Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Reportaje:MÚSICA

Labor de Zappa

A diez años de su muerte, el gran mito del rock Frank Zappa ha encontrado acomodo definitivamente en las temporadas de música contemporánea. La Orquesta Ciudad de Granada, dirigida por Josep Pons, lo recuerda los días 20 y 21 de este mes en Sevilla y Granada.

Una irritante tradición divide la música viva occidental del último medio siglo en dos partes desiguales; una, la popular, hipertrofiada de fetiches, dinero, omnipresencia en los medios de masas y curiosamente incapacitada para evolucionar, como sí lo hizo el jazz a principios del siglo XX; la otra, la clásico-contemporánea, atrofiada por el purismo estilístico, pobre y apartada de la atención general, pero convencida de la "verdad" de su misión artística. La inercia dicta que no se tocarán nunca, que una debilita a la otra a poco que se aproximen y varias generaciones se han empeñado en darle la razón. Este poderoso prejuicio sólo parece haberlo roto Frank Zappa.

Nacido en 1940, en Baltimore, y fallecido en 1993 de un cáncer de próstata; en los turbulentos años sesenta, Zappa se convierte pronto en la máxima figura de un rock contestatario, ácido e inteligente. Las letras de sus canciones se burlan de todo, el estilo de las portadas de sus discos se erige en bandera de la contracultura y un cartel que lo muestra desnudo en un retrete se convierte en icono rival de la imagen del Che Guevara. Musicalmente, Zappa y sus célebres Mothers of Invention, circulan por todos los géneros populares: funky, blues, rap, reaggae, música disco, jazz. En todos deja una impronta curiosa, entre lo experimental y un dadaísmo burlón.

Otras sorpresas llegan más tarde, a partir de los setenta realiza trabajos con orquestas sinfónicas, pero no el almibarado rock sinfónico que asoló los guateques de entonces, sino una música abstracta que no desentonaba en unos años en los que el experimentalismo era aceptado en el jazz y en el pop, pero que a los entendidos no se les escapaba que tenía reminiscencias de Varèse, Stravinski, Webern o Boulez. Y, en efecto, Zappa había sido un adolescente fascinado por algunas obras de Varèse. Contaba el propio Zappa que siendo un incipiente e irregular batería había descubierto Ionisation, la primera pieza para percusión del siglo XX. El influjo fue tan fuerte que, aún adolescente, pidió como regalo de cumpleaños a su modesta familia que le pagaran una llamada de larga distancia a Nueva York para hablar con el compositor. Según parece, éste no estaba y habló con su mujer, Louise.

La doble influencia de la música clásica de vanguardia y la popular, la vivió con rara naturalidad, y aunque a veces llegó a decir que tocaba rock sólo por dinero (lo que seguramente era verdad), eso no significaba que no le gustara. A la luz de su sorprendente producción (llegó a grabar más de setenta discos) queda claro que el paso de unas músicas a las otras dibujaba un camino evolutivo nítido, lo que era una anomalía en el mundo del rock-busines. Y mientras tanto, su formidable ironía fustigaba todos los lugares comunes, tanto sociales como del propio negocio musical. Esta evolución artística, fruto de una lucidez y una autocrítica feroz en un sector tan hedonista como el de las estrellas del rock, le condujo a superar el mal principal del mundo del pop: la fijación de los valores adolescentes en un solipsismo que devoró a casi todos sus hijos.

Hay una anécdota delicio-

sa que cuenta Zappa: en una gira, tras una actuación, dos muchachos le abordaron con una curiosa petición, su hermano menor había tenido que irse a dormir antes del final y los mayores le proponían que les acompañara al cuarto del más joven y le despertara diciendo: "Hola, soy Frank Zappa". La idea le gustó, lo hizo y pasó una noche estupenda charlando con toda la familia. Hace falta ser muy consciente del papel que juega una estrella del rock y apreciar la sutileza de representar su propio personaje y, como Papá Noel, darle una alegría a un chaval, como si una deidad borgiana le ofreciera la posibilidad de hablarse a sí mismo con la distancia que va desde el joven adolescente hasta el hombre con sueños de éxito realizados.

La carrera "clásica" de Frank Zappa tuvo momentos agridulces, agrios especialmente por la cicatería de las orquestas sinfónicas, siempre dispuestas a cobrar pero extraordinariamente usureras con los minutos de ensayo. Llegó a compartir escenario con la Filarmónica de Los Ángeles, dirigida por Zubin Mehta, y grabó dos discos con la London Symphony. Lo más interesante llegó en 1984, cuando Pierre Boulez y el Ensemble Intercontemporain de París grabaron algunos de sus trabajos que aparecieron con el título de The Perfect Stranger. En los últimos años de su vida (de 1990 a 1993), realizó un fascinante proyecto con el Ensemble Modern de Frankfurt (existen grabaciones para la televisión que muestran el gran ambiente de estos conciertos). Finalmente, la muerte ganó la partida, pero son muchas las obras suyas que han quedado escritas y listas para vivir su vida sin la presencia del autor y le han convertido en el único gran mito del rock que ha tenido el privilegio de hacerse adulto, desarrollar una verdadera personalidad y alcanzar la estatura de gran artista al margen de la adjetivación del género practicado. El único genio del pop comparable a Andy Warhol. Y si de estrellas hablamos, cómo no mencionar que un planeta ha sido bautizado con su nombre: 3834 Zappafrank.

Una temporada para dos ciudades

EL MEMORIAL Frank Zappa que ofrece la Orquesta Ciudad de Granada es el arranque de una de las temporadas españolas de música contemporánea mejor diseñadas y atractivas. Es una serie de 12 conciertos repetidos casi todos en el teatro Central de Sevilla y el Alhambra de Granada. Además de la cita inaugural, la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla da carta blanca a José Luis Turina el 7 de mayo (Sevilla) y toca un denso programa (Donatoni, Boulez, Xenakis y Jurado) como clausura el 26 de junio (Sevilla). Entremedias, se escucharán dos óperas firmadas por jóvenes compositores españoles, Taxi, de Diana Pérez (2 de marzo en Granada y 5 en Sevilla), y Horizonte cuadrado, de César Camarero (22 de abril en Granada y 24 en Sevilla). Como ensembles de cámara se cuenta con los grupos locales TAiMA-Granada, que rinde homenaje al granadino José García Román (25 de marzo en Granada y 26 en Sevilla), y los Solistas de Sevilla, con un monográfico dedicado al maestro francés espectral Tristan Murail (20 de mayo en Granada y 21 en Sevilla). Como invitados, el ciclo trae a Ives Ensemble (25 de febrero en Granada y 26 en Sevilla) y a Greenwich Quartet (4 de marzo, sólo en Granada). Aún habrá sitio para la música electroacústica que trae Schreck Ensemble (1 de abril en Granada y 2 en Sevilla), el pianista Ian Pace (8 de abril en Granada y 9 en Sevilla) y el dúo de violonchelo y piano de Rita Medjimorec y Florian Kilt (13 de mayo en Granada y 14 en Sevilla).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 15 de febrero de 2003

Más información