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VISTO / OÍDO

Dejadle solo

¡Ya está aquí agosto! Todos éstos se van -ya está el Rey jugando con su barco-, pero dejan aquí legisladores y ejecutores. Y una propuesta: la de que los diputados puedan votar desde sus casas, por Internet. Los diputados no debían existir más que de una manera virtual: ya son meros derviches giroscópicos. Entran en la lista que decide el jefe -el jefe es el partido-, el votante no les conoce y vota por el partido -el partido es el jefe-; tienen obediencia de voto, como jesuitas de la democracia, y en materia de libertad de pensamiento y expresión son los más privados de los españoles. Bastaría con saber las cifras finales y las alianzas posibles cuando no hay mayoría absoluta para decidir las leyes. Votar desde casa es un paso hacia esa solución final, que podría terminar en la desaparición de los diputados reales.

Si se quisiera, se podría conservar una de las misiones del Parlamento: parlar, hablar. Sin necesidad de acudir a él: en un estudio de televisión podrían ir alguna vez los jefes, a veces los portavoces -portan la voz del jefe-, y discutir los asuntos que se consideran absolutos de la nación: trabajo y paro, País Vasco, Iglesia y enseñanza, inflación, escándalos financieros. Pero poco. Sobre todo, sabiendo de antemano el resultado final, como ya lo sabemos ahora, sería académico y bello, y en todo caso marcaría una tendencia para las próximas elecciones de diputados virtuales, y a eso le llamaríamos democracia. Como ahora, pero más barata. Siempre pueden cambiar los ánimos, pese a todo. Véase el caso de Aznar. Le ha pasado como a esos grandes matadores que citan al toro en medio de la plaza y dicen a sus peones: '¡Dejadme solo!'; luego los peones tienen que correr para sacarle de las astas. Aznar gritó '¡Dejadme solo!', y está perdiendo las elecciones. Que estaban tan seguras, tan claras. Ha contratado otra cuadrilla; pero sigue solo. Y las astas están próximas.

Agosto puede ser su peor mes, aunque ya no se deje fotografiar en bermudas, como antes, y eso le hacía perder puntos. Están lanzándose los decretos, está prohibiéndose lo inútil, que es una de esas cosas que pierden a los dictadores, hasta beber alcohol en las calles de Madrid, salvo en las terrazas de los bares (esto a quien daña es a Ruiz-Gallardón, pero ya le han dejado en candidato a alcalde para irle alejando del poder. Temo que en ese partido ha llegado a su límite).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 30 de julio de 2002