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Una exposición repasa en San Sebastián la trayectoria pictórica de Rosa Valverde

La Ganbara del Koldo Mitxelena resume su trayectoria en una treintena de piezas

Rosa Valverde (San Sebastián, 1953) entiende la pintura más como literatura que como un ejercicio de estética. 'Es una artista obsesionada por contar', explicó ayer Francisco Javier San Martín, comisario de la exposición que resume los 25 años de trayectoria de esta creadora en la Ganbara del Koldo Mitxelena. La muestra, que se prolongará hasta el próximo 31 de agosto, reúne una treintena de piezas, entre pinturas y cajas, y supone un recorrido exhaustivo por todas las etapas creativas de una artista, ajena a las modas, que hace de cada cuadro un retrato de su vida.

Valverde, hija y hermana de artistas, es la única mujer del grupo vanguardista vasco que marcó las distancias con los artistas del Gaur a mediados de los 70. De hecho, sus inicios no pueden desligarse de su relación con el recientemente fallecido Vicente Ameztoy, con José Llanos o Juan Luis Goenaga. 'Eran tiempos ambiguos y difíciles, la política ponderaba sobre todas las cosas', explica la artista en el catálogo de la exposición. 'Y toda manifestación artística que no tuviera ese tinte político se confundía con un grado supino de frivolidad'.

Pero Valverde apostó por ir contracorriente, tanto en lo ideológico como en lo puramente artístico. 'Frente al predominio del arte abstracto y la experimentación, la obra de Rosa se vuelca sobre algo que no contaba con todos los beneplácitos: la narración', explicó el comisario de la muestra, también profesor de Historia del Arte Contemporáneo en la Universidad del País Vasco. 'Porque está obsesionada por contar, es una artista que emplea la pintura con sentido terapéutico para la vida'. En todo caso, Valverde no hace de sus cuadros relatos lineales, reproduce en cierto modo el mecanismo de la mente humana, su forma de recordar retazos de historias a través de flashbacks.

25 años en rosa es fiel reflejo de estas inquietudes y otras manifestadas por la artista en diferentes momentos de su trayectoria creativa. En la Ganbara aparecen representados tanto sus inicios, de la mano de los mencionados artistas, como su preferencia por las pinturas psicodélicas y de corte surrealista de finales de los setenta, los desarrollos posteriores de su pintura -entre una figuración narrativa y onírica-, hasta sus últimas realizaciones.

En la práctica, todas tienen algo en común: son creaciones que funden arte y vida. ¿Hay mucho de autobiográfico? 'Sí', responde mientras observa uno de sus cuadros. 'En realidad las pinturas son como autorretratos. Al final siempre acabas retratándote en muchas cosas porque aunque quieras escaparte de tí no puedes hacerlo'.

Sin ruptura

En Rosa Valverde no hay así ruptura entre lo que pinta y lo que es o fue. Queda claro por ejemplo en Monja castigada por un poste eléctrico (1977) -la obra más antigua que cuelga de las paredes de esta sala- una singular 'venganza contra las religiosas con las que estudió de niña. O en La bola de cristal, una pieza en la que se muestra a sí misma en un lugar de refugio infantil, cerca del caserío Ayalde, donde vivía con sus padres.

Valverde explora con su pintura su mundo interior pasado y presente, su relación íntima con la naturaleza, y rememora su infancia como época dorada y de la inocencia. En los últimos años ha compaginado su actividad como artista con la pedagógica con niños en el campo de la experimentación plástica. Pues bien, ambas vertientes se unen en esta exposición como queda patente en Como Sara Azurmendi, una obra creada a partir de los intentos de una alumna suya por retratarla.

La exposición no refleja el trabajo desarrollado por la artista en obra gráfica o en ilustraciones. Pero sí incluye cajas con regusto kitsch, en las que compone escenas de contrastes con objetos variados, desde pajaritos de plástico a láminas decimonónicas, trozos de musgo o cajas de perfumes. 'Son mitad teatrillo, mitad escaparate donde Rosa liga el arte y la vida', explicó el comisario de la muestra.

La artista participó en la presentación de 25 años en rosa, pero apenas habló. Sólo para afirmar: 'La exposición da carpetazo a 25 años de mi vida de la manera más digna posible. Se cierra aquí una etapa muy bonita, a veces muy dura, en la que la pintura me ha salvado'. Valverde, que siempre ha ido contracorriente, trabaja ahora en una pintura 'menos dispersa, con menos narrativa y más figurativa todavía'.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 17 de julio de 2002