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Necrológica:

Bartolomé Jiménez Torres, torero de Écija

Los más viejos del lugar aún recuerdan la pasión desbordante que a comienzos de la década de los cincuenta se vivía en la localidad sevillana de Écija con la irrupción en los ruedos de dos hijos del pueblo: Bartolomé Jiménez Torres y Jaime Ostos. El primero, seguido multitudinariamente por las clases más populares, era venerado como auténtico ídolo, frente a la polémica despertada por el valentísimo Ostos, hijo de una de las escasas familias con posibles.

La rivalidad fue apasionada y una riada de astigitanos acudía a los pueblos cercanos, donde la pareja de jóvenes novilleros competía ante una enfervorizada parroquia.

Jiménez Torres era un torero de corte clásico y buen gusto, cuyo nombre comenzó a sonar con fuerza a raíz del gran éxito que consiguió en su localidad el 1 de junio de 1952.

Al año siguiente se presentó en Madrid y participó en 18 novilladas. La mala suerte le llegó en la plaza de Valladolid, el 18 de julio de 1953, cuando un novillo le hirió gravísimamente en el muslo derecho seccionándole la femoral. El torero acusó este percance y otra cogida posterior en la misma pierna mermó sus facultades. Aun así, volvió a vestirse de luces en el año 1954, y el 21 de septiembre tomó la alternativa en Écija en una corrida memorable por el cartel y el extraordinario éxito de los espadas. Ante astados del Marqués de Domecq, actuó de padrino Antonio Bienvenida, y César Girón fue el testigo de la ceremonia.

Continuó Bartolomé Jiménez Torres su carrera taurina, pero ya sin el éxito que se le presumía en su etapa de novillero. Estuvo en activo hasta el año 1961, aunque nunca se prodigó en el número de festejos.

Posteriormente, el 24 de enero de 1966, se presentó en Murcia como banderillero a las órdenes de Pedrín Benjumea, hasta que en la temporada de 1971 se cortó definitivamente la coleta.

Un hijo suyo, Antonio Ramón Jiménez, emuló al padre y tomó la alternativa en Sevilla, aunque de nuevo los percances le impidieron alcanzar el triunfo como matador de toros.

A Bartolomé Jiménez Torres le faltaban dos días para cumplir 74 años cuando el pasado miércoles 5 de febrero falleció en su ciudad natal, donde vio la luz el 7 de febrero de 1929.

A pesar de su mala suerte, a pesar de que no alcanzó el carisma ni la vitola de figura, Bartolomé Jiménez Torres era toda una institución en Écija, donde no se olvida la pasión desmedida de los primeros años cincuenta.-

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 9 de febrero de 2003