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COLUMNA

Con Aznar

¿Qué sentido tiene en la España de hoy definirse como antifranquista? Hay gente, incluso documentada, que sostiene que ninguno. Como se supone que ya no hay franquistas en acción, que no hay una reivindicación explícita y significativa del régimen dictatorial, aunque de vez en cuando se escuche algún rebuzno, ser antifranquista sería una excentricidad simbólica, un anacronismo simétrico al ser franquista. Tan cascarrabias el uno como el otro. Vicenç Navarro, en su Bienestar insuficiente, democracia incompleta, responde con sustancia a este temerario escaqueo. El premio Anagrama de ensayo de este año es un libro muy recomendable, de arriba abajo y de izquierda a derecha. La mirada histórica, más allá de la erudición, tiene valor como un presente recordado. Y una pregunta pertinente sería: ¿se puede ser demócrata sin ser antifranquista? Tiene toda la razón Navarro cuando señala que la reiterada negativa del partido hoy gobernante a condenar en forma el régimen franquista y el golpe militar que lo estableció es una sombra que debilita 'el surgimiento de una clara cultura y conciencia democráticas'. El disco duro de una sociedad democrática es la memoria activa frente a la suspensión de las conciencias, frente al virus de la indiferencia. Pero hete aquí que se ha producido un giro inesperado y copernicano en ese anestesiado asunto con la súbita irrupción como abanderado en el campo antifranquista del presidente Aznar, aunque tan sólo fuese, por ahora, para denunciar el franquismo del socialismo andaluz. Y así, en campaña, iremos de pueblo en pueblo reforzando la unión antifranquista, justo hasta llegar a Sada, donde es alcalde el senador popular Ramón Ares, autor del fantástico lema Moncho es mucho, que todavía tiene a Franco en una peana del despacho, y allí Don Manuel nos ofrecerá un discurso contra el imperialismo. La opinión progresista lleva varios años intimidada, con alguna excepción de calidad, como Maragall, que será un Joschka Fischer para España, y eso le ha impedido disfrutar del ingenio político desplegado durante la era de Aznar. Muchos le han subestimado, y así les va. De Aznar nunca se podrá decir lo que un irónico observador dijo del político británico Clem Attlee. No, nunca se podrá decir: 'Un taxi vacío se detuvo en la Historia y de él se bajó José María Aznar'.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 28 de septiembre de 2002