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Crítica:POR MENOS DE 15 EUROS

Sabores del desierto en un restaurante árabe

Para un sábado es mejor reservar con una semana de antelación. El secreto de Al-Jayma, Cocina del Desierto, en pleno barrio madrileño de Chueca, está en su ambiente y sus condimentados y cuantiosos platos a un precio razonable. Ya al entrar sorprende su exótica y cálida decoración de paredes blancas con vigas de madera; kilims; un suelo también blanco, dibujado con trazos de ladrillo; todo bajo una luz tenue y un susurro de ritmos árabes. Y luego, al probar el hómus (4,06 euros; crema de garbanzos con salsa de sésamo), que se come con pan de pita, empleado como cuchara, se confirma el porqué de su éxito. Platos conocidos de Marruecos, Egipto, Siria y Líbano conforman la carta. Y, además de una barra en la que destacan dos grandes samovares, ofrece un par de espacios para comer: uno a ras del suelo (poco aconsejable para la espalda), con cojines alrededor de charolas de latón que sirven de mesas, y otro en un salón de seis mesas con sillas de madera y también grandes charolas de latón.

Al-Jayma, Cocina del Desierto

Calle de Barbieri, 1. Madrid. Teléfono: 915 23 11 42. De lunes a viernes, de 13.30 a 16.00 y de 21.00 a 24.00. Sábado y domingo, hasta las 16.30 (comida) y 0.30 (cena).

Lo ideal, para dos o más personas, es compartir varios platos. De entrada se puede seleccionar hómus y tabulé (4,06 euros; perejil, cebolla, tomate y sémola), un plato sirio abundante bastante fresco. Y como principal, el clásico cuscús de pollo con verduras (7,51) o el de cordero (8,11), ambos aceptables. Más suculento, el tayín de pollo (tres piezas) con calabaza confitada, un plato para quienes gusten la mezcla de lo salado y dulce, suficiente para dos personas. O la pastela, un plato difícil de hojaldre, pollo y almendra resuelto con corrección. Sin embargo, hay que dejar espacio para el postre. Los diminutos pastelillos árabes con apariencia de canapés (a veces no del todo crujientes) engañan al ojo, ya que terminan llenando el último hueco del estómago. Entre las sugerencias está el dulce de sémola con dátil y el hojaldre de almendra -algo empalagoso- (1,35 euros cada uno), que desprende un aroma oriental y deja un fuerte toque azucarado. Y para asentar la comida, el té verde de hierbabuena (1,20 euros), servido en un vaso pequeño, que perfuma la boca.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 28 de diciembre de 2002