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COLUMNA

¡Oh Dio, la Chiesa...!

El pasado día 28 de cumplieron los siete años de gobierno del PP en nuestra Comunidad. Zaplana publicó en estas páginas un artículo en el que nos expuso los grandes logros obtenidos gracias a su gestión y de qué manera había conseguido 'devolver a la sociedad valenciana la autoestima y la confianza en las propias potencialidades'. ¡Loado sea Dios! La verdad es que nunca, en mi ya larga vida (74 tacos) me había sentido tan autoestimado como valenciano. Nos enumera el presidente los objetivos alcanzados, haciendo hincapié en las grandes realizaciones 'lúdico-culturales', y nos anuncia que otras 'reivindicaciones seculares', como el AVE o el Plan Hidrológico, tienen fecha de culminación prevista. ¿Y cuál es esa fecha? Todo eso está muy bien y Dios le pague con creces al presidente Zaplana los bienes que nos ha proporcionado con su gestión al frente del Gobierno valenciano. Sucede sin embargo que en la enumeración de sus logros echo en falta aquel del cual, según nos dijo una vez, se sentía más orgulloso: haber acabado con el 'conflicto lingüístico' mediante la creación de la Acadèmia Valenciana de la Llengua. ¿Cómo en este balance de éxitos ha podido olvidarse de lo que vendría a ser la joya de la Corona? ¿No será que el invento ha fallado y el conflicto continúa, no en la calle, porque el vecindario se ha cansado de que le tomen el pelo con lo de la lengua, sino en la propia institución que había de terminar con el mismo, según estamos viendo? Y una anécdota divertida para terminar: parece ser que el funcionario de la Diputación Carles Recio pidió a los alcaldes del PP que no acudiesen a un acto en homenaje a los Borja que se celebró en Barcelona porque se iba a incluir a los papas valencianos dentro de la cultura catalana. ¡Hombre!, eso decían los romanos de la época cuando exclamaban aquello de '¡Oh Dio, la Chiesa in mani di catalani!', al ver la invasión borgiana que se apoderaba del Vaticano. ¿Por qué lo dirían? ¿Quien les engañó, si los Borja eran valencianos? ¿No había por allí ningún blavero que les abriese los ojos? En fin...

fburguera@inves.es

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 31 de mayo de 2002