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Reportaje:FÚTBOL | 13ª jornada de Liga

El coraje de Olaizola

El mallorquinista aguantó en Riazor con un ligamento de la rodilla roto

A pesar de que Javier Olaizola (San Sebastián, 1969) se resistió hasta lo imposible, una terrible lesión de rodilla se empeñó en tumbarlo el domingo pasado (2-2) en Riazor. Así lo cuenta el defensa y capitán del Mallorca, ausente forzoso hoy (19.00, Teletaquilla) ante el Madrid, desde la clínica de Barcelona en la que se recupera.

"Makaay, en el primer gol del Deportivo (m. 16), se me cayó encima y sentí un fuerte dolor en la rodilla, que noté inestable". Pero siguió jugando: "Unos 15 minutos más tarde, fuimos a presionar a Fran y, cuando llegaba, oí un chasquido y me caí. Como si me cortaran la pierna. Pensé que me habían pegado una patada. Pero... no; me lo hice solo. Como estábamos con un jugador menos y acabábamos de empatar (1-1), decidí continuar".

"Oí un chasquido y me caí. Como si me cortaran la pierna. Pero, con un jugador menos, seguí"

El Mallorca se adelantó (1-2) y sólo entonces Olaizola avisó a su médico, Joan Pericàs, para que le atendiera en el descanso. Sin embargo, le pidió que le pusiera una venda y... Santas Pascuas: "Como soy un fatigas y quería seguir jugando, no le dejé hacerme una exploración. Comenzó el segundo tiempo y, al primer balón aéreo, salté y, al caer, el chasquido fue mucho más grande". Por fin, hubo de abandonar el césped: rotura del ligamento cruzado anterior de la rodilla izquierda, con el menisco y el ligamento lateral interno afectados; seis meses de baja.

¿No fue una locura seguir después del primer crujido? "Yo soy así. Aun siendo consciente del perjuicio, habría seguido", dice Olaizola, que es la primera vez que se lesiona: "No había tenido ni siquiera un esguince. Sólo, alguna brecha o golpe. En la pretemporada jugué con 70 centímetros cúbicos de sangre en el músculo por un hematoma y el médico no lo entendía".

Pero, tarde o temprano, las lesiones llegan: "Yo pensé que nunca me iba a tocar a mí. Y menos ahora, en un gran momento de forma y disfrutando". Su contrato expira en junio. "Estoy tranquilo. El presidente me ha dicho que no me va a dejar en la estacada", comenta Olaiozola, que no es precisamente un talento natural, sino un futbolista hecho a sí mismo, superándose día a día con fe y esfuerzo. Ha aprendido el oficio de central o lateral derecho. Siempre fue rápido y ha mejorado "muchísimo" técnicamente desde su etapa en el Eibar y el Tolosa, en los que "el fútbol era más directo". Curso tras curso, el Mallorca le buscó un sustituto, pero terminó jugando 35 partidos por temporada. Pese a que su familia está muy vinculada a la Real Sociedad -su hermano mayor, Julio, fue su lateral izquierdo y su otro hermano, Mikel, es el utillero-, el camino de Javier fue más tortuoso. Pasó por el Tolosa, el Eibar -"una escuela de la vida en la que, como todos compaginan el fútbol con el trabajo o los estudios, lo valoran más"- y el Burgos, con el que debutó en Primera para sufrir el descenso y la desaparición. Regresó apenado al Eibar antes de que le llegara la oferta de su vida, la del Mallorca, en 1995. Luchó dos años por el ascenso y, tras lograrlo, ha disfrutado de entrenadores como Héctor Cúper -"ya advertí que dirigiría a los grandes"-, Luis Aragonés -"el número uno"- y Gregorio Manzano, de quien dice que será el sucesor de Luis: "Se parecen por sus ideas y lo bien que manejan el vestuario".

En sus seis años en Primera, Olaizola se siente orgulloso de sus marcajes a Rivaldo. En cambio, a Gustavo López no supo por dónde atraparlo. Y al que admira es a Raúl. Él sólo ha marcado un gol: "Contra el Celta, de cabeza, hace dos años". Una de las numerosas muestras de solidaridad recibidas le ha sorprendido especialmente: la de Oli, del Oviedo, tras sus "mil peleas".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 8 de diciembre de 2002