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COLUMNA

El chotacabras de Motril

Los romanos lo llamaban caprimulgus, 'ordeñador de cabras', porque le suponían el perverso hábito de robar leche, con su enorme boca, de las ubres de dicho animal. Muy pocas personas han visto este pájaro nocturno, y en cincuenta años de excursiones ornitológicas siempre se me había negado. Ahora lo tenía por fin delante, sorprendido por los faros del coche mientras posaba sobre un carril en plena vega de Motril. El chotacabras nos miró con unos grandes ojos oscuros y aterciopelados. Luego desapareció raudo entre los cañaverales.

No pude por menos de pensar que se trataba de una aparición simbólica.

Hasta ahora la única manera de acceder en coche desde Salobreña a Motril ha sido por la N-340. Pero todo está a punto de cambiar. Un nuevo puente se está levantando sobre el Guadalfeo, no lejos de la playa, y muy pronto una carretera atestada de coches dañará profundamente un ecosistema de extraordinaria riqueza. No deja de ser un sarcasmo que las obras se estén llevando a cabo con el apoyo del FEDER (Fondo Europeo para el Desarrollo Regional), que suele aplicarse a proyectos que no agredan el entorno natural.

El puente de marras está en íntima vinculación con el Plan General de Motril, todavía en fase de informe ambiental. Dicho Plan prevé la recalificación de un millón de metros cuadrados de vega como suelo urbanizable para la construcción de 4.000 viviendas. Y habrá más campos de golf (ya hay uno). Los ecologistas de la Asociación Buxus con quienes he hablado estiman que dicho millón de metros se podría y debería reducir a 400.000. Señalan que, de las 1.000 hectáreas de charcas que antes tenía el delta, las pocas que quedan son imprescindibles, sobre todo como lugares de descanso y comida de aves migratorias.

Por si el delta no tuviera problemas suficientes, ahí están también la proliferación de invernaderos -que van desplazando el tradicional cultivo de la caña de azúcar- y el crecimiento del puerto de Motril, que ya ha dado lugar a la brutal degradación de la playa de la Azucena y pronto se encargará de ocupar más hectáreas de la vega para naves y depósitos.

Los ecologistas, que han tenido un notable éxito con la declaración de la importante Charca de Suárez como zona húmeda protegida, opinan que todo el delta merece ser declarado 'paisaje ecocultural', y así salvarse de la destrucción masiva.

En un reciente anuncio, la consejería dirigida por Fuensanta Coves nos conmina: 'Protege el medio ambiente. Es fácil destruirlo, un reto conservarlo'. En el caso del delta del Guadalfeo, es un reto que debe asumir la misma consejería. Esperemos que se pueda llegar a un inteligente consenso. Si así sucede, el chotacabras y otras muchas especies valiosas podrán seguir encontrando cobijo durante largos años en este lugar tan necesario como bello e histórico.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 17 de septiembre de 2002