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Reportaje:

El mago hechiza de nuevo

Mágico González participa hoy en un partido de homenaje a la afición entre el Cádiz y el Barcelona

En la memoria de los aficionados cadistas aún perdura el gol que logró contra el Barcelona tras recorrer en solitario medio campo con una velocidad endiablada, driblar con astucia y toda clase de regates a cuatro defensas y cruzar con templanza el esférico ante la estirada inútil del entonces portero blaugrana Urruticoechea, fallecido recientemente. Era la temporada 83-84. Veinte años después, Jorge González Barillas, Mágico González, de 45, volverá hoy a enfundarse la camiseta amarilla para enfrentarse al Barcelona en un partido de homenaje a la afición, organizado por el club cadista y el Ayuntamiento de Cádiz.

Mágico estuvo ayer a punto de hacer trizas su bien ganada reputación de excéntrico bohemio cuando compareció con puntualidad británica en el Consistorio gaditano ante los medios de comunicación. Pronto demostró que sigue siendo el mismo de siempre. Llegó a su hora pero con barba de dos días y ajustándose la correa del pantalón casi al mismo tiempo que accedía a la sala de prensa. "No sé que decir... estoy nervioso", comenzó Mágico, antes de alabar a la afición que le encumbró y de demostrar una humildad casi insultante. "Quiero agradecer a las personas que han hecho posible que pueda tener el gustazo de quitarme el sombrero ante esta noble afición por esa década que me consintió, perdonó y tal vez me admiró", confesó con la voz entrecortada por la emoción. "Es cuestión de sentimientos. No hay palabras, sino sensaciones, emociones y corazón", explicó.

El mayor ídolo de la afición cadista volverá a dibujar su estampa sobre el césped del Carranza. Los aficionados amarillos podrán aportar nuevas imágenes que revivan la estela imborrable de su recuerdo. El mago del balón intentará de nuevo sus regates inverosímiles, sus cabalgadas sin sentido pero con calidad desbordante, los quiebros inexplicables, las vaselinas imposibles o las rabonas que incluso provocaron el aplauso de las aficiones rivales, mucho antes de que Romario dejara sentado a Alkorta y a decenas de defensas más.

Fue el jugador que recibió los mayores elogios de Maradona cuando coincidieron en la liga española tras el Mundial de España de 1982. "Es mejor que yo, es de otra galaxia", afirmó anonadado ante el número 11 que deleitó a los aficionados cadistas y amargó muchas tardes a los contrarios. Con todo, Mágico avisó ayer sobre su estado físico: "Quiero jugar 15 o 20 minutos, un tiempo prudencial, pues a mi edad la panza hace juego con la joroba".

"Espero no defraudar", dijo Mágico antes de marcharse.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 4 de febrero de 2003