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Crónica:FÚTBOL | Cuartos de final de la Copa del Rey

La Copa se insinúa al Depor

Estéril esfuerzo de un Murcia heroico, que fue capaz de remontar dos goles

Con aspecto anémico, incapaz de controlar un partido que tuvo resuelto a la media hora, el Deportivo tomó anoche la autopista que conduce al primer título de la temporada. Fuera de combate el resto de la elite, el Depor es ya el único de los grandes que sigue vivo en todos los frentes y el principal candidato para revalidar su memorable Copa del Rey del año anterior. Y a pesar de todo, el cuadro de Irureta no puede disimular su mala cara.

MURCIA 4 - DEPORTIVO 3

Murcia: Reinke; Maciel, Largo (Loreto, m.65), Cuadrado, Lasa (Setvalls, m.82); Juanma, Acciari, Ismael, Tito; Richi y Karanka (Albiol, m.65). Deportivo: Juanmi; Manuel Pablo, Amo, Andrade, Capdevila; Sergio (Héctor, m. 80), Acuña, Duscher, Amavisca; Makaay y Tristán (Mauro Silva, m.87). Goles: 0-1. M. 23. Tristán. 0-2. M.28. Tristán, de vaselina sobre Reinke. 1-2. M. 34. Karanka, de cabeza. 2-2. M.46. Juanma, de cabeza. 3-2. M.56. Manuel Pablo de volea desde fuera del área. 3-3. M.50. Tito, de penalti. 4-3. M.84. Albiol, de cabeza. Árbitro: Medina Cantalejo Amonestó a Manuel Pablo y Mauro Silva. Unos 17.000 espectadores en La Condomina. El Deportivo se clasifica por un global de 4-4, favorecido por los tantos en campo contrario.

Cuando el fútbol quiere dar la espalda a la justicia, se convierte en el juego más arbitrario del mundo. Y ocurren cosas como lo que sucedió anoche en La Condomina. Un equipo pone el entusiasmo, el juego y las ocasiones, pero todo resulta fallido. Al otro, que no ha movido un músculo, le tocan los goles como quien gana la lotería con un billete encontrado en la calle.

Hasta el gol de Tristán, el Depor no había hecho nada de nada aparte de contemplar el animoso esfuerzo y las buenas ideas del Murcia. Y cuando las ocasiones empezaban a acumularse en el área visitante, llegó el contragolpe, el pase de Amavisca a Tristán y el fácil remate de éste. A La Condomina se le quebró la voz, y Tristán acabó de perpetrar la injusticia con una canallada maravillosa: una vaselina con la zurda que trazó un arco perfecto desde el flanco izquierdo del área hasta la escuadra contraria. Pero el fútbol, tan despiadado hasta entonces, concedió medidas de gracia al más débil. Para ello se valió de Juanmi, el portero del Deportivo, que no llegó a tiempo de despejar, la pelota rebotó en la cabeza del larguirucho Karanka y se fue a la red.

El Murcia tenía tantas ganas acumuladas que se aferró a ese gol con la fe del carbonero. En éstas que Ismael arrancó desde la banda, recortó al llegar junto al área y centró con exactitud para que la cabeza de Juanma volviese a enloquecer a La Condomina.

El Depor estaba otra vez desbordado. Una mano absurda de Capdevila propició el penalti local y abrió otra vez el partido a los territorios del sueño. El retorno a la realidad fue tan brusco y sorpresivo como en la primera parte. Cuando el Murcia se tomaba un respiro para preparar la carga final, apareció el menos que se esperaba, Manuel Pablo, quien enganchó una volea impresionante a unos 25 metros de la portería. Pero el Murcia, tenaz hasta lo heroico, aún fue capaz de marcar otro gol y de obligar al Depor a tambalearse sobre el abismo esperando el pitido final.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 31 de enero de 2003