutó el pasado otoño en Tokio, salvo por la ausencia de dos conciertos", dijo Pollini. A través de siete sesiones, entre hoy y el próximo día 26, el pianista milanés recorrerá un panorama musical hasta cierto punto inédito. "Incluso las piezas de Schubert y de Mozart que se incluyen están entre las menos interpretadas de estos compositores", advirtió. Por ejemplo, en el cuarto concierto programado para el día 15 figura una pieza escrita por Schubert para una sinagoga de Viena que se ha ejecutado en público escasas veces. Pollini ha escogido también el concierto K452 de Mozart, uno de los que más satisfacción dio al músico de Salszburgo, tal y como confesó a su padre en una carta.

En los siete conciertos hay espacio para Chopin (la última sesión está dedicada por entero al músico polaco) y también para Brahms, Schumann, Ligeti o Sciarrino, además de Beethoven, pero no hay rastro de Bach. "Desgraciadamente, muchos grandes compositores se han quedado fuera, porque no se trata de una lista omnicomprensiva, sino de una selección. Tampoco está Stravinski", se justificó Pollini, que lamentó una vez más el escaso interés de las autoridades italianas por la música.

Contra la guerra

Pollini, famoso por su oposición a la guerra de Vietnam en los años sesenta, declaró ayer su preocupación por la crisis actual. "Lo que está ocurriendo puede tener consecuencias terribles en nuestro futuro. Creo que combatir el terrorismo con la guerra es un error que podría tener un grave impacto en nuestras vidas".

El pianista milanés se mostró hasta cierto punto comprensivo con las dificultades que encuentra la música contemporánea innovadora y de calidad para abrirse camino en las grandes audiencias. "Siempre ha sido así. Baste pensar que algunas piezas de Mozart se han tocado por primera vez en 1930, que los últimos cuartetos de Beethoven fueron encontrados por azar muchos años después de su muerte, por no hablar del largo olvido de Bach".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 5 de marzo de 2003