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Reportaje:

12 toneladas de caracoles

Más de 200.000 personas han visitado el Aplec del Cargol de Lleida

La ciudad de Lleida ha celebrado durante este fin de semana la 23ª edición del Aplec del Cargol, una fiesta gastronómica y social que atrae multitudes y en la que los 12.000 peñistas que participan consumieron en dos días más de 12 toneladas de caracoles, condimentados de diferentes maneras, 50.000 litros de bebidas alcohólicas y centenares de kilos de butifarra y carne.

Los organizadores calculan que desde el viernes hasta ayer por la noche, más de 200.000 personas visitaron el recinto de los Camps Elisis, donde estaban instaladas las casetas del centenar de peñas inscritas.

La novedad más importante de la edición de este año es que el Aplec había sido declarado fiesta de interés nacional por la Generalitat, una distinción que sin duda contribuirá a divulgar y consolidar un encuentro culinario que tiene como principales protagonistas la música -la mayoría de las peñas ya tienen orquesta o banda propia-, la diversión y, por supuesto, el caracol, que, cocinado a la llauna, en salsa, a la gourmanda, a la cazuela o con arroz, despierta auténticas pasiones entre los comensales, aunque también hay peñas que introducen en sus menús las paellas de pescado.

El Aplec actual, sin embargo, no se parece en casi nada a aquella primera cargolada organizada en 1980 por un grupo de amigos en el Xoperal, en la margen izquierda del río Segre antes de ser canalizado. Con el paso de los años, la fiesta ha crecido hasta alcanzar cifras descomunales y se ha convertido en una de las manifestaciones con mayor arraigo de cuantas se celebran en la zona.

Para muchos leridanos la cita representa el momento más esperado del año y la posibilidad de reencontrarse con familiares o amigos residentes en otras ciudades. La ausencia de incidentes graves, a pesar de la gran cantidad de intoxicaciones etílicas que se registran, ha contribuido al éxito de un acto que ya forma parte de la cultura popular de las comarcas leridanas.

Pero los peñistas no sólo comen y beben hasta atiborrarse, sino que también cantan y bailan hasta la extenuación, especialmente la noche del sábado, que es la que se vive con más intensidad. Antes y después de la cena, las calles del recinto de los Capms Elisis se transformaron en un hormiguero multicolor de personas ataviadas con las prendas distintivas de cada grupo. Los peñistas, de todas las edades y condición social, prácticamente no duermen ya que las sesiones de baile, amenizadas por varias orquestas, no se interrumpen hasta las ocho de la madrugada.

Es a esa hora cuando los participantes que han logrado vencer al sueño y al alcohol, se desplazan hasta el Camp d'Esport, punto de partida de un ruidoso desfile que despierta a los vecinos que duermen. Es característico que éstos les obsequien lanzándoles cubos de agua desde los balcones.

La fiesta, que se complementa con diferentes actividades lúdicas, folclóricas, infantiles y deportivas, también tiene detractores que la consideran chabacana y un mal ejemplo para los más jóvenes, que ya son mayoría dentro de las respectivas peñas.

Otros cuestionan el pretendido interclasismo del acto, ya que no resulta fácil la participación activa en el mismo si no se es miembro de alguna peña. Este año, sin embargo, los visitantes pudieron degustar un rico plato de caracoles por seis euros en el mismo recinto.

Desde hoy los organizadores ya piensan en la próxima edición. Su objetivo es atraer más visitantes de poblaciones de Tarragona y Barcelona. De hecho, este año ya se ha notado un incremento de visitantes de la capital catalana gracias a que hoy es día festivo en muchas zonas del área metropolitana. Los organizadores también esperan que el AVE traiga más personas a la cargolada.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 20 de mayo de 2002