Columna
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Músicas

El último éxito de Victoria's Secret no han sido los camisones, sino la venta de CD. De hecho, el signo que mejor acredita hoy al establecimiento de lujo es una compilación musical, un Compil de Lieu Branché. El local y su artículo se aúnan a través de la música para expresar la personalidad, el sentido y la sensibilidad de la firma. Podría realizarse también mediante un perfume pero ya lo habían hecho. Las marcas más exquisitas del nuevo capitalismo huyen de las referencias físicas. Tan bajo no desean caer. El mensaje parece tanto más eficiente cuanto menos inasible es; la dominación resulta tanto más poderosa cuanto menos favorece su examen.

La coartada del ataque contra Irak no se basa en aquello que se ve, sino en lo que no puede verse. Y no se verá jamás. El poder de Dios o de Bin Laden se parecen en lo mucho que ambos han ganado tras haberlos perdido de vista. Aquello que se revela, se vela; mientras, se conserva siempre vivo el contenido de la invisibilidad. La exasperada demanda actual de transparencia coincide con la estratagema del poder encaminada a iluminar los objetos con incontables luxes de más para que nos deslumbren. La estafa se hace así inaprehensible y el criminal deja asombrosamente pronto de estar preso. Tanta claridad anula el corpus delictivo porque la sobreexposición repite los efectos de la pornografía. En ella, la genitalidad, a fuerza de hacerse explícita, pierde su categoría de sexo. Un paso más y aquella interesante anfractuosidad de la carne se convierte en un despojo. La excesiva exposición enfría, mientras el encierro de los elementos adensa su olor y gesta, al cabo, el jugo de una música.

Pronto la publicidad de cualquier producto consistirá en un efluvio o un ritmo interior. Como, de otra manera, la política de un partido, según declara el PSOE, no consistirá en esto o aquello, sino en "un estilo": la ideología será una fragancia y el programa una melodía. ¿La guerra contra Irak? Los clientes del nuevo capitalismo se encuentran formados para confundir esta espera con el lanzamiento acaso de un super CD porque la guerra, tan procaz, tan pornográfica, tan invisible, hasta pierde así, arteramente, la peste insufrible de todas las carnicerías.

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 31 de enero de 2003.