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CARTAS AL DIRECTOR

Sobre la libertad

Vitoria-Gasteiz, Álava

Universidad del País Vasco. Edificio de Las Nieves, Vitoria. Ante la cómplice pasividad de cuantos por allí pasan, cuelgan de sus rejas tres enormes pancartas próximas al entorno radical. Nadie protesta, nadie se queja, a nadie parecen molestarle. La libertad de expresión está para esto, argumentarán tanto quienes les apoyan como aquellos otros que, aun estando en las antípodas, enfocan el tema con escrupulosidad farisea.

El pasado lunes 10 de febrero se convocaron concentraciones de repulsa por el último atentado terrorista; entonces, ni una pancarta en contra de ETA y a favor de la paz y la libertad, ni una sola persona apostada frente a esa misma universidad.

Cada pueblo tiene lo que se merece, dicen algunos, y yo cada vez estoy más convencida de que así es. Señores: ¡nos están comiendo el terreno, despertemos ya! No basta con sabernos muchos más e infinitamente mejores que los asesinos y quienes les apoyan: ¡hay que actuar! Si seguimos permitiendo que la universidad, la cultura, la calle y los bares sean territorio comanche donde la condena del terrorismo no tiene lugar, vayamos pensando cómo explicaremos mañana a nuestros hijos que a sus padres les mataron la libertad y encima no protestaron. Recordando a Kant: "Si te comportas como un gusano, ¿con qué derecho te quejarás cuando te aplasten?".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 26 de febrero de 2003