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Entrevista:John M. Coetzee | LAS EDADES DE COETZEE

"Don Quijote' es la novela más importante de todos los tiempos. Contiene infinitas lecciones"

Ésta es la entrevista posible al autor surafricano John M. Coetzee (Ciudad del Cabo, 1940). El prestigioso escritor respondió a las preguntas del periodista de EL PAÍS, incluyendo respuestas ya dadas a otros medios, para así ser fiel a su discurso palabra a palabra. El autor de libros como Desgracia, con el que obtuvo su segundo Booker Prize, es uno de los escritores más lúcidos, críticos y desconcertantes del actual panorama literario mundial. Acaba de publicar en España dos obras: La edad de hierro y Juventud.

J M. Coetzee es uno de esos genios que padecen el síndrome de Greta Garbo. Desea que se le quiera por su arte, pero sólo por su arte. Él prefiere mantenerse apartado del mundo. Es un ermitaño tan terco que hace dos años, cuando obtuvo por segunda vez el mayor galardón literario del Reino Unido, el Premio Booker, por su novela Desgracia, no se molestó en ir a recogerlo en persona. Nadie había ganado jamás dicho premio en dos ocasiones, pero él envió a su agente.

Ahora se publican en español dos nuevos libros suyos, Juventud (su obra más reciente) y La edad de hierro, que escribió hace 13 años, durante los últimos días del apartheid. Parecía lógico -no probable, pero lógico- que el surafricano, que en la actualidad divide su tiempo entre Estados Unidos y Australia, pudiera estar interesado en promover un poco su obra en el mercado de lengua castellana y, tal vez, que quisiera conceder una entrevista a EL PAÍS. Aun así, me sorprendió que respondiera, y enseguida, a un primer correo electrónico que le envié de forma tentativa y que él recibió en algún lugar de Estados Unidos. "Gracias por su ofrecimiento de una entrevista, pero no hago entrevistas en persona", escribió Coetzee (pronúnciese "Cutsía"). "Por correo electrónico es otra cosa, siempre que no me quite mucho tiempo".

"La política exige concesiones entre el idealismo y el pragmatismo que a algunos les pueden parecer repugnantes"

La respuesta era más prometedora de lo que se podía esperar dada la reputación que tiene el autor de Esperando a los bárbaros, incluso entre quienes le conocen bien, de ser distante, susceptible y desagradable. Era nada menos que una invitación a que le enviara unas preguntas; y eso significaba, seguramente, que estaba dispuesto a considerar la idea de responder, al menos a un par de ellas.

Le envié lo siguiente: "Me pide (cosa perfectamente razonable) que no le quite demasiado tiempo. Lo que voy a hacer es enviarle varias preguntas y dejar que usted decida si quiere contestarlas, y cuáles. Son éstas:

- 'Desconcertante' es una palabra que se usa con frecuencia para calificar su obra. Nadine Gordimer habla de que su visión llega al 'centro neurálgico del ser'. Mario Vargas Llosa dijo que Desgracia era 'estremecedora'. ¿De dónde obtiene usted esa lacerante lucidez?

- ¿Qué autores han influido más en su trabajo? ¿Ha leído a muchos autores de lengua española? ¿Quién le gusta y por qué (explicado brevemente, por supuesto)?

- La fuerza de su escritura nace, en gran parte, de su situación de hombre blanco en África y afrikáner progresista durante el apartheid; ¿escribir le ha servido para liberarse de las garras de esas contradicciones?

- En La edad de hierro, tal vez su libro más explícitamente político, habla sobre los gobernantes afrikáner del país: '... la humillación de la vida que vivimos bajo su mando... como si nos arrodilláramos y nos orinaran encima'. ¿Acaso los surafricanos blancos están condenados a vivir perseguidos por los horrores hechos en su nombre, o es posible la redención?

- Al reflexionar hoy, después del apartheid, sobre La edad de hierro, escrita en aquella época, ¿qué siente? ¿Orgullo por la aportación política que hizo? ¿Todavía piensa sobre aquellos días y recuerda con la misma repugnancia a los dirigentes del volk, con sus 'corazones tan pesados como una morcilla'?

- Su estilo como novelista parece emanar directamente del paisaje surafricano, 'un lugar de luz rotunda e implacable' (La edad de hierro) ¿Está de acuerdo?

- ¿Juventud es una novela o una biografía?

- El protagonista de Juventud cita el exilio de Ezra Pound y, de paso, insiste en que la infelicidad es indispensable para el arte. ¿Es ésa su opinión? ¿O tal vez la infelicidad no engendra más que un arte infeliz?

- Al aspirante a escribir Juventud le cuesta terriblemente llenar una hoja de papel. ¿Le sigue resultando difícil la escritura? ¿Tan difícil como antes?

- 'Los artistas nunca pueden estar totalmente presentes ante el mundo: siempre deben tener un ojo puesto en su interior', escribe usted en Juventud. ¿Es así? ¿Es eso lo que necesita hacer para adquirir la visión neurálgica de la que habla Gordimer? ¿Es ésa la razón de que viva tan recluido y ni siquiera dé a conocer su nombre de pila al mundo?

- ¿Ha dejado atrás Suráfrica, como intenta hacer el protagonista de Juventud? ¿Puede dejarla atrás? ¿Quiere hacerlo? ¿O será siempre la fuerza motriz de su trabajo?".

He aquí la respuesta que recibí de Coetzee:

"Estimado señor Carlin: gracias por sus preguntas. Da la impresión de que no le ha gustado mucho Juventud, y es una lástima. Me he tomado la libertad de responder a su pregunta sobre la literatura española y después adjuntar respuestas que he dado recientemente a otros entrevistadores, que, entre otras cosas, le darán una idea de mi punto de vista sobre Juventud. Confío en que sea material suficiente para escribir su historia. Sinceramente, John Coetzee.

Notas para John Carlin, EL PAÍS, noviembre de 2002.

He leído Don Quijote, la novela más importante de todos los tiempos, una y otra vez, como debe hacer todo novelista serio, porque contiene infinitas lecciones. En cuanto a la novela española contemporánea, Javier Marías es el único autor cuya obra conozco bien, uno de los mejores novelistas europeos de hoy, en mi opinión, y con una técnica magnífica.

Conozco mejor la literatura latinoamericana que la de la península Ibérica y, en Latinoamérica, la poesía mejor que la ficción. Cuando era mucho más joven, Pablo Neruda era uno de mis ídolos.

1. En Juventud se advierte la importancia de las palabras como medio de adquirir cierta distancia de lo que llamamos realidad -que puede ser especialmente decepcionante para una persona joven- y el mundo tal como lo imaginamos.

RESPUESTA. Los jóvenes, sobre todo si son imaginativos, crean mundos propios, construidos en gran medida a partir de sus lecturas (tal vez hablo de un mundo que ya pertenece al pasado). Más adelante, a medida que la intensidad de su imaginación va disminuyendo, casi todos se acomodan a la realidad, y eso puede suponer traicionar a la imaginación. Algunos, los más obstinados, mantienen la fe en la imaginación durante más tiempo.

2. En las primeras páginas de Juventud aparece la frase 'las cosas rara vez son lo que parecen': ¿quiere eso decir que también una autobiografía es 'una ficción entre muchas posibles', aunque se refiera a una persona 'auténtica'?

R. En la autobiografía, parte de la historia que se nos cuenta la podemos comprobar en relación con el mundo exterior, pero la mayoría es privada e imposible de verificar. El que nos creamos la historia o no depende, en gran medida, de la fe que tengamos en la veracidad del narrador. Que, a su vez, depende de unas cualidades intangibles de su escritura: ¿'Parece' veraz? Los autores de ficción pueden esforzarse en crear la impresión de veracidad. El mejor ejemplo que conozco es Robinson Crusoe; el libro resulta tan auténtico que, a lo largo del tiempo, muchos lectores han creído que era una historia real, escrita por un hombre llamado Robinson Crusoe.

3. El personaje principal de Juventud, 'él', parece preparar su propia infelicidad ('La gente feliz no es interesante') porque tiene presente una especie de 'modelo' de lo que debe ser un artista, sobre todo en relación con el amor ('El arte no puede alimentarse sólo de privaciones, añoranzas y soledad. Debe haber también intimidad, pasión y amor').

R. Lo que necesita hacer es dejar de postergar las cosas y ponerse a escribir. Si consigue escribir, el arte, o su compromiso con una vida artística, dejarán de parecerle una cárcel. Si no trabaja y nunca promete escribir, tal vez debería abandonar ese compromiso.

4. También es bastante ingenua su actitud respecto a los lugares: escoge Londres, sobre todo, por motivos 'literarios', pero tarda cierto tiempo en comprender que sigue siendo un extraño. Y lo mismo ocurre con Suráfrica, que le parece un entorno opresivo sólo mucho después de haberse ido. ¿Es el egocentrismo de una persona joven lo que le hace tener una 'actitud no política' -él mismo la define así- respecto a la realidad?

R. Quizá. Por otro lado, es posible sencillamente que algunas personas, por su carácter, no tengan interés en la política. La política exige concesiones entre el idealismo y el pragmatismo que a algunas personas les pueden parecer poco atractivas e incluso repugnantes.

1. ¿Cuáles son mis impresiones de Australia? Desde el principio sentí, de una forma difícil de explicar, una enorme atracción hacia la tierra y el paisaje. Yo procedo de África, donde la tierra suele tener un poder semejante sobre las personas, misterioso y empequeñecedor. Lo curioso es que también he vivido muchos años en Norteamérica, en todos sus rincones, pero su paisaje nunca me ha surtido un efecto comparable.

Lo segundo que debo decir es que siempre me ha impresionado el igualitarismo australiano, la forma que tienen los australianos de relacionarse entre sí, espontáneamente, creo, como iguales. Se podría decir que cualquiera procedente de Suráfrica, con sus inmensas divisiones sociales y raciales, tendría esa reacción. Pero, en mi experiencia, el igualitarismo en Australia es sui géneris. Desde luego, es consecuencia de una historia social concreta. Pero me parece admirable, en cualquier caso.

2. No estoy seguro de lo que dejo atrás. Mejor dicho, supongo que lo averiguaré sólo cuando pueda mirar atrás. ¿Qué echaré de menos? Vivir en una sociedad muy políglota, tal vez: ir por la calle y oír muchas lenguas distintas. Y echaré de menos la Universidad de Ciudad del Cabo, de la que me jubilo dentro de unos meses. No como institución, sino como un entorno en el que es posible tener una relación totalmente natural con jóvenes guapos, felices y seguros de sí mismos, de todas las razas y procedencias, con el mundo a sus pies. Es un privilegio que no todos los viejos tienen.

3. Una de las cosas que la gente no suele comprender de los escritores -los escritores serios, por lo menos- es que uno no empieza por tener algo de lo que escribir y entonces escribe sobre ello. Es el proceso de escribir propiamente dicho el que permite al autor descubrir lo que quiere decir.

4. Pregunta usted por qué soy popular. ¿De verdad soy popular? Si lo soy, es algo muy reciente. Recibo cartas de desconocidos -y, por supuesto, es un placer recibirlas- que me dicen que han leído libros míos y les han gustado; Esperando a los bárbaros, por ejemplo. Lo que es curioso es que no me enviaban esas cartas hace 20 años, cuando se publicó el libro. ¿Por qué no? No sé. Quizá hay libros que, en otro tiempo, no eran muy accesibles y ahora sí lo son. ¿Un cambio de gustos?

Las novelas nacen de forma bastante misteriosa. Nunca he encontrado un buen motivo para tener curiosidad por su origen. Desde luego, yo no escribo 'sobre' cosas. En cuanto al elemento personal, no entiendo cómo la escritura de ficción puede no ser personal en cierto sentido, dado que surge totalmente de la cabeza (y el corazón) del autor. No creo que mis textos sean especialmente políticos (puedo estar equivocado). Mi gente vive en medio de la historia, sencillamente.

1. Es evidente que le interesa V. S. Naipaul: hizo una reseña de Half a Life para The New York Review of Books en 2001. Como usted, Naipaul vino de las provincias para establecerse en Inglaterra, pero a él parece haberle resultado más fácil la adaptación. ¿Alguna vez piensa que Naipaul y usted son figuras comparables? ¿Que comparten más cosas que su situación en general, el haber venido de colonias remotas del Imperio Británico para encontrar su voz y situarse en el mundo?

R. Es un error frecuente, si me permite que lo diga, pensar que a los escritores les interesan, sobre todo, otros escritores parecidos a ellos, o incluso que les interesan sus contemporáneos. Mi interés por Naipaul no es demasiado grande, y estoy seguro de que lo mismo le pasa a él conmigo. En cuanto a Inglaterra, sólo viví allí unos años y nunca he pensado en volver, mientras que Naipaul decidió establecerse. Asentarse, que es una palabra cargada de significado en la política poscolonial; el asentamiento y la adaptación de Naipaul a la madre patria (Sir Vidia Naipaul y todo eso) es un acto de cuyo peso histórico es plenamente consciente.

2. En Desgracia, el ataque a la granja parece ser ad hoc, independiente. En el vecino Zimbabue, desde el pasado mes de agosto, los granjeros blancos tienen órdenes de evacuar sus propiedades. ¿Es concebible que puedan producirse en Suráfrica desahucios generalizados y patrocinados por el Gobierno, al estilo de los de Zimbabue?

R. Es concebible, pero poco probable. La propiedad de la tierra es una cuestión emocional, tan emocional en Suráfrica como en Zimbabue; pero en los círculos del Gobierno surafricano no existe nada semejante al desprecio por el imperio de la ley que predomina en el Zimbabue de Mugabe".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 30 de noviembre de 2002