LA CRÓNICAColumna
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Abrazadme

Me refugio en el quiosco de delante del Liceo porque por La Rambla baja una horda de fans de Bruce Springsteen, el demagogo de Nebraska. Mientras espero que se alejen, cantando 'la vi pasar con el serrucho en el patio de atrás', miro las portadas de los periódicos. Leo que la novela finalista del Planeta, escrita por Maria de la Pau Janer, es sobre tres mujeres: abuela, madre e hija. Pues vaya noticia. Es como dar la primicia, en portada, de que El Padrino era un mafioso. Todo el mundo lo sabe. Las novelas de mujeres, por definición, siempre tratan de abuela, madre e hija. Lo que me extraña es que el periodista no haya puesto lo que todos intuimos: que una de las tres se desnuda, cada noche, frente al espejo. 'En efecto', me dice el quiosquero, leyéndome los pensamientos, 'no hace falta ser pitonisa para saber que habrá desnudo sensual frente al espejo antes de la página 20'. Le miro. ¡Diría que este hombre clarividente, de guardapolvo azul, es Fernando, uno de los héroes de ficción del siglo XXI! Para comprobarlo, aparto las 20 revistas que hablan de Estopa, las 23 que te descubren cómo tapear en Barcelona y, al final, encuentro El Víbora. Busco la historieta de 'El cuarto poder', escrita y dibujada por los talentosos Carlo y De Carlos. El cuarto poder transcurre en ese quiosco de La Rambla y el quiosquero protagonista, en efecto, es ese hombre que me ha hablado. Le abrazo. Me dice que sus creadores están hoy en el quiosco, como hacen una vez al mes, para inspirarse. Les abrazo y nos vamos a hacer unas consumiciones al bar de al lado. Enseguida noto que Carlo y De Carlos son muy extraños. Dibujan cómics, sí, pero no escuchan a Tom Waits como sería su obligación. Además, en el rato que estoy con ellos no pronuncian ninguna frase del tipo 'Sabina es un trovador urbano y ya tengo entradas para ir a ver actuar a los de la Fundación Toni Manero'. Me explican que los personajes que salen habitualmente en su tira son clientes del quiosco y que cuando les ven allí, tomando notas, sobreactúan. 'Tu personaje es como Makinavaja', le dice Carlo, el guionista, al quiosquero. Y él contesta: 'No sé qué decirte. Más que estar de vuelta, es que soy un torracollons. Y yo creo que esto tiene que ver más con la escuela Bruguera que con Makinavaja'. Flipa, Pirandello.

En una de sus tiras, una empresa de la Generalitat derriba un asilo lleno de fachas para hacer un museo de la memoria

Las historias de Carlo y De Carlos son muy buenas. En una de ellas, Manu Chao es casi un santo que hace imposición de manos y cura. En otra, un habitual del quiosco se hace okupa y deja de comprarse revistas de informática para comprarse El Adelanto. En otra, todo el mundo vive en una hora diferente. 'Ésa conecta con el espíritu del quiosco. La gente te da la brasa, pero no te escucha'. Hay una historia muy divertida, de Carlo, que trata de un hombre que va al videoclub para devolver la película española que ha alquilado ya que es defectuosa. Le explica al encargado que la cinta debe de tener un problema porque todo el mundo dice que el cine español es genial y él ha encontrado el vídeo repugnante. Carlo y De Carlos admiran a Quim Monzó, Julio Camba, Chesterton ('que tanto gustaba a Kafka y a Borges'), Berlanga, Chumy Chúmez y Javier Krahe. 'A la gente le cuesta entender que Monzó y Julio Camba sean a la vez articulistas y humoristas'. A pesar de su juventud, me hablan de Hermano Lobo. 'Allí colaboraron los mejores', suspira Carlo. 'El Perich, Forges, Chumy Chúmez en sus buenas épocas y Gila. Ahora los progres reivindican a Gila (aunque sólo hayan visto un sketch de él), pero no a Chumy Chúmez, porque tuvo su etapa facha. Pero se te llena la boca de barro después de leer a Chumy Chúmez'. De Carlos añade: 'Existe toda la tradición humorística de la picaresca. ¡El Buscón! Y ahora, lo único que se hace es un humor en que el tonto del pueblo se ríe de otro más tonto que él'. Carlo le da la razón: 'Los humoristas siempre van de sobrados. La ingenuidad no está presente en el humor. Son graciosillos de barra de bar. Estamos rodeados por El club de la comedia'. (Nos abrazamos otra vez). 'Arrabal es un superdotado del humor. Pero la gente sólo le conoce porque se emborrachó en la tele y fue a Quién sabe dónde a buscar a su padre. Sacan esa imagen cien veces, pero no Cementerio de automóviles'.

Carlo y De Carlos han pensado muchas veces en trabajar para El Jueves para poder vivir de sus historias. Pero reconocen que serían muy malos haciendo chistes de ese estilo, por mucho que lo intentaran. 'Es un tipo de humor basado en la imitación, para gente joven que ve El informal. Y en nuestras historias sale Franco'. Al oírles decir esto, me viene a la cabeza otra de sus tiras: una empresa de la Generalitat quiere hacer un museo de la memoria. Para construir el museo de la memoria derriban un asilo lleno de fachas. 'Nos dicen que el absurdo no vende, pero cuando dicen 'absurdo' lo engloban todo'.

Carlo y De Carlos están colaborando también en una revista muy buena que se llama La Brasería. La encontrarán en tiendas especializadas de cómic. El día 30 se presenta en la FNAC, o sea que allí estaremos. '¿Por qué hay 10 revistas de hípica y ninguna de humor en los quioscos si descontamos El Jueves?', pregunta De Carlos. 'Hay cuatro', le corrige el quiosquero, 'Mi Amigo el Caballo, sin ir más lejos, es la preferida de los yonquis'.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0018, 18 de octubre de 2002.