_
_
_
_
Columna
Artículos estrictamente de opinión que responden al estilo propio del autor. Estos textos de opinión han de basarse en datos verificados y ser respetuosos con las personas aunque se critiquen sus actos. Todas las columnas de opinión de personas ajenas a la Redacción de EL PAÍS llevarán, tras la última línea, un pie de autor —por conocido que éste sea— donde se indique el cargo, título, militancia política (en su caso) u ocupación principal, o la que esté o estuvo relacionada con el tema abordado

Verano

Ya estamos todos aquí de nuevo. La arena cruje bajo el sol despiadado, las islas Medas tiemblan detrás de una cortina de vidrio, los pinos se retuercen en su grieta roqueña. A mi alrededor hablan en holandés, catalán, francés, español, alemán, para decir lo mismo, que el agua está helada, que te pongas crema, que cómo quema la arena. Cada año igual, como los girasoles. Llegan grupos de jóvenes dinámicos, ellos con el calzón por la rodilla, ellas con un dos piezas aún más sucinto que el del año pasado. Unos menguan, otras crecen. Van hacia el agua y ellos las empujan. Chillidos, risas, tiernos insultos. Cada año igual. Figuras eternas, escenas esculpidas en la dura materia del tiempo, imperecederas. Y la más clásica, la que conmueve más profundamente, la de esas criaturas en perpetua agitación, corriendo como ardillas, y en constante súplica: '¡Mamá, mírame!'. En todos los idiomas del planeta. Abre las carnes, tanta fragilidad.

Trotan torpemente hacia el mar, pero antes de zambullirse como ranas vuelven la cabeza: '¡Mamá, mírame!'. Cavan un pozo, hacen volatines, se ponen los pies de pato: '¡Mamá, mírame!'. Las madres, hermosas y adormiladas, condescienden, miran con un gesto entre escéptico y burlón: 'Que ya te veo...'. Y luego suspiran.

Imagino que algún dentista, tras acabar un delicado empaste, se dirá a sí mismo: '¡Mamá, mírame!'. Y los políticos, cuando salen en una foto junto a jefes de Estado; y los futbolistas, y todo quisque. Desde luego, sé de muchos escritores que al concluir una página inmortal se dicen: '¡Mamá, mírame!'. Y suelen ser huérfanos, o su madre se fugó a un país brumoso donde el verano dura un día. No importa, buscaremos desesperadamente esa mirada toda la vida pidiendo permiso para poner empastes, firmar decretos, concluir páginas inmortales, para seguir viviendo. Así, imagino yo, buscan los desmesurados ojos de las vírgenes andaluzas sus devotos, temerosos de perder la vida ante una virgen ciega: '¡Mírame, soy tan frágil...!'. Esa necesidad, esa dolorosa necesidad...

Que me perdone el Defensor del Lector, pero debo concluir esta columna playera honradamente: 'Estés en donde estés, ¡mamá, mírame!'.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_