Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Mundial 2002

Interés general, beneficio privado

Una de las novedades del Mundial ha sido su tratamiento televisivo. Condenada por su presupuesto, TVE no retransmitió el evento y dejó que Antena-3 y Via Digital se llevaran el gato al agua. Aunque se trataba de un gato tóxico, ya que queda la duda de cómo puede asumir una cadena privada una inversión de este calibre que, además, le ha quitado para siempre su condición de interés general al fútbol, subastado por una FIFA que, ávida de dólares, prefirió venderse al mejor postor y no atender ofertas de mayor influencia. Antena-3 empezó el Mundial con una euforia lógica, producto de la novedad. El hecho de que, en la primera fase, sólo emitiera en directo los partidos de la selección española (además del de apertura y alguno más) y la demencial diferencia horaria dificultaron la fidelización de los hinchas, que también tuvieron que cambiar de hábitos y que, en la última fase, tuvieron la suerte de recuperar cierta normalidad. Sólo los abonados a Via Digital pudieron seguir todos los partidos y a Antena-3 le quedó el plato fuerte de la selección de Camacho. La diferencia horaria hizo el resto: seguir los partidos y resúmenes noctámbulos requería de una disposición de tiempo minoritaria. El fenómeno sociológico más interesante ha sido la recuperación del bar con televisión para ver partidos a horas intempestivas. En las grandes ciudades, eso ha generado bulliciosas reuniones en las que se mezclaban canallas de after-hours, emigrantes pendientes de su selección y sospechosos intentando escaquearse en horas de trabajo y pidiendo Coronitas a las nueve de la mañana como si de cafés con leche se tratase.

Así las cosas, Antena-3 apostó por lo más lógico: los resúmenes comentados y unos espacios previos a los partidos en los que se recuperaba la tertulia futbolera, algo a lo que TVE lleva tiempo renunciando. Repitiendo el modelo popularizado por José Maria García, cuya ausencia ha permitido a la SER instaurar su hegemonía en el sector radiofónico, se reúne a técnicos y ex-jugadores y se comenta la jugada incluso cuando no la hay. Mientras dura el partido, los comentarios contribuyen a crear opinión. Una hora antes del partido, es otro cantar. Confiando en la profesionalidad de Olga Viza y J.J Santos en el lugar de los hechos y de Matías Prats y Manu Carreño en Madrid, Antena-3 ha ido creando un soporte teórico a través de comentaristas como, entre otros, Del Bosque, Luis Aragonés, Joaquín Caparrós, Maceda, Víctor Muñoz y un grupo de corresponsales grandilocuentes. Pero el gran fichaje ha sido, sin duda, Juanma Lillo. Los comentarios de este técnico, inducidos por un Manu Carreño que supo estar en su sitio, desbancan al mismísimo Míchel y sitúan a Lillo en la cima de la retórica científico-futbolística con unos análisis que, lo confieso, me resultaban tan fascinantes como incomprensibles. Lillo será, a partir de ahora, un superhéroe de la labia al que, sin acritud, deberíamos llamar Prosopopeye.

El mero hecho de ver los partidos con comentaristas diferentes a los del equipo retransmisor habitual supone una regeneración saludable. Sobre gustos no hay nada escrito, y aunque hay quien opina que, desde la independencia de lo privado, se ha abusado de patrioterismo, me temo que esta tendencia ha inundado buena parte del planeta mediático. El que esté libre de pasodoblismo que tire la primera piedra. Los resúmenes y entrevistas de la primera fase tuvieron a Camacho como estrella y se fraguaron en este clima de serena cordialidad que Olga Viza sabe crear a su alrededor. Una Viza que, a medida que transcurrían los días, parecía interesarse más por el destino del perrito Camachín que por los avatares de nuestra armada vencible, quizás porque su intuición le llevaba a agarrarse a una modesta certeza emocional para poder soportar el varapalo colectivo. La realización ha sido de alto nivel aunque menos flexible y con menos matices que las que suelen darnos Canal+ o TV3. Las repeticiones, los ángulos de enfoque, toda la parafernalia que convierte en privilegiado al tele-espectador ha funcionado. En cuanto a los comentarios, obvios y reiterativos, siempre nos queda la posibilidad de quitar el sonido y escuchar la radio, tan superior en matices que incluso los goles se cantaban un segundo antes.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 2 de julio de 2002