Entrevista:Sergio Caballero | NOTICIAS DE ARTE

'Me interesa más la actitud que el arte'

Pocos artistas pueden presumir de crear tanta expectación como la que genera cada año Sergio Caballero (Barcelona, 1966) con la imagen del Sónar, el Festival de Música Avanzada y Arte Multimedia que celebra su novena edición del 13 al 15 en Barcelona. La de este año, protagonizada por Maradona, casi supera la de 1997, cuando los protagonistas fueron los padres de los tres organizadores del festival. Son imágenes que van más allá de la publicidad o el diseño, obras realizadas por un creador con una larga trayectoria en la que no faltan exposiciones -la más sonada fue la instalación que presentó en 1993 en la Sala Montcada en la que el vídeo había que verlo a través del agujero del culo de un cerdo disecado-, grupos de música experimental como Jumo o de 'terrorismo plástico' como Los Rinos, entre otras múltiples actividades.

PREGUNTA. En sus primeros trabajos, a finales de los ochenta, cogía cuadros de otra gente y los volvía a firmar y datar, ¿era una crítica al autor?

RESPUESTA. Era la historia del apropiacionismo. Lo de firmar los cuadros de otros era una anécdota porque lo importante era la pieza. Hacía un ensamblaje de cuadros que había escogido y trabajaba con estas imágenes dándoles la vuelta. Un poco es la misma idea de la música con el sampler, o del collage. Es coger muestras de cosas y darles otra forma, que en mi caso siempre tiene un punto irónico. Pero respecto al tema del autor yo no soy mucho de conceptos ni me interesan los grandes discursos del mundo del arte.

P. ¿Por qué lo dejó?

R. Me aburría. Me cansé del tema, me daban pereza los circuitos de las galerías, las fundaciones, los críticos. Todo tenía un cierto aire a moho. Lo dejé y al poco comenzamos con el Sónar. Llegas a más gente, no hay ningún tipo de trabas y no dependes del mercado artístico. Está bien porque vendes un producto con una imagen que no tiene nada que ver con él.

P. ¿Cuándo entró el sampler en su vida?

R. Hacia 1984 o 1985. Llevaba unos años estudiando música clásica y buscaba otras cosas, pero la única solución que te daban era el jazz. Después de intentarlo vi que era un mundo tan pureta como el de la clásica. Yo estaba escuchando Suicide y cosas de esta onda. Así que en lugar de comprarme un piano me compré un sampler. La electrónica tiene la ventaja de que te facilita el trabajo, porque es más fácil y ágil el poder materializar lo que quieres.

P. Esta visión del arte como algo abierto a muchas disciplinas viene de lejos, pero ahora parece que ha crecido.

R. Creo que hay como bolsas de pensamiento en la vida con las que conectas para bajarte información. Siempre están ahí, pero son ciclos. Hay creadores del pasado, como Picabia, por ejemplo, con los que conectas por múltiples razones y aunque el resultado de lo que tú haces es muy diferente formalmente, la actitud es la misma. Y me interesa más la actitud que el arte. Lo importante es lo que haces, cómo te mueves en la vida, cómo funcionas. Es una voluntad de creación, una inquietud. Y no dejar que te digan lo que hay que hacer, sino seguir tu intuición. Si lo haces desde una perspectiva sincera contigo mismo, sin miedos, puedes hacer cosas.

P. ¿Qué opina de lo que ve ahora en arte?

R. Bueno, hay cosas patéticas como lo que hace Ana Laura Aláez, y hay otra gente que sí que me interesa, como algunos británicos como Jake and Dinos Chapman o los suizos Peter Fischli/David Weiss.

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 31 de mayo de 2002.

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