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COYUNTURA INTERNACIONAL

Entre el cielo y el suelo

El año 2002 no empezó mal para EE UU. Tras una suave recesión, la actividad empezó a mostrar los primeros síntomas de recuperación. El PIB creció un 6,1% en tasa trimestral anualizada, mientras el consumo permanecía fuerte y las expectativas empresariales mejoraban. Todo apuntaba hacia una recuperación de la actividad que en 2003 llevaría a EE UU a crecer a tasas próximas a su potencial. Y, de momento, poco ha cambiado en las perspectivas macroeconómicas.

No obstante, ya a las puertas del verano, se observa día a día cómo el pesimismo sigue presente en los mercados internacionales. Los precios bursátiles, afectados por nuevos escándalos contables, continúan su descenso en busca de nuevos soportes. La consecuente intensificación del efecto refugio en la deuda pública ha generado una caída de las rentabilidades en todos los plazos. En esta línea, cada vez se retrasa más el inicio del ciclo alcista de tipos de interés por parte de la Reserva Federal, y ya son pocos los que esperan alguna subida antes de fin de año. La depreciación del dólar refleja así la pérdida de confianza en EE UU por los inversores internacionales.

La recuperación de la confianza de los inversores, clave para que las perspectivas sobre EE UU no se deterioren

Llegados a este punto, cuanto más se dilate esta situación en el tiempo, mayor será la posibilidad de que la economía termine inmersa en un círculo vicioso, donde los continuados desplomes bursátiles acabarían deteriorando las expectativas de crecimiento. Así, el efecto riqueza negativo derivado de la menor riqueza financiera de las familias comportaría un mayor ajuste del consumo en 2003. Del mismo modo, la elevación del coste de uso del capital y la consiguiente postergación de los planes de inversión podría suponer un freno a la creación de empleo, lo que deterioraría aún más las perspectivas de crecimiento, aumentando el pesimismo actual. En este contexto, la presión a la baja sobre el dólar sería mayor, produciéndose un ajuste brusco del déficit por cuenta corriente.

Con todo y pese a que el tiempo juega en contra, no parece que éste sea el escenario más probable. En la medida en que se disipen las incertidumbres existentes, respaldado por la confirmación de unas perspectivas de crecimiento favorables, la prima de riesgo en los mercados se reducirá y se recuperará la confianza perdida en la economía de EE UU y en su capacidad de generar rentabilidades mayores. Para ello es necesario una evolución positiva de los beneficios que, unida a la creación de un marco regulatorio creíble para el control y supervisión de la actividad empresarial, aporten seguridad a los inversores. El mantenimiento de unas perspectivas de crecimiento de la productividad favorables, y la contención observada en los costes laborales unitarios, que se han desacelerado notablemente, harán el resto.

Montse Martínez es economista del Servicio de Estudios del BBVA.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 14 de julio de 2002