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Crítica:POP | A-HA

Vikingos de diseño

Era la primera vez que este trío sueco, cuya carrera ha funcionado siempre mejor en su país y en el mercado británico, visitaba España y ha habido que esperar dos décadas desde su nacimiento para descubrir que aquí también había una pequeña legión oculta de fans de estos románticos vikingos de diseño. Para reforzar su imagen lánguida, el guaperas y extraordinariamente bien conservado -a sus 40 años, parece que estuviera en formol-, el cantante Morten Harket y sus dos socios, el compositor y auténtico líder del grupo Paul Waaktaar y el multiinstrumentista Magne Furuholmen, optaron por una puesta en escena acorde con los tiempos.

En lugar de neones, que hubiera sido lo suyo, en el escenario había cuatro paneles lumínicos de alta tecnología, que lo mismo servían para iluminar que para proyectar abstractas imágenes luminosas. El trío apareció acompañado de una banda de músicos mercenarios en la que destacó la labor de la cantante de apoyo, que ayudó a aquellos gorgoritos agudos a los que la garganta de Morten ya no llega.

A-Ha

Sala La Riviera. Madrid, sábado 5 de Octubre.

La banda arrancó a los compases de Forever not yours y de repente se sintió el aliento de un público que abarrotaba la sala y que muy bien pudiera estar nutrido de la colonia noruega en Madrid. También se sintió desde el principio que el estilo de este grupo tenía una fecha de caducidad que debió de cumplir al menos unos meses de la Expo del 92. Los viejos temas, como I've losing you, Hunting high and low o Sun always shines on TV, con la que cerraron el primer bis, funcionan muy bien en clave de nostalgia, pero lo cierto es que ya no se baila así. Y, en cuanto a los del último y reciente disco del grupo, Lifelines, su interés musical aporta poco a sus pasados tiempos de gloria comercial. Lo mejor, la interpretación del tema que les hizo mundialmente famosos: Take on me. Un tema que, por unos instantes, devolvió a la audiencia a los inocentes y ambiguos años ochenta.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 7 de octubre de 2002