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Entrevista:MANUEL QUIJANO | MANUEL QUIJANO | CANTANTE | CANTANTE | TROTAMUNDOS | TROTAMUNDOS | EL VIAJERO HABITUAL

Sol y 'reggae' en Jamaica

Nueve viajes a Jamaica. Parece que tiene vicio con la isla caribeña.

La verdad es que me enganché la primera vez que estuve, en 1990. En aquella ocasión fui de vacaciones. Y después me ha llevado hasta allí la música, el festival de reggae.

En una de sus canciones habla de 'aquel hotel jamaicano', un paraíso del sexo.

Sí. Es un hotel que no se publicita en ningún catálogo, y al que acuden los pasados de todo. Se llama Hedonism, lo que da idea de a qué se va.

¿Debo suponer que está usted entre los pasados del mundo mundial?

No. Yo me corté muchísimo. Allí había gente educadísima, de todas las edades, dispuesta a practicar el sexo sin tapujos. Señoras y señores que te sugerían hacer tríos, cuartetos y sinfonías completas.

No preguntaré si le convencieron... Hábleme mejor de Kingston, la capital.

Es el lugar donde ves al jamaicano auténtico, al rastafari. En algunos sitios se respira el racismo hacia los blancos, y hay mucha gente con pistola, porque se cometen asesinatos a diario. Sólo si tienes amigos eres respetado. Suerte que teníamos uno que trabajaba para una ONG y era amigo de los Marley.

Con esas credenciales le introduciría en los ambientes más auténticos, ¿no?

Sí. Recuerdo que estuvimos en garitos donde te servían la cena en un banco de madera, bajo las chozas. Tú pedías el pescado o el marisco que te apetecía y ellos salían al mar en ese instante. Volvían con el bicho y te lo mostraban. Si te gustaba, al rato lo tenías en el plato.

¿Probó otros placeres, como la zambullida en las playas?

Son magníficas, sobre todo las de Ocho Ríos. Allí se rodó la película Cocktail, de Tom Cruise. Recuerdo que alquilé una moto de agua y me di una galleta contra las únicas tres rocas que había en medio del agua. Y visité las cataratas del lugar, que me parecieron más pequeñas que en el cine.

Suele pasar. ¿Algún incidente más digno de mención?

Que el autobús que me llevaba de Montego a Negril paraba cada 15 minutos y subían chavales vendiendo marihuana en rama, como si fueran cacahuetes. Y como placer espectacular recuerdo las puestas de sol de Negril, que contemplaba desde un bar situado en una muralla, sobre el acantilado.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 11 de mayo de 2002