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Opinión | Mundial 2002 | España, la primera clasificada

Blancos juegan y ganan

De oca en oca, de 3-1 en 3-1 y con un último gol de penalti porque toca en cada partido, la selección española ha sido la primera del torneo en plantarse en la casilla de los octavos de final. La clasificación invita a mantener la posición de comodidad, por no decir de suficiencia, que se viene observando desde la inauguración. Parece como si España no estuviera metida en el fregado, sino que, por una vez, se la viera expectante, contemplativa, mirando de soslayo a sus rivales, enredados en su mayoría en la clasificación. Francia está sufriendo que no veas, Brasil hace trampas, mejor no hablar de Portugal, Alemania tampoco parece nada del otro mundo, con Italia ya se sabe que si por mala suerte te toca mal asunto, Inglaterra seduce aunque no intimida y queda Argentina, pero va por el otro lado del cuadro, así que igual se cruza con otro mal adversario como fue ayer Inglaterra y no pasa el corte.

El marcador ayuda a frotarse las manos y a aguardar partidos de verdad como ese Inglaterra-Argentina para más adelante. El juego es ya otra cosa. En un torneo corto como el Mundial, en cualquier caso, no siempre gana el que mejor fútbol hace, sino el que mejor está o tiene a los jugadores en su punto. Al cuadro de Camacho se le ven deficiencias importantes y que desde hace tiempo se repiten de manera preocupante. Le falta autoridad futbolística, una mejor organización del juego, un punto de velocidad que no de fondo y hasta, si se quiere, sentido de equipo. Los partidos son cambiantes, con paisajes buenos y malos, difícilmente regulares. Le cuesta funcionar como equipo porque tarda en coger el sitio en la cancha: los centrales se comen los pases, un lateral sube y el otro se queda, los medios no saben cómo repartirse la divisoria, no hay manera de dar con un volante derecho mientras no salga Joaquín y los puntas revolotean más que juegan. Ocurre, sin embargo, que hasta el momento el seleccionador siempre dio con la tecla correctora y la máquina se puso en marcha porque tiene futbolistas. Tanto frente a Eslovenia como contra Paraguay, ya fuera por la vía física o la talentosa, desde el orden o el desorden, encontró la portería contraria. A falta de un jugador que le dé personalidad, la grandeza de la selección está en su variedad, en la riqueza de sus futbolistas, en su capacidad para sacar los partidos adelante, y bien podría decirse que también en su colorido si no fuera porque comienza a extenderse la sensación de que es sobre todo blanca.

Ya se sabe que Valerón y Tristán son la conexión del Deportivo y que De Pedro lleva la zamarra de la Real Sociedad. Un partido y otro, sin embargo, están unidos por el penalti de Hierro, la felinidad de Casillas, la racionalidad que provoca en el dibujo la entrada en escena de Helguera y el liderazgo de Raúl, así como el buen momento de Morientes. El peso de los jugadores del Madrid explicaría por qué nadie le ha llevado la contraria a un equipo español que afronta una situación novedosa en el torneo: ha pasado de contar los goles que necesitaba para clasificase a aguardar rival para los octavos, tal que fuera el rey del mundo como el Madrid es el rey de Europa, uno reflejo de otro. El problema es que en la portería rival no siempre estará Chilavert, al que para batirle no hace falta ser del Real o de la Real.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 8 de junio de 2002