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VISTO / OÍDO

Antropófagos

El Mundo mantiene desde hace tiempo una campaña masiva (masa de páginas) contra Alierta, que lleva la Telefónica; éste ha despedido al director de ese periódico de su Antena 3 Televisión. Pedro J. Ramírez se queja de la falta de libertad de expresión. A mí me extraña, porque él mismo practica estos cortes, estas secesiones: esta antropofagia. Este verano me llamaron de los cursos de El Escorial, de donde en relación con mis intervenciones del año pasado estaba ignorado, para que les ayudara con urgencia a sustituir a Jorge Semprún (me fue y me es entrañable, y un escritor admirado: ya no me habla): participé en una mesa redonda y, cuando me iba, me pidieron que saliera a la terraza para una foto: estaban mis compañeros formados, y cuando me aproximé, el fotógrafo dijo: "No, usted no". Uno de los compañeros aclaró: "Es Eduardo Haro Tecglen". "Pues por eso", respondió el fotógrafo. Era de El Mundo. Se quedaron los tres, hasta ese momento compañeros, para salir y yo me retiré. Luego el fotógrafo se explicó: tenía órdenes. Me lo imaginaba, porque tiempo antes, cuando presenté con Fernán-Gómez las memorias de Bardem, nos hicieron una foto y mi imagen fue cortada. Pensé que esto es ahora así. Tengo otros vetos, otras formas de muerte civil, otros actos o libros míos que se ignoran en los periódicos de Madrid (salvo, quizá, en La Razón), y me dicen en secreto que es porque soy rojo. Claro que lo soy. Otros me dicen que es que "soy de Polanco". Le persiguen desde la famosa conspiración. Habían empezado contra Juan Luis Cebrián, pero algún listo debió pensar que había que trasladarla a Polanco. Qué tontería: ni van a cambiar ni van a estropear su propio periódico. Son invulnerables. Pero yo sí soy vulnerable: reducir la cuestión a mí es estúpido. Sacaron improperios y calumnias, pero decidieron que el silencio es mejor. Esto es normal ahora. Ya me habían expulsado de RNE cuando llegó el "nuevo régimen".

Ahora veo que ya no es así. Lo veo por cómo Pedro Jota se alza contra su despido en Antena 3. Supongo que ya ha pasado el tiempo de las antropofagias: si ellos mismos defienden la libertad de expresión, será porque ya se puede ejercer (¿o está privatizada?) y dejarán en paz a Polanco, a Alierta y, sobre todo, a mí, que soy tan inocentón. Y además, me da igual, aunque prefiero que se sepa. Por informar.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 20 de noviembre de 2002