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Entrevista:FLAVIO | Centrocampista del Madrid | FÚTBOL

"Era normal que me dieran palos"

La suerte es caprichosa con Flavio (Brasil, 1974). De chaval, quiso imitar a Laudrup y en su tercera temporada en el Madrid, tras superar dos operaciones, admite que se perdió. Ahora se ha vuelto a encontrar como pivote -hoy volverá a ser titular ante el Celta-, obsesionado con las coberturas, bajo el patronazgo de Hierro y con una vocación de profundidad como único punto cercano a su referente danés.

Pregunta. Llevaba dos años casi en blanco. ¿Cómo se encuentra?

Respuesta. Es mi mejor momento en el Madrid. Con dos lesiones graves, me resultó muy difícil estar a la altura de los demás.

P. ¿Le ayudó Ronaldo?

R. Mucho, porque es mi amigo desde hace tiempo. Nos apoyamos y hablamos de cómo hay que comportarse en el Madrid.

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P. ¿Qué indicación le dio Vicente del Bosque cuando le puso a jugar?

R. El mister nos deja plena voluntad para jugar. Lo único que nos repite a Claude [Makelele] y a mí es que, en cuanto a la posición, siempre procuremos estar bien juntos a los cuatro defensas; que hagamos un bloque los seis de atrás para evitar que los adversarios entren fácilmente. Creo que estamos acertando porque hablamos bastante con Helguera y Hierro sobre cómo hacer las coberturas y cuándo debo quedarme atrás o atacar.

P. ¿No cree que los pivotes no pueden jugar en paralelo porque así son fáciles de desbordar?

R. Depende de dónde esté el balón. Si está por la banda de Claude, yo me tengo que tirar a la izquierda porque él sale a presionar. Si está por mi banda, yo salgo y él viene atrás, a la derecha.

P. Eso lo puede hacer Cambiasso o Makelele. ¿Qué tiene usted de particular?

R. Yo prefiero atacar más y debía demostrarlo. El mister da total libertad, pero en el Deportivo tenía más oportunidades de atacar. El Madrid es más ofensivo y tengo que estar pendiente de las coberturas. Ahora hablamos mucho más en el centro del campo y por eso salen las cosas. Antes estaba un poco perdido. No sabía si atacaba o me quedaba. Ahora, cuando subo, soy más preciso.

P. ¿Cree que es necesario el doble pivote?

R. Sí, porque somos un equipo muy ofensivo y es necesario tener dos jugadores tranquilos atrás, defendiendo. Con la calidad que tienen, aquí deciden los delanteros.

P. ¿Juega en función de Figo?

R. Sí. Si Figo se va, yo tengo que cubrir la banda. Si Roberto Carlos sale, el que se tiene que ir a la izquierda es Claude.

P. ¿Qué le pasó por la cabeza cuando vio que fracasaba?

R. Pensé en salir del club, en irme cedido a algún lado para volver a la selección y recuperarme. No estaba con confianza, principalmente en las entregas. Fallaba muchos pases. Estuve muy mal durante una fase y fue fundamental el apoyo de algunos compañeros. Nunca me voy a comparar con las estrellas, pero yo tengo un papel en el campo y no lo estaba cumpliendo. Era normal que me dieran palos.

P. ¿Se deprimió mucho?

R. Fui titular desde 1992, cuando salí de la reserva del Palmeiras y entré en el primer equipo, con Cafú, Djalminha, Rivaldo, Müller... Fui titular en el Deportivo y con Brasil. Cuando llegué aquí, fui al banquillo y me vine abajo.

P. Dicen en el Deportivo que usted necesita apoyo y en el Madrid no se lo dieron.

R. Siempre soy de estar de broma y aquí... En el Deportivo éramos siete brasileños y con Fran y Naybet siempre estábamos de broma. Aquí la forma de ser de los jugadores es distinta. No era lo mismo y no conocía a la gente. A lo mejor, el Depor de aquella época me hacía sentir cerca de Río.

P. ¿Por qué dedicó a Hierro su gol al Sevilla?

R. Me ha ayudado mucho en lo personal y lo profesional. Le conocí en 1994, cuando jugamos el Trofeo Bernabéu con el Palmeiras. En el Madrid estaban Zamorano y Laudrup y para mí fueron los partidos más bonitos que jugué en mi vida. Siempre me fijé en Fernando desde entonces.

P. Hierro parece una persona muy seria. ¿Qué tiene que ver con la calidez que usted añoraba?

R. Es afectuoso. Un líder que te incentiva cuando te deprimes y que siempre te habla en el campo.

P. ¿Cuál fue su ídolo?

R. Laudrup.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 11 de enero de 2003