Reportaje:

De seminario a geriátrico

La escuela de sacerdotes de San Miguel, en Pamplona, albergará un moderno centro gerontológico

En 1928, el obispo de Pamplona publicó una pastoral en la pedía a sus conciudadanos ayuda para erigir un nuevo seminario conciliar. Faltaba espacio para tanta vocación religiosa. El arquitecto Víctor Eusa, coautor del Gran Casino Kursaal de San Sebastián, diseñó entonces el conjunto arquitectónico del Seminario de San Miguel, un complejo religioso presidido por una monumental cruz latina que quedó ubicado en una idílica zona de la ciudad. Un siglo después, el Arzobispado de Pamplona ha firmado con Caja Navarra un convenio para convertir parte del infrautilizado conjunto en un centro gerontológico.

En los últimos años, la aguda crisis de vocaciones sacerdotales ha dejado el Seminario de Pamplona prácticamente vacío. El valioso patrimonio histórico-artístico diseñado por Eusa, que ocupa un solar de enorme valor urbanístico, apenas ha dado cabida en el pasado 2002 a 12 seminaristas (seis navarros, dos vizcaínos, dos guipuzcoanos y dos polacos) y a la treintena de curas que viven en la residencia sacerdotal Argaray.

Las máquinas ya trabajan para inaugurar en 2004 una residencia para 153 personas

Muy lejos de los años del franquismo, en que cientos de seminaristas ocupaban sus aulas, el Arzobispado de Pamplona, propietario del conjunto, ha arrendado una parte del mismo a la promotora Amma Recursos Asistenciales, propiedad de Caja Navarra, para construir un moderno centro gerontológico concertado.

Son nuevos tiempos y hay nuevas necesidades. Las máquinas trabajan ya en un proyecto que concluirá en abril de 2004 con la inauguración de una residencia para 153 personas.

El complejo de Eusa, construido en la década de los años 30, está catalogado en el Plan Municipal de Pamplona con el máximo grado de protección, equivalente al que recibe la catedral gótica de la ciudad, como edificio relevante e hito urbanístico. Por ello, las obras de rehabilitación han necesitado del visto bueno de la institución Príncipe de Viana. El aspecto exterior del inmueble va a ser respetado, aunque se ya se han derribado el frontón, la antigua enfermería (construidas ambas en 1956) y las dependencias interiores de los cinco pisos del ala oeste, donde se ubicarán las instalaciones asistenciales.

Complejo moderno

El convenio firmado para la construcción del complejo Argaray incluye una reserva de plazas para la atención a los sacerdotes ancianos. Pero el monumental seminario no sólo albergará una residencia de ancianos al uso, sino un novedoso equipamiento social dirigido a la atención de los mayores por módulos, según sus necesidades. Además, incorpora un centro de día con capacidad para 30 personas, un servicio de apoyo domiciliario (comida a domicilio o ambulatoria, lavandería, préstamo de material ortopédico), formación a familias cuidadoras y personal de atención domiciliaria, podología y otros servicios formativos.

Con el convenio suscrito, la Iglesia concede a uno de sus activos arquitectónicos más valiosos una destacada proyección social. Tras los seis años de preparación en este seminario, en 2001 apenas dos jóvenes seminaristas se ordenaron sacerdotes. En 2002 la cifra se elevó a cuatro, pero los números están muy lejos, por ejemplo, de aquellos 41 sacerdotes ordenados en 1952. De los 600 curas que ofician en Navarra, sólo 73 tienen menos de 50 años.

Sobraba espacio por todos lados en el complejo. De modo que donde antes estaba el colegio San Miguel ahora se levantarán las habitaciones y servicios del geriátrico, cuyo presupuesto de construcción es de 8,6 millones de euros. Serán 9.000 metros cuadrados de instalaciones y otros 11.800 para el esparcimiento.

El acceso al centro asistencial se ubicará por la parte sur, mientras la entrada principal a las dependencias del seminario seguirá abierta por el norte, cerrando la avenida de la Baja Navarra junto a los jardines de la Media Luna, una de las vistas más bellas de la ciudad. No en vano, Jesús Morrás, director general de Amma Recursos Asistenciales, califica la ubicación del solar como "paradisíaca".

Si en tiempos no había espacio suficiente para atender a todos los jóvenes que querían recibir los ministerios de acólito y lector, ser admitidos como candidatos al sacerdocio y, finalmente, resultar ordenados diáconos, hoy en día las prioridades sociales son diferentes. No hay suficientes plazas gerontológicas para satisfacer las necesidades de una población cada vez más envejecida.

El seminario verá surgir en su ala oeste un moderno complejo de hormigón donde también tendrá cabida las salas de rehabilitación y terapia y en un flamante jardín inglés para el paseo. Contará con cafetería, un espacio para el juego de la petanca, un área de jardinería de ocio y un parque infantil. Cada planta se pintará de un color distinto para facilitar la orientación de sus pobladores.

Eusa, uno de los principales exponentes de las tendencias arquitectónicas racionalistas de los años 20 y 30 del siglo pasado, habría visto con buenos ojos la idea. Este grupo de arquitectos, entre los que se incluyeron José Manuel Aizpurua y su Real Club Náutico de San Sebastián (1928), así como el edificio de Correos (Secundino Zuazu, 1927), el grupo escolar Briñas (Pedro Ispizua, 1933) y el edificio Aurora (Manuel Galíndez, 1935), en Bilbao, desdeñaron un tanto el estilo sustituyéndolo por una atención preferente a las necesidades sociales en su forma de concebir los edificios, en los que usaron los materiales de construcción más modernos de aquel momento. La Iglesia ha revalidado aquel compromiso, y, con ello, ha conseguido que un seminario desocupado se transforme en un demandado geriátrico.

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 11 de enero de 2003.

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