Auge de la ortodoncia entre los adultos

Los mayores de 20 años con correctores dentales representan ya el 30% en algunas consultas

El aparato de ortodoncia forma parte de los rituales de la infancia y la adolescencia. Su imagen está asociada al crecimiento, ya que es en las primeras edades cuando es posible corregir no sólo la posición de los dientes, sino también las deformidades de los huesos maxilar y la mandíbula.

Sin embargo, algo ha cambiado en los últimos años. Como un moderno Peter Pan, Tom Cruise parece haber rejuvenecido aún más su sonrisa de eterno adolescente desde que adorna su dentadura de ganador con un diminuto e infantil aparato corrector; por su parte, Betty la Fea ha revelado por fin a los telespectadores que en realidad era bella: la transformación se ha producido cuando, además de eliminar las gruesas gafas que llevaba, ha finalizado su tratamiento de ortodoncia. No hay duda de que los adultos están sucumbiendo al magnetismo de la sonrisa perfecta y de que las fronteras de la edad también se han desmoronado en este campo. Como Betty la Fea, todos quieren dejar salir al exterior su belleza interior.

Dentro de ciertos límites, la ortodoncia puede hacerse a cualquier edad
Es excepcional que se rechace el tratamiento por el mero aspecto estético de los aparatos

Las motivaciones estéticas han dejado de ser inconfesables y la demanda de los adultos ha crecido de forma espectacular. En algunas consultas el porcentaje de pacientes de más de 20 años alcanza ya el 30% y tiende a aumentar. Aunque lo idóneo es que se realice en niños y adolescentes, 'hoy, dentro de ciertos límites, puede hacerse a cualquier edad, gracias a los recientes avances clínicos y tecnológicos', siempre que 'el paciente conserve parte de la dentadura y la mantenga razonablemente sana'. En ocasiones, cuando el problema es acentuado, se precisa la colaboración de la cirugía. 'Personalmente, el paciente de mayor edad que he tratado tenía 69 años', afirma el reconocido especialista en ortodoncia Juan Canut. Pionero en este campo, por su consulta madrileña han pasado ya diversas generaciones de pacientes.

'Esta evolución es lógica si recordamos que tres de cada cinco niños presentan alteraciones bucales que pueden corregirse. Ciertamente, hace unos años llevar aparatos era una excepción mientras que ahora este tratamiento no es privativo de ningún sector de la población: todas las familias están sensibilizadas y demandan el correctivo si lo necesitan. No se debe infravalorar, además, el refuerzo de la autoestima en niños y adultos que genera una mejor salud y estética bucales', declara Ramón Xam-mar, médico ortodoncista de Lleida.

Xam-mar destaca que el espectacular incremento de la demanda no se puede disociar de 'la aparición de centros especializados en ortodoncia en la mayoría de las poblaciones, mientras que antes los especialistas se concentraban en las grandes ciudades'. Tampoco se puede desdeñar en esta mayor demanda 'la incorporación de materiales muy avanzados desde el punto de vista tecnológico', así como una nueva concepción de la ortodoncia que busca 'el máximo beneficio para el paciente con un menor esfuerzo, mediante el uso de aparatos más cómodos y estéticos', señala.

Modelando con sus manos esos huesos en formación, el ortodoncista puede llegar a sentirse un pequeño dios capaz de hacer milagros, aunque en esa transformación no haya más secretos que el empleo adecuado de la técnica. A fin de cuentas, el objetivo de la ortodoncia es 'conseguir un correcto alineamiento de la dentadura con el fin de masticar bien, mantenerla sana y procurar que dure muchos años', asegura el doctor Canut. 'Y como consecuencia, que luzca más bonita'.

Sin embargo, lo que hasta hace unos años era un efecto se ha convertido en una motivación: el auge del factor estético ha desencadenado una revolución. 'En una sociedad como la actual, una dentadura correcta abre muchas puertas', añade Canut. Esa aspiración late en la mayor parte de los adultos que piden cita con el ortodoncista de manera tardía, conscientes de que tienen una asignatura pendiente con su imagen.

De acuerdo con los datos obtenidos en un primer estudio promovido en 1998 por la Sociedad Española de Ortodoncia, el 3,5% de la población, alrededor de 1.100.000 de personas, seguía un tratamiento de ortodoncia. Por edades, el porcentaje de niños era muy superior al de adultos, no en vano el 7% de la población infantil llevaba aparato. La tendencia ha seguido en aumento, pero 'aún estamos lejos de alcanzar las cifras de países de nuestro entorno', sostiene Ramón Xam-mar. 'Es fundamental un mayor esfuerzo institucional para informar con rigor acerca de los beneficios de esta técnica', agrega el especialista.

Aunque existen aparatos extraíbles, los más utilizados y eficaces son los que se fijan a los dientes para conseguir que 'los movimientos se realicen de forma suave, indolora y continuada'. Para evitar el impacto visual de los primitivos aparatos, los más modernos son cada vez más diminutos, y en muchas ocasiones, totalmente transparentes. Debido a esa mejora, 'es excepcional que se rechace el tratamiento por el mero aspecto estético de los aparatos', agrega Canut.

La publicidad y hasta las líneas de maquillaje se han aprovechado de esta tendencia y han comenzado a mostrar modelos que lucen sobre sus dientes la huella de la ortodoncia, signo de juventud e informalidad. Ahora cualquier producto joven puede ir envuelto en una sonrisa de ortodoncia, sobre todo si se trata de una chica con aspecto de Lolita.

La proporción de mujeres que siguen el tratamiento supera, en todas las edades, a la de los varones. 'En un reciente estudio de ámbito nacional realizado sobre 10.000 pacientes en tratamiento la relación entre niñas y niños menores de 12 años fue del 55% a 45%, mientras que entre pacientes adultos, la proporción de mujeres representó el 62% del total', afirma Ramón Xam-mar. 'Hace unos años la desproporción entre niños y niñas era mayor, pero las cifras tienden a igualarse y ambos sexos muestran ya el mismo interés por la salud y la estética bucales', agrega.

La tendencia aumentará en un futuro, tanto en niños como en adultos. Lo efectos de una dieta excesivamente blanda y ciertos hábitos infantiles que impiden el normal desarrollo de la dentadura incrementan la incidencia de las malformaciones dentarias. 'Los especialistas asumen riesgos a veces complejos, pero también pueden darse errores, ya que no manejan verdades absolutas y no siempre se puede controlar la gran variabilidad de los seres humanos. Uno de los errores más frecuentes se debe a no subrayar la necesidad de que el paciente colabore y esté motivado para obtener éxito en el tratamiento', afirma el doctor Juan Canut. 'Los adultos, a veces, caen en expectativas irreales, imposibles de conseguir. Por eso el profesional debe mostrarse cauto e informar sobre las posibilidades y limitaciones de esta técnica'.

La boca de Ana María Orozco, con su televisiva ortodoncia, en una imagen de la serie <b></b><i>Yo soy Betty, la fea.</i>
La boca de Ana María Orozco, con su televisiva ortodoncia, en una imagen de la serie <b></b><i>Yo soy Betty, la fea.</i>LUIS AZANZA

Aparatos casi invisibles

La clave del éxito radica en los aspectos biológicos y en el conocimiento profundo de los problemas bucales y sus causas. Los aparatos sólo son medios", matiza el médico ortodoncista Ramón Xam-mar. No obstante, gracias a la aparición de materiales cada vez más modernos y sofisticados, empieza a hablarse ya de prótesis "invisibles". Al mismo tiempo que se progresa en esa dirección, crece la aceptación social y hasta la popularidad del aparato corrector. "Actualmente es más atractiva una persona con aparatos durante un tiempo limitado, capaz de reflejar un carácter positivo y una preocupación por solucionar sus problemas, que sufrir unos dientes torcidos toda la vida", puntualiza el doctor Xam-man. Las visitas al ortodoncista se superponen al horario escolar de muchos niños y, en la actualidad, a la agenda laboral de los adultos. Es difícil determinar con exactitud qué tiempo de su vida pasan en la consulta. Un tratamiento medio puede durar dos años o más, y las visitas deben repetirse cada tres o cuatro semanas como promedio. En cuanto a su coste, "es difícil generalizar", advierte Ramón Xam-mar. "Como coste orientativo un tratamiento medio infantil puede oscilar entre 2.000 y 3.000 euros. En los adultos, es algo superior, dependiendo de la necesidad de tratamientos complementarios", explica. Para evitar equívocos o sofocos ante la factura, Xam-mar recuerda que "es muy recomendable informarse del coste total del tratamiento y planificar con la clínica una forma de pago que se adapte a las necesidades del paciente".

* Este artículo apareció en la edición impresa del lunes, 27 de mayo de 2002.

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