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Necrológica:NECROLÓGICAS

En la muerte de María Massip

La actriz María Massip, fallecida prematuramente tras una dura enfermedad, fue una de las voces más bellas y expresivas del doblaje en España, ese arte oscuro que se cultiva en la oscuridad de la sala de grabación y que rara vez obtiene el merecimiento que en ocasiones merece. Su timbre inconfundible, la ductilidad en la composición de los personajes, su perfecta dicción, la fuerza dramática o el humor que imprimía a esas interpretaciones habladas, reaparecen continuamente en las reposiciones televisivas de los cientos de películas y las series que dobló. Fue la voz de Ingrid Bergman en Casablanca. Barbra Streissand, Glenn Close, Rita Hayworth, Sofía Loren, Lauren Bacall, Romy Schneider, Jeanne Moreau, Glenda Jackson y muchas más hablaron en español gracias a la inteligencia y la sensibilidad de esta hermosa actriz de poderosa y penetrante mirada. Los directores de doblaje se rifaban a María Massip, cuya voz podía pasar de la ternura de las escenas amorosas, al desenfado de la comicidad o al cinismo de las mujeres más peligrosas.Pero sería injusto limitar el recuerdo de María al campo del doblaje, en el que fue una reina secreta, una diosa con el rostro oculto. Comenzó su carrera de actriz en los años sesenta y protagonizó obras inolvidables de los mejores autores del mundo. En el teatro dio vida a personajes de Lauro Olmo (La camisa), sor Juana Inés de la Cruz (Los empeños de una casa) o Carlo Goldoni (Arlequín, servidor de dos amos). Más espectacular fue su trabajo en TVE, en aquellos años gloriosos de Novela, Estudio 1, Hora Once, etcétera. María Massip fue una de las caras más conocidas de los setenta. Son especialmente memorables sus interpretaciones en Deseo bajo los olmos de O'Neill, Anna Karenina y Resurrección de Tolstói, La gaviota y Tío Vania de Chéjov, La dama duende de Lope de Vega, Liliom de Ferenc Molnar, La Anunciación a María de Paul Claudel, o El amante complaciente de Graham Greene. Trabajó también con Ibáñez Serrador en Historias para no dormir, con Marsillach en Fernández Punto y Coma, con Garci en Historias del otro lado y con Josefina Molina en Teresa de Jesús. En 1993 tuve el honor de dirigirla en El fiel guardián de Jesús Martínez León, en la que hizo un trabajo maravilloso.

Quedan también en el recuerdo sus excelentes interpretaciones cinematográficas en El juego de la oca, Del amor y otras soledades, En septiembre, Canción de cuna, La herida luminosa y El abuelo, y sobre todas ellas aquella lista, secreta, endurecida criadita de la estupenda comedia de la transición Colorín, colorado, que escribió y produjo su marido, mi muy querido Juan Miguel Lamet. A él, y a sus hijos, Manuel y María, van dedicadas estas líneas escritas desde el más intenso dolor.-

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 11 de julio de 2002