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OPINIÓN DEL LECTOR

Ley electoral

Cuando, a propósito del debate sobre la ley electoral catalana, Jordi Pujol defiende que los votos de Lleida, Tarragona y Girona sigan valiendo más que los de Barcelona, no hace sino mostrar una vez más su talante predemocrático, más propio de la época feudal. Porque en una auténtica democracia moderna quienes votan no son el campo o las provincias, ni siquiera las comarcas, sino los ciudadanos y ciudadanas según dos principios democráticos básicos: el de una persona, un voto, y el del valor igual de todos los votos.

Lo dicen todos los manuales y así lo exige la ética política más elemental, porque se trata de uno de los derechos humanos y políticos fundamentales recogidos en todas las constituciones occidentales. Por lo tanto, es inmoral e inaceptable defender la desigualdad del voto para perpetuar así una situación que beneficia a las fuerzas más reaccionarias, encantadas de que el voto barcelonés -supuestamente el más progresista- valga dos o tres veces menos que el del Montsià o el Baix Urgell.

Sus declaraciones constituyen una auténtica agresión a la ciudadanía ¿O es que acaso los barceloneses tendremos que empadronarnos en otra provincia para ver reconocidos nuestros derechos?

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 27 de enero de 2003