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Crítica:FESTIVAL DE TEATRO DE SITGES

Station House Opera sorprende el primer día con un ingenioso montaje

Si el primer día del Festival de Teatro de Sitges tiene que servir para establecer la tónica de lo que ha de ser la programación, lo que está claro es que la búsqueda de las últimas tendencias nos llevará tanto por el terreno de las curiosidades como de los experimentos. De hermosísimo experimento hay que calificar el trabajo de Mal Pelo, Atrás los ojos, mientras que a Roadmetal sweetbread, de los británicos Station House Opera, hay que definirlo como estupenda curiosidad, una especie de Georges Méliès al revés, con casi un siglo de distancia. L'enfonsament del Titànic hizo vibrar un texto de una potencia abrumadora, el Titànic como metáfora de un mundo que zozobra.

Sitges empezó bien, con una perla escénica de rara belleza. Un espectáculo de Mal Pelo en el que María Muñoz hace una clara demostración de su madurez como bailarina y creadora. Atrás los ojos no es exactamente un espectáculo de danza contemporánea. Incluye también textos -de John Berger y propios- que la intérprete recita con la naturalidad que le permite el micrófono. Textos entre filosóficos y poéticos que hablan sobre el hombre en su relación con los animales, sobre el hombre y la pérdida de su conciencia animal, o sobre el hombre y su inevitable animalidad. E incluye, además, el pase de vídeos, uno de ellos bellísimo, en el que una manada de hienas acosa a un pequeño rinoceronte que es defendido por su madre; en otros se muestran, como contrapunto, actos de violencia en el que el hombre ataca al hombre o el nacimiento de un bebé. Desmenuzado así en sus partes, es imposible definir las sensaciones que Mal Pelo logra transmitir con su espectáculo. Lo cierto es que María Muñoz, codirigida por Pep Ramis y acompañada por el músico Steve Noble, ha construido un solo breve pero de enorme intensidad poética que debería tener acceso a un público no minoritario. Un espectáculo especialmente adecuado para la nueva etapa de la vieja sede del Teatre Lliure, por ejemplo.

Por su parte, Sue Hart y Julian Maynard Smith, integrantes de la Station House Opera, llegaron hace nueve días a Sitges para preparar su espectáculo. A lo largo de estos días han grabado en vídeo a los que serán sus dobles en escena y con los que interactúan, de forma ingeniosísima, a lo largo de más de una hora. De hecho, lo primero que ve el público en pantalla es a un personaje sentado en el bar de un hotel de Sitges. El personaje se levanta de su asiento, sale del hotel, pasea por las calles, hasta llegar frente al teatro donde se presenta, precisamente, Roadmetal sweetbread. El actor de la pantalla entra en el teatro y, en el preciso momento en que lo hace, entra también el actor real en la sala. A partir de ese momento, el actor virtual y el real, y sus respectivas compañeras, iniciarán un juego de apariciones y desapariciones sincrónicas que recuerdan los trucos cinematográficos del mejor Méliès. Es un espectáculo de clowns más irónico que cómico y, tal vez, demasiado pendiente del virtuosismo técnico que supone hacer que las filmaciones y los actores de carne y hueso actúen al unísono. Faltaría, tal vez, una dramaturgia algo más elaborada, pero es un espectáculo digno de ser visto en un festival en el que uno de los ejes es la incorporación de la tecnología al teatro.

Naufragio histórico

El último de los espectáculos presentados el viernes por la noche fue L'enfonsament del Titànic, de Hans Magnus Enzensberger, un texto no concebido para el teatro sobre el que el director Rafel Duran ha construido una dramaturgia. Es un trabajo interesante por el contenido del extenso poema de Enzensberger, en el que el Titànic se convierte en una metáfora del siglo XX, un siglo que se ha hundido dejando atrás un amplio rastro con víctimas de un naufragio histórico. Duran, secundado por los actores Xavi Morte, Asun Planas, Philip Rogers, Òscar Intente y Joaquim Alfaro, crean un espectáculo en que la plástica tiende a lo conceptual en un espacio presidido por la palabra iceberg escrita en poderosas mayúsculas de hielo.

Jan Fabre y Malqueridas

El espectáculo de Jan Fabre, My movements are alone like streetdogs (2, 3 y 4 de junio), es uno de los que más expectación han despertado en el Festival de Teatro de Sitges. Fabre, entre la danza contemporánea y las artes plásticas, es uno de los creadores más contundentes de la danza última europea: provocador, renovador y heterodoxo. Erna Omarsdottir, que interpreta en solitario la obra de Fabre, explicó que, tras más de 100 funciones, todavía es un reto para ella. 'Es un trabajo extremo y el público sale tocado, algunos odiándolo, otros adorándolo. Es un proceso en el que de lo que se trata es de rebasar los límites: cuando más agotada estoy, más fuerza, más energía desprendo'. Bajo perros disecados que cuelgan del techo, la bailarina se convulsiona desarticulada. 'En cierto modo, lo que se compara es al artista con un perro abandonado. Un artista obligado a demostrar constantemente lo que vale para ser querido'. También hoy se presenta Salomé, de Las Malqueridas (2 y 3 de junio), un solo en el que se unen teatro y danza y en el que han colaborado la directora teatral Yvette Vigatà y la coreógrafa y bailarina Lipi Hernández. 'De la obra de Wilde nos centramos en Salomé porque es un solo y porque nos han interesado los espacios oscuros del personaje', ha explicado Hernández.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 2 de junio de 2002

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