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Necrológica:NECROLÓGICAS

Josep Montanyès, director del Teatre Lliure y del Institut del Teatre de Barcelona

El actor, director y gestor cultural Josep Montanyès, de 65 años, falleció a las nueve de la mañana de ayer repentinamente en Barcelona a causa de un fallo cardiorrespiratorio que sufrió al poco de sentirse indispuesto, según informó el Teatre Lliure, colectivo del que era el actual director, cargo que compaginaba con la dirección del Institut del Teatre de Barcelona y el de director gerente del Consorcio Ciutat del Teatre. Montanyès, que entre 1994 y 1999 fue presidente de la Asociación de Directores de Escena de España, era una de las personas fundamentales en el panorama actual de las artes escénicas catalanas. Su desaparición supone no sólo un terrible mazazo emocional, sino la pérdida de un personaje esencial en el delicado entramado del sector. Dotado de una gran sensibilidad que solía disfrazar de entrañable rudeza con su poderosa voz, Montanyès, auténtico capataz -en el mejor de los sentidos- del Lliure por su infatigable capacidad de trabajo y su habilidad para la gestión, fue figura clave en la construcción de la nueva sede del colectivo.

Nada hacía prever la muerte repentina de Josep Montanyès, cuyo estado de salud, pese a la enorme tensión que vivió el año pasado con el arranque del nuevo Lliure, era bueno. Montanyès falleció en el interior de la ambulancia que le trasladaba al hospital Clínic.

Actor en medio centenar de espectáculos y director de otros tantos, entre los papeles de Montanyès se encuentran los que hizo en las obras Dansa d'agost, El temps i l'habitació o, el último, Unes polaroids explícites. Nacido en 1937 en el barrio barcelonés de Horta, se inició muy pronto en el mundo del teatro y cursó estudios en la escuela de arte dramático Adrià Gual. En 1964 creó el Grupo de Estudios Teatrales de Horta y en 1974 fundó con Fabià Puigserver y Guillem Jordi Graells la compañía Teatre de l'Escorpí. También tiene una larga trayectoria como realizador de TVE. Su vinculación con el Lliure se inició en 1986, cuando se incorporó como gerente.

Montanyès, aupado a la dirección del Teatre Lliure a causa de diferentes vicisitudes de la historia del colectivo (la muerte de Fabià Puigserver o el enfrentamiento de Lluís Pasqual con el concejal de Cultura, Ferran Mascarell), nunca tuvo un reconocimiento artístico similar al de sus predecesores, pero contaba entre sus virtudes el ser un excelente gestor y un hombre de consenso.

De su dilatada carrera como actor, seguramente preferiría ser recordado como la persona que hizo posible, con su esfuerzo de diálogo durante años con las administraciones, el nuevo Teatre Lliure. Si Puigserver fue el creador del sueño de la nueva sede del colectivo, Montanyès fue el que se encargó de la dura labor de convertir ese sueño en piedra, de materializarlo. Sólo los que siguieron pormenorizadamente el vía crucis que fue la construcción del nuevo Teatre Lliure saben hasta qué punto empeñó sus fuerzas en hacer posible el nuevo teatro. Fue también su habilidad negociadora y su capacidad para el consenso lo que tranquilizó en buena medida al sector teatral, inquieto ante la puesta en marcha de un nuevo gigante escénico como el nuevo Lliure.

Durante ese proceso de años llegó sin duda a sentirse legitimado para asumir la dirección del colectivo. Pero lo cierto es que muy probablemente Montanyès nunca hubiera sido director del Lliure de no desaparecer otros o renunciar a sus prerrogativas.

Su asunción de la jefatura del Lliure, en enero de 2001, se produjo en un momento convulso por las presiones de las instituciones catalanas para asegurarse un control del colectivo a cambio del gran desembolso de la financiación de la nueva sede. A los pocos meses, en abril, Montanyès dimitió en un acto teñido de dramatismo y en el que la enorme tensión sufrida provocó que le afloraran las lágrimas. Aquella imagen de fragilidad estuvo ayer en el recuerdo de muchos al conocer la noticia de su desaparición. Después, y ante la presión de las administraciones y la opinión pública, que le pidieron que reconsiderara su decisión, Montanyès volvió a hacerse cargo de la dirección del Lliure.

El posibilismo de Montanyès -partidario de abrir a toda costa el teatro- le enfrentó con Lluís Pasqual, partidario de una línea dura en la relación con las administraciones catalanas y de un programa de máximos en cuanto a las ambiciones para la nueva sede.

Pasqual, que no ha pisado aún el nuevo teatro, reprochó a Montanyès 'haber abierto mal el Lliure' nuevo. Ese desencuentro entre dos figuras claves se mantuvo y Montanyès ha muerto sin que se hubiera conseguido restablecer puentes. Las líneas de Montanyès en su breve periodo al frente del nuevo Lliure han pasado por la ampliación de la nómina de artistas, la apertura a la joven creación, la recuperación de clásicos y la inclusión de nuevos géneros.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 11 de noviembre de 2002