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Txapote, condenado en París a 10 años de prisión

Francisco Javier García Gaztelu, Txapote, de 36 años, fue condenado ayer a diez años de prisión por el Tribunal Correccional de París, la máxima pena posible para los delitos de asociación de malhechores, tenencia de armas y documentos falsos de los que había sido acusado. Además, se le prohíbe poner los pies en Francia una vez cumpla la condena. Junto con él fue sentenciado el ciudadano francés Stéphane Robidart, de 42 años, en este caso a seis de prisión.

Txapote dirigió los comandos operativos de ETA durante dos años, desde la detención de su jefe anterior, Francisco Javier Arizcuren Ruiz, Kantauri, hasta su propia caída en manos de la policía francesa, en febrero de 2001. El Tribunal Correccional de París se ha mostrado severo con Txapote, aunque su efecto secundario es el de retrasar la entrega a las autoridades españolas, que habían pedido su extradición, entre otros, por los asesinatos de Gregorio Ordóñez y de Fernando Múgica. Investigaciones más recientes han puesto de relieve que Txapote también puede haber sido el autor material del asesinato del concejal Miguel Ángel Blanco.

Txapote tiene derecho a un recurso y los diez años que le cayeron ayer no son definitivos. Las autoridades españolas podrían pedir su entrega temporal para ser juzgado en España, pero ese trámite carece de toda posibilidad de prosperar hasta que el primer ministro francés firme alguno de los procedimientos de extradición ya tramitados.

Durante el juicio, celebrado hace una semana, Txapote se encaró tanto con el fiscal como con el tribunal. No obstante, lo más interesante de la vista fue la parte referida al ciudadano francés Stéphane Robidart, a quien el fiscal imputó el papel de 'agente de enlace' entre jefes de ETA.

Este acusado sostuvo que él se limitaba a ayudar a los 'refugiados vascos que llegan de América del Sur y buscan trabajo'. Así, según su versión, el 22 de febrero de 2001 almorzaba en un restaurante al aire libre de Anglet (País Vasco francés) con García Gaztelu porque era 'un vasco que volvía de México'. La tesis defensiva del imputado fue destruida por el fiscal con una carta encontrada por la policía y dirigida por Robidart a un jefe de ETA, en la que pedía a la banda terrorista que no usara más su nombre de guerra y que le borraran de todas las agendas. El tribunal le ha condenado por pertenencia a una asociación de malhechores con fines terroristas, confirmando así su vinculación a ETA.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 27 de julio de 2002