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La diferencia debió ser mayor

España ha cumplido. Lo ha hecho con ganas y con intensidad y demostrando que hoy por hoy es un equipo superior a Islandia. Se ha notado la diferencia en la portería y hemos podido comprobar que, está tan bien cubierta, que si Barrufet no está acertado puede entrar Hombrados sin que el equipo se resienta. El partido ha sido muy ajustado, pero a mi modo de ver la diferencia que ha habido en la pista es mayor a la de ese gol con el que ha concluido el partido.

Para España ha sido muy importante el cambio defensivo de 5-1 a 6-0 con Enric Masip manteniendo una defensa muy profunda sobre el jugador fundamental de Islandia, el lateral Stefansson. En la segunda parte, ha sido mucho menos efectivo que en la primera. Y, en este aspecto, también destacaría el trabajo realizado por Mariano Ortega, frenando los ataques de un jugador del potencial de Dagor Sigurdsson.

Ofensivamente se ha demostrado que España tiene más hombres de calidad que Islandia, que ha acusado el esfuerzo que realizó el miércoles para superar a Polonia y ha jugado la parte final del partido de hoy con evidentes mermas físicas en algunos de sus jugadores. El ataque español ha funcionado como una máquina bien engrasada. Excepto tres lanzamientos perdidos, la aportación de Talant Duishebáev ha resultado decisiva, especialmente en la parte final del partido. Allí también se ha notado la intensidad del equipo en situaciones importantes, como el robo de dos balones de partido por parte de Antonio Carlos Ortega, uno de ellos en inferioridad numérica.

Sin embargo, lo más importante para mí es que España juega cada vez con más seguridad en sí misma. Cuando en dos ocasiones ha perdido la ventaja de tres goles que tenía, el equipo ha reaccionado muy bien, implantando de nuevo su superioridad. Y esta convicción será fundamental tanto frente a Croacia en las semifinales, como en el siguiente partido sea la final o la lucha por la medalla de bronce.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 31 de enero de 2003