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OPINIÓN DEL LECTOR

Savater

Me entero, estupefacto, de los insultos que ha recibido Fernando Savater en la Universidad de Barcelona. Y me pregunto qué perversos factores ambientales pueden desembocar en tal comportamiento. Ni la maleable inercia de unos jóvenes espíritus universitarios, ni el carácter autoritario que viste la ignorancia cuando se pone en evidencia, ni tan sólo la grave sordera que padecen aspirantes a gobernantes y nacionalistas en un País Vasco consolidado en su fragmentación social merecían, de ningún modo, un nuevo capítulo de linchamiento, esta vez moral. Suscribo, decidido, las palabras escritas por Antoni Puigverd: más que lamentar, prefiero compartir, desde el lado del agredido, los insultos de los que fue objeto.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 5 de marzo de 2003