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Reportaje:

La depurada industria del hurto y el tirón

Los ladrones, en su mayoría, multirreincidentes, se ceban con los turistas en Ciutat Vella

Con la llegada del verano, las calles de Barcelona se llenan de turistas dispuestos a recorrer la capital catalana y a disfrutar de sus vacaciones. En su agenda seguramente figuran visitas a la Sagrada Familia, a la Rambla, a Montjuïc o al Museo Picasso. Las comisarías no entran en sus planes, pero cada vez son más los que deben visitarlas de forma obligada. Los lugares de interés turístico de la ciudad se llenan de personas que han hecho del hurto su modo de vivir y que ven en el turista una presa fácil. Con la operación verano, el Cuerpo Nacional de Policía, con la colaboración de la Guardia Urbana, aumenta sus efectivos en todas estas zonas para combatir la particular operación turistas de estos carteristas, tironeros o picabolsillos.

'Hay un efecto llamada y cada vez llegan más delincuentes profesionales de otros países'

'El turista tiene todas las ventajas para quienes se dedican al hurto', dice Federico Cabrero, portavoz de la Jefatura Superior de Policía de Cataluña. 'Va despistado, desconoce el medio y el idioma, y suele llevar encima cosas de valor', añade. Y, según un informe de la misma jefatura, el 90% de las víctimas de robos con violencia o intimidación en el distrito de Ciutat Vella son turistas. Según los datos que baraja la policía, en lo que va de año los hurtos -robo en el que no media ni fuerza ni violencia ni intimidación- han aumentando mientras que los robos con violencia tienden a disminuir, lo que para Cabrero tiene una fácil explicación: 'Si el objeto del hurto tiene un valor inferior a 300 euros, éste no está tipificado como delito sino como falta, con lo cual al delincuente sólo se le puede imponer un arresto domiciliario o una multa, pero en la práctica esto casi nunca se cumple'.

Aunque las recomendaciones que reciben los turistas tanto en su país como en España son muy extensas en este aspecto, la práctica demuestra que no son suficientes. El Gobierno de Estados Unidos recomienda a sus ciudadanos, sobre todo a los de edad más avanzada y a los de origen asiático, que anden con mucho cuidado en las proximidades del Museo Picasso, en el Barri Gòtic, en el parque Güell, en la plaza Reial y en Montjuïc. 'Los ladrones suelen trabajar en equipo o en parejas. Una persona distrae a la víctima y las otras se hacen con el botín. Un extraño se aproxima al turista, le pone un mapa en la cara y le pregunta por alguna dirección. También intentan distraerlo tirándole algo encima para mancharle y aprovechar su distracción para hacerse con sus cosas'. Así rezan algunas recomendaciones estadounidenses. Tampoco se olvidan de la técnica del 'buen samaritano'. En este caso el peligro está en la carretera. El turista motorizado no tiene que hacer caso de ninguna persona que pase por su lado en coche y le diga que tiene algún problema con su vehículo, porque si baja para comprobarlo, los ladrones aprovecharán para robarle. La página web que el Gobierno británico dedica a las recomendaciones a los ciudadanos de esta nacionalidad que viajan a España da una definición precisa de los denominados 'piratas de autopistas' (la versión británica de los 'buenos samaritanos' estadounidenses). Además, se advierte a los turistas del Reino Unido para que 'no bajen la guardia en las recepciones de los hoteles, en los aeropuertos, estaciones de trenes y autobuses, en el transporte público, en los aparcamientos e incluso en los supermercados'.

La comisaría que la policía tiene en la estación de metro de plaza de Catalunya es un goteo constante de turistas que van a poner sus denuncias. Dos parejas de franceses salen con cara de perplejidad. Han entrado para saber si allí podían encontrar los objetos perdidos en el metro. 'No sabemos si me han robado la cartera o si la perdí, pero cuando salí del metro ya no la tenía', dice Jacques, de 54 años, quien junto a su mujer y a otra pareja ha venido a Cataluña a pasar una semana de vacaciones.

La mayor concentración de asaltantes de turistas se encuentra en el distrito de Ciutat Vella, y, de ellos, unos 500 son multirreincidentes, según la jefatura. De éstos, en 2000, 150 eran españoles y 268 extranjeros. 'Y la cifra no disminuye, todo lo contrario. Ha aumentado el efecto llamada y cada vez llegan más delincuentes profesionales procedentes de otros países', explica el portavoz de la jefatura.

Aunque la Delegación del Gobierno en Cataluña no ha facilitado cifras absolutas sobre el número de denuncias puestas por ciudadanos extranjeros en Barcelona en 2001, sí ha dado porcentajes. Del total de denuncias puestas por extranjeros en la capital catalana el año pasado, el 49,7% se formalizaron en la zona del Casco Antiguo, las Ramblas y el Barri Gòtic; el 10,9%, en Sagrada Família y paseo de Gràcia; el 6,1%, en Montjuïc y el anillo Olímpico, y el 2,8% en el Puerto Olímpico.

Aparte del aumento de efectivos policiales en las zonas más conflictivas, la operación verano 2002 ha puesto en marcha otras iniciativas para agilizar la tramitación de las denuncias y de los juicios. Las denuncias se pueden hacer por teléfono (902 102 112), por Internet (www.policia.es) -si en el robo no ha habido violencia- y a pie de calle rellenando los impresos (en varios idiomas) que las patrullas llevan consigo. Desde hace poco más de un año también se cuenta con la colaboración de las autoridades judiciales mediante la llamada prueba preconstituida. Esta prueba permite que la víctima ratifique su declaración ante un juez antes de volver a su país.

Falsas denuncias

Ir a una comisaría y poner una falsa denuncia para poder beneficiarse de las indemnizaciones de las pólizas de seguros es una práctica habitual entre los turistas extranjeros. Lo más común es decir que el supuesto delincuente ha utilizado la técnica del tirón o que les han robado el bolso sin enterarse. El portavoz de la Jefatura Superior de Policía de Cataluña, Federico Cabrero, señala que ello es un hecho cierto, paro añade: "Es imposible dar cifras, porque no se puede saber cuántas denuncias son reales y cuántas no". Sin embargo, asegura que en las comisarías "ya los ven venir porque lo primero que piden es el justificante de la denuncia". Sin justificante no hay indemnización. Los veteranos en la atención a denunciantes estiman -sin más evidencias que sus impresiones personales- que fácilmente el 25% de las denuncias son falsas. Pero los turistas extranjeros no son los únicos que emplean esta táctica. Al parecer, algunos turistas autóctonos también se han apuntado a esta práctica. "Muchos no saben que el seguro que han contratado no cubre el hurto o robo sin violencia o intimidación, así que cuando se enteran una vez puesta la denuncia, vuelven y dicen que han tenido un lapsus y que realmente no fue un tirón, sino que el tipo les sacó una navaja", explica Cabrero.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 21 de julio de 2002

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